Carlos Andrés Pastrán Morales
  •   Managua, Nicaragua  |
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Hoy me siento algo extraño al despertar este día en mi cama, a como es habitual. Hoy siento extraño el aire que respiro siempre, lo siento pesado y triste; hoy será un día complicado. 

Me despierto día a día con la idea de que será un día mejor, un día diferente donde todo será diferente, con personas distintas, que digan cosas distintas y que piensen cosas distintas. Hoy todo es diferente, caprichoso, inusual. 

Me siento extraño al despertar y pensar que todo es diferente. Me alisto y me baño pensando en cosas que no suelo pensar. Pienso en cambios próximos que quizás nunca sucederán. Pienso en personas que ya no están y en sentimientos que siempre perdurarán.

Hoy me siento extraño comiendo mi desayuno. Siempre los mismos huevos revueltos con jamón, pero hoy… hoy saben diferente. Saben a un cambio esperado, a un futuro próximo, no solo mío, sino de los demás también. Se aspira un aire mañanero más fresco, más limpio. Ojalá todo esté bien pronto.

Hoy me siento extraño, haciendo lo que siempre hago. Me inunda un sentimiento podrido y fétido. El mundo se está llenando cada vez más de basura, de malos sentimientos, de ganas de hacer el mal… Y cada vez más nacen personas de bien que solo esperan lo mejor de las personas, con una acción de decepción poco esperada, pero que sorprende a todos los incautos y los pocos precavidos.

Hoy me siento extraño y añoro a las personas más cercanas a mí. He visto tanto sufrimiento en otros que a veces siento que esos problemas se me pasarán a mí. Me siento extraño yendo a los lugares que frecuento, siento que no conozco a los meseros, ni a los dueños, si a los vigilantes, ni a los mismos que a veces salen de mi casa, una falta de solidaridad humana. 

Por el día el sol irradia cierto sentimiento de alegría y de sonrisas falsas que solo llenan casas de un sentimiento momentáneo de alegría, que al caer la noche, solo se vive el sentimiento de nostalgia y tristeza por aquellos que ya se fueron, por las cosas que no pudieron ser, por los sentimientos encontrados, por los desamores y por los engaños, y por lo nunca descubierto.

Hoy me siento extraño al caminar por la vereda. El olor a hidrocarburo, el olor a un aire contaminado, la pereza y la necesidad hoy saben a decepción y traición. El color amarillo y anaranjado del atardecer hoy saben a un solo sabor, poco reconocido, a un sabor de querer hacer algo mejor para uno mismo, para la vida y para los demás y los seres queridos y contribuir a vivir en un país mejor, más solidario y en un mundo menos convulso. 

Quisiera agarrar un autobús y que nunca llegue a su terminal. Así poder escuchar mis canciones favoritas junto a la urbanidad y junto a personas desconocidas llegando a su destino. Así poder pensar infinitamente sobre la vida, sobre lo que nos depara y sobre lo que dejamos ir, sobre lo que nos quisimos creer y sobre las mentiras que sabemos.

Hoy, que me siento extraño, regreso a casa escuchando canciones viejas que me parecen nuevas. Regreso pensando en que tenía tiempo de no regresar a casa, en donde nací, en donde viví, en donde aprendí. Vengo pensando en ser alguien nuevo, en ser el cambio, en ser el primero en hacer lo correcto y veo a todos con alegría, los abrazo y les digo que los quiero. 

Así como muchos, solo soy uno más pensando en mis mismas locuras, una y otra vez. Pero de vez en cuando sé que no son tan locas mis ideas, y que son correctas y sinceras, y que pronto haré algo de bien al mundo, a los pobres y a mi vida, y sé, al final de todo, pero creo que no soy el único extraño que piensa así, que ama su país y quiere un mundo más sociable y más en paz.