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Cuando descubres que alguien lo mira todo y lo entiende todo, por la manera de querer, no tienes más palabras que la boca cerrada y el corazón abierto. Porque uno, matizado de recelos, de preguntas, de miedos, de egoísmos, cuando se encuentra una persona así, sin ninguna malicia, todo corazón a rienda suelta, lo primero que haces es buscarle el lado malo. Alguna sombrita tendrá, decís. Me ha pasado como una persona sobre la que estoy leyendo mucho, una persona que casi no existe, ni existió, porque lo poco que se sabe de él no ayuda. Sólo conocemos los pocos escritos que dejó, nunca con el afán de darse a la fama, sino para sus propios amigos y amigas, que en aquella época, estaban en conventos la mayoría. Pero también escribió para alguna mujer.

Vivió en el siglo XVI y su vida me parece fascinante. Les invitaría a descubrirlo si no fuera porque también me parece que todo lo que sobre él se ha escrito ha terminado de romper su imagen. Me refiero a Juan de Yepes, también conocido como San Juan de la Cruz. El más santo de todos los poetas y el más poeta de todos lo santos.

Sus escritos, Noche Oscura del Alma y Cántico Espiritual, produjeron una verdadera revolución interior en su época. Él creía que una relación con Dios no debía ser una cosa ritual, sino que como enseñaron siempre los místicos, la idea de Dios estaba para que el hombre y la mujer exprimieran dentro de sí la capacidad más grande de amar a otro, o amar lo que le rodeaba. Todo eso lo vivió y lo expresó a su modo, en un lenguaje sensual, incluso, sexual, sacado principalmente del Cantar de los Cantares, libro polémico donde los haya. Pero también se basó en fuentes como las de Garcilaso, o incluso la poesía árabe. No fue un hombre extraordinariamente culto, ni probablemente tan santo como lo dibujan en las estampas, ni hermoso siquiera (era chaparro y feito) y había pasado mucha hambre desde niño por nacer en familia pobrísima (uno de sus hermanos murió de hambre). Hoy nadie sabe cómo este frailecillo sin importancia pudo escribir como nadie un poema de amor en una cárcel en la que le habían encerrado sus mismos hermanos frailes carmelitas calzados. Lo tenían allá por contumaz y rebelde, por entender su relación con el amor como la misma cosa de su relación con Dios.

Tras varios meses en la cárcel, a base de pan y agua, y una sol vestidura escapó como bien lo narra en “una noche oscura de amores inflamada…”. Dejé de estar perseguido nunca, pero siguió viviendo para sacar de sí, como de los pozos, todo lo que el amor le pedía sacar. A Dios mismo, no lo llamaba Dios, sino Amado.

Y por su forma de escribir, muchas mujeres se enamoraron de él, y lo confundieron, y no sabían si hablaba de amor a alguien o de amor religioso. Y él sobre el amor, él siempre con el amor hasta en su lecho de muerte. Por una infección en el pie, mientras esperaba que le enviasen a una misión de México, el pobre Juan se fue muriendo de puro dolor. La última noche, una fría noche de diciembre, los frailes le leían la Recomendación de las Almas, y él, agotado ya, volvió a recuperarse sólo para decir: “ya no hay necesidad de eso, hermano, y dígame mejor de los Cantares”. E hicieron como él pedía, morir como había vivido con ese Cantar bíblico y amoroso en el corazón, que comienza de una manera arrebatadora, como si alguien hubiera descubierto que Dios, más que amor, es una pasión. Sus primeros versos dicen: “Que me bese con los besos de su boca”.

Si alguien es tan libre, es porque sabe quererse y querer. Tan libre me refiero como para darle besos al mundo, y a todo lo que siente. Para sentir que de algún lado le viene un amor enorme que se parece a la tibieza fenomenal de un beso. Y Dios, de pronto, es ese beso. Y sí, entonces, otro Dios es posible.

Yo le tengo tanto aprecio a la figura de Juan de la Cruz, porque me gustaba su poesía y porque mi padre, aquél del que les hablé, siempre quiso que al morir le leyeran el Cantar como a Juan (los dos se llamaban igual). Cuando le pedí al sacerdote que ofició en su funeral poder leerlo, no me lo permitió porque no era lectura para un entierro, según me dijo. Todavía me da rabia su contestación.

franciscosancho@hotmail.com