Fredy Franco*
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“Deseando poner término a las diferencias interiores que por desgracia han ensangrentado el país; y que unidos todos con lazos de fraternidad corramos a salvar la independencia y libertad de la patria común amenazada por los aventureros capitaneados por Walker, hemos celebrado el siguiente Convenio”, tal era la parte introductoria del acuerdo conocido como Pacto Providencial, del 12 de septiembre de 1856.

Hace 161 años las fuerzas políticas legitimistas y democráticas se unieron para superar sus diferencias internas para enfrentar al enemigo común, a través de dicho acuerdo patriótico y de la práctica patriótica para enfrentar y derrotar al filibustero agresor.

En aquel momento fundacional de la nación nicaragüense iniciamos a construirla con dos grandes debilidades, la herencia de atraso del colonialismo y luego el predominio fraccionalista y ultramontano  que durante 36 años, desde 1821 y hasta 1857, no permitió forjar a la nación, haciéndola vulnerable en su dinámica interna y frente a los factores externos, del predominio inglés, primero, y del expansionismo estadounidense después.

La experiencia de guerra civil, guerra antifilibustera y nacional de 1854 a 1857 nos dío la enseñanza histórica que los asuntos internos debemos resolverlos los nicaragüenses, que dividos somos frágiles y que unidos podemos derrotar no solo los factores externos adversos. También unidos podemos construir la paz y con ello la posibilidad del progreso de la patria y de sus habitantes, como la que se delineó en Nicaragua desde 1858 hasta 1909.

En ese año, derrotado el gobierno liberal de Zelaya por la intervención yanqui, el país entró –a partir de 1910- a un largo periodo de agresión y dominación extranjera, que vulneró el desarrollo nacional y la paz de los nicaragüenses.

Por ello  en 1912 resurgió el espíritu patriótico nicaragüense con la resistencia del General Benjamín Zeledón y del General Augusto C. Sandino y su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional después. Ambas luchas trazaron un camino de liberación nacional, que fue continuada por el FSLN, que al convocar y unir a la casi totalidad de los nicaragüenses, permitió derrotar a la dictadura somocista en 1979, lo que representó una lucha por el rescate de la soberanía y la independencia nacional y para construir  una sociedad justa y en paz.

De nuevo, entre 1980 a 1990, vino la agresión de los filibusteros modernos, en la que como en 1854 cuando los llamados democráticos contrataron a una falange extranjera para inclinar la balanza en la Guerra Civil de aquel momento, en esta nueva etapa histórica sectores antinacionales, pese a los espacios políticos generados por la Revolución, llamaron a la agresión extranjera y se unieron a ella, generando una guerra en todos los órdenes contra Nicaragua y los nicaragüenses, generando miles de muertes e inmensa destrucción material y social.

El convencimiento entre los centroamericanos y nicaragüenses entre 1987 a 1990, llevo a los Acuerdos de Paz de Centroamérica, primero,  y los Acuerdos de Sapoá después, que había que dejar atrás la guerra, poner en primer plano los intereses de nuestros naciones frente a la agresión externa e iniciar un camino de paz, reconciliación y desarrollo. En el caso de Nicaragua, se ha avanzado, sobre todo en los últimos años, en la que se ha establecido un Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, y que ha unido a las fuerzas vivas de la nación en un modelo de diálogo, alianzas y consenso, para lograr un desarrollo sostenido que saque de la pobreza al país y permita construir una nación soberana y equitativa.

En esta etapa histórica la construcción nacional se sigue enfrentando al injerencismo extranjero y también al reto de la unidad nacional para defender a Nicaragua y sacarla  de la pobreza.

Al mismo tiempo, nos enfrentamos a los retos del desarrollo en este mundo complejo de grandes avances tecnológicos y de grandes desigualdades en el mundo, de grandes vulnerabilidades ambientales y de los peligros del narcotráfico y el crimen organizado para la estabilidad de la sociedad y los Estados.

Para hacer permanente la paz y superar el atraso y pobreza de siglos, debemos actuar con compromiso social y  con un real espíritu y práctica patriótica.

* Cientista Social e Historiador. 

Profesor Titular UNAN Managua.