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Las perífrasis verbales se clasifican en tres grandes grupos, de acuerdo con las tres formas no personales que funcionan como predicativo: perífrasis de infinitivo, de gerundio y de participio. En sentido general, las construidas por un verbo auxiliar seguido de un infinitivo tienen carácter progresivo (indican una acción que avanza) y están orientadas hacia el futuro; con gerundio, miran hacia el presente y poseen carácter durativo (denota duración); y con el participio, la acción adquiere sentido perfectivo (expresa una acción acabada) con orientación hacia el pasado.

Pero cada uso de la lengua le imprime a la perífrasis una gama muy variada de matices, particularmente de color local. De ahí que en el habla nicaragüense, estas construcciones rebasan el sentido puramente verbal, para matizar la expresión de dinamismo y afectividad.

Muchas veces, el hablante recurre a la perífrasis para manifestar el matiz afectivo que el verbo preciso no logra expresar. Un tipo, después de asesinar a su esposa, exclama en la cárcel haciéndose el chancho: ¡Y yo sin poderla ver y sin poderle decir adiós!”.

El miedo, el susto, la incertidumbre... son matices que el nicaragüense expresa a través de la perífrasis. Por eso, un hablante que viajaba a la isla Zapatera en un bote azotado por una tempestad en medio lago no dice que la lancha “subía” y “bajaba”, sino que recurre a la perífrasis para expresar todo el dinamismo y afectividad que no logra con aquellas formas verbales: volvía a subir y volvía a bajar.

Con el verbo ir se forma una perífrasis con significado de futuro. Esta construcción tiende a sustituir las formas del futuro de indicativo: ¡Hay vas a ver que te vas a arrepentir por habérmelas pegado!
A veces, la perífrasis adquiere carácter de inminencia, de proximidad y cierto matiz de seguridad: Y cuando los vi que se arremangaron las mangas de la camisa yo dije: ‘¡Ahora sí se van a cachimbiar!
Con la construcción dejá + de + estar, se forma una perífrasis con sentido afirmativo. La esposa, informada por su vecina de que su marido tiene una “sucursal”, reacciona inmediatamente: ¡Dejate estar: hoy mismo le tiro los trapos a la calle!
A veces, la perífrasis dejá + de + estar adquiere un carácter negativo, equivalente a ‘tener calma’, ‘no molestar’. Una mujer le dice así a un tocón: ¡Dejate estar, vos, ¿qué es la cosa?!
La perífrasis vete (o véyase) + a + ver, tiene comúnmente carácter exclamativo o interjectivo: _ Le cuento, compadre, que ya me junté con la mujercita aquella. _ ¡Véyase a ver! Pero a veces, adquiere un significado preciso: Vete a ver (= decidite) si te querés meter conmigo.

Con los verbos auxiliares ponerse, echar, soltar, empezar y decir se forman perífrasis que indican comienzo de la acción. Don Concho en El comandante, de Silva, le cuenta al protagonista cómo la gente del barrio preguntaba la hora a cada rato a don Rubén Díaz, que se había hallado un reloj: - Manda a decir don Ramón que si le dan la hora.

Y con decir es frecuentísima la expresión: dijo a correr, que generalmente se enfatiza su carácter incoativo con la repetición de la perífrasis, pero con el auxiliar elíptico: Cuando el ladrón se me acercó dije a correr y a correr hasta que llegué a mi casa.

Las acciones continuadas o repetidas se expresan a través de las perífrasis durativas. Es particularmente enfática la perífrasis para remarcar la continuidad de la acción: Aquello, amigó, era como un diluvio: llovía y llovía y no paraba de llover.

Con el verbo ir + gerundio se emplea una perífrasis en la que se destaca especialmente el carácter de una acción repetida: Se me jue arrechando el hombre al principio, pero ay nomasito lo jui poniendo en su lugar.

En “El bote”, la viuda del cuento de F. Silva cuenta cómo se le murió el esposo:
- Ese era el bote del dijunto Pedro. Yo vine aquí de la Azucena, hace años; de aquí era él. Él hizo este rancho y yo le tuve estos hijos. Pero él se me enfermó del bazo, se me jue poniendo mayate, mayate.

A veces, la perífrasis se forma con la repetición del verbo, pero el segundo en gerundio: ir + yendo. En Cosmapa, de José Román, don Lino reacciona molesto a las expresiones supersticiosas de don Serapio:
A mí no me venga con esa sarta e pendejeras... váyase iyendo alante que yas toy diun güevo.

En Vida y amores de Alonso Palomino, el protagonista de la novela de C. Alemán O. se refiere a los celos de Gertrudis:
Le dolía pensar que dentro de poco me le andaría iyendo quién sabe para dónde.

Muy curiosa resulta la perífrasis andar + ir + ‘iyendo’, a través de la cual el hablante expresa una acción incoativo- durativa: En El comandante, de F. Silva, el protagonista le dice a la cocinera que sirva la mesa:
- ¡Andá ir poniendo ya!- le dijo a la mujer.

Con frecuencia, el carácter durativo de la perífrasis expresa gran extensión temporal proyectada hacia el pasado: Desde hace tiempalalales se viene haciendo el chancho con lo de las “libres”.

A veces, la construcción incluye dos verbos semánticamente equivalentes: “... En la misma novela de Silva, el protagonista ya inquieto por una narración que don Concho le ha hecho extensa sin llegar al desenlace, exclama:
- ¡Qué cosas! -dijo el Comandante, riéndose; pero veamos a ver; ya me ha hablado bastante y yo en veremos, sin llegar al asunto que le vengo preguntando.

Es particularmente curiosa la perífrasis en la que aparece tres veces el verbo ver: Salió temprano para la feria: anda viendo a ver que ve.

Una muestra de ese hablante que en su incesante búsqueda de posibilidades expresivas va creando y recreando palabras y expresiones que respondan mejor a lo que quiere decir. Por eso, Eugenio Conseriu nos dice que “el lenguaje como hablar es creación lingüística, puesto que lo lingüísticamente nuevo se presenta siempre y necesariamente en el hablar. En cierta medida, todo acto de hablar contiene algo de ‘inédito’, algo que no se ha dicho nunca antes”. Y concluye: “Todo acto de hablar es, en alguna medida, un acto creador”.

rmatuslazo@cablenet.com.ni