Jorge Eduardo Arellano
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SAN JOSÉ, COSTA RICA
Rara vez reconocemos que la falta de conocimiento --la ignorancia, si se prefiere-- daña las decisiones de gasto de las autoridades y de las organizaciones de ayuda internacional. Sin embargo, las prioridades se definen de manera ad hoc y se concentran poco en obtener la mejor ganancia posible en términos de bienestar social.

Hace poco se hizo un inusual intento de mejorar la calidad de la toma de decisiones en América Latina y el Caribe. La Consulta de San José, en Costa Rica, pidió a un grupo de importantes expertos en economía que hicieran una clasificación de los mayores retos que enfrenta la región. Por primera vez, todos los costos y beneficios de más de 40 diferentes opciones de políticas se pusieron lado a lado sobre el papel. Los resultados fueron reveladores.

A lo largo de tres días, los expertos escucharon evidencias acerca de los mayores retos de la región. Quedó claro que a menudo los políticos toman decisiones basándose en un conocimiento limitado y asignan dinero a iniciativas de políticas no probadas.

Por ejemplo, no hay evidencias claras de cómo podemos mejorar realmente la educación en las escuelas. Recientemente, en México se creó un programa para dar a los profesores incentivos monetarios y capacitación profesional, pero los estudios realizados al respecto no muestran un efecto significativo sobre los resultados de la educación.

Los índices de violencia en los hogares parecen ser altos en América Latina. Sin embargo, hay una perturbadora falta de investigación sobre qué opciones de políticas han funcionado en la región.

Los gobiernos de América Latina y del Caribe necesitan saber cómo elevar la calidad de la educación y combatir la violencia doméstica. Es preocupante el que no tengan a su disposición estrategias probadas o estimaciones adecuadas de costes y beneficios. La Consulta de San José puso sobre el tapete la urgente necesidad de estudios e investigación sobre ambos temas. No obstante, la clasificación de prioridades efectuada por los expertos también reveló algunas opciones de políticas promisorias e interesantes.

A la cabeza de la lista quedaron los programas de desarrollo de la niñez temprana. Existen buenas razones para aumentar la inversión pública al comienzo de la vida de un niño, lo que puede significar proporcionar servicios de cuidado diurno y actividades preescolares, mejorar la higiene y los servicios de salud, o enseñar habilidades de paternidad responsable.

Los estudios demuestran que los programas de desarrollo de la niñez temprana en América Latina generan mayores niveles de disposición para los estudios, matriculación y rendimiento académico. Las madres y los hermanos o hermanas mayores quedan libres para trabajar o seguir desarrollando su educación. Estos programas se deberían imitar en toda la región. Son relativamente poco costosos y rinden beneficios superiores entre cinco y 19 veces a los costes.

La siguiente estrategia más importante que el panel identificó --mejores normas fiscales-- puede no parecer muy atractiva, pero su ventaja es que no cuesta nada. Aunque las economías latinoamericanas están pasando por un buen momento gracias a las reformas y los altos precios de los productos básicos, existen problemas subyacentes.

El objetivo es implementar un conjunto eficaz de leyes de responsabilidad fiscal que limiten la capacidad de los parlamentos y ministerios de aumentar el gasto sin medida. Las reglas deben imponer límites a los déficit, al gasto y al nivel de deuda, además de exigir transparencia, de modo que el público sepa lo que está ocurriendo. Si van de la mano con un genuino compromiso con el desarrollo de credibilidad fiscal, los países podrían aumentar su crecimiento económico de manera sustancial.

En tercer lugar de la lista está una mayor inversión en la construcción y en el mantenimiento de infraestructura. La mayoría de los países de América Latina y del Caribe gasta menos de un 2% del PGB en infraestructura, en comparación con el 3 al 6% de China y Corea. Se necesita invertir especialmente en la red vial, para construir las arterias que traen empleos y prosperidad: la mayoría de quienes sufren extrema pobreza en las comunidades rurales de América Latina viven a cinco kilómetros o más del camino pavimentado más próximo.

Otras opciones de políticas que quedaron alto en la lista son la creación de organismos independientes para evaluar rigurosamente los programas de gasto del gobierno, y un mayor uso de programas de transferencia condicional de dinero para hacer pagos con regularidad a hogares pobres por cumplir condiciones como enviar a los niños a la escuela.

En los últimos lugares de la lista, el panel de de expertos dio muy poca prioridad a la idea de restringir las ventas de alcohol (como una propuesta de solución a problemas de salud), a los programas de bonos educacionales y a los programas de reintegración y tratamiento de drogas en cárceles.

Esto no significa que estas políticas no funcionen, sino que sus beneficios son mucho menores que los de las estrategias que están más alto en la clasificación. Además, actualmente se debate la efectividad de algunas de ellas. Por ejemplo, los programas de bonos educacionales sufrieron un golpe cuando un análisis detallado de un programa chileno no encontró efectos positivos en el rendimiento de los alumnos.

Si bien el cambio climáticos y la biodiversidad se han convertido en problemas de candente actualidad en todo el mundo, el panel llegó a la conclusión de que la opción de preservar los bosques lluviosos para crear sumideros de carbono tendría beneficios internacionales pero costos locales, por lo que estos problemas se deberían pensar como asuntos globales más que específicamente latinoamericanos.

La Consulta tuvo éxito en su objetivo de destacar las maneras más eficaces en función de los costes para combatir los mayores problemas de la región. Sin embargo, también subrayó las áreas en las que los políticos están dando “palos de ciego” sin basarse en investigaciones decentes y creó una vara con respecto a la que ahora podemos medir las decisiones de gasto de las autoridades.

Bjørn Lomborg es el organizador del Consenso de Copenhague, profesor adjunto de la Escuela de Negocios de Copenhague y autor de Cool It y The Skeptical Environmentalist.

Copyright: Project Syndicate, 2007.

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