Eddy Zepeda Cruz
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La ciencia médica define estrategias en la búsqueda de las causas de las diferentes enfermedades partiendo de la premisa: siempre inciden varias y no una sola causa. La teoría unicausal de las enfermedades fue descartada varios siglos atrás. Aun antes de la maravillosa triada y fortaleza conocida como: ciencia-tecnología-innovación. La octava maravilla.

Virus, bacterias, hongos, entre otros microrganismos son señalados de generar procesos de desequilibrio de la salud-enfermedad en las especies vivas. La exposición a cualquiera de ellos en dependencia del grado de susceptibilidad y vulnerabilidad en que nos encontremos nos provocará enfermedad de manera variable: leve, moderada o severa. Eso explica por ejemplo porqué algunas personas expuestas a tuberculosis, sida u otras enfermedades letales respondan de manera diferente ante las mismas. Los aspectos sociales también tienen importancia en dichos comportamientos: el acceso a condiciones medioambientales, de alimentación, de servicios de salud de calidad y accesibilidad compatibles con derechos humanos. La justicia social utópica, que muchos llaman subversiva, demagógica o populista, pues no generan utilidades al mercado obsceno. Cuestión de percepción subjetiva basada en intereses creados. 

Decíamos en la introducción que el abordaje actual en aspectos de salud pública parte de la evidencia que para que nos enfermemos debe suceder una serie de factores y no uno solo. Partiendo desde nuestra propia concepción de lo que significa estar sano o enfermo, ¿cómo enfrentamos los diferentes riesgos a nuestro equilibrio biosicosocial? Nuestros comportamientos alimenticios, la cantidad de tiempo dedicado a actividad física, la no exposición a comportamientos de riesgo: diferentes adicciones (alcohol, tabaco, drogas diversas, irresponsabilidad y conducta de riesgo ante las enfermedades de transmisión por contactos sin control, la exposición a traumas y accidentes por no estar lúcidos o bajo efecto de sustancias alienantes, etc.).

Un factor de riesgo es una condición que nos expone a sufrir lesión, enfermedad o disminución de repuesta ante agresiones a nuestra salud física o mental. ¿Por qué vincular a los medios de comunicación en esta problemática? Por razones de mucho peso en las consecuencias de los problemas de salud pública que nos agobian. El manejo irresponsable de los espacios en las diferentes formas de informar (o desinformar y distorsionar) tiene peso a la hora de evaluar las causas de los diferentes problemas de salud pública. Lamentablemente los criterios de más peso que se toman en cuenta a la hora de definir estrategias de divulgación o información son mercadológicos, de rating de audiencia, de generación de utilidades. Obtener resultados financieros a cualquier costo sin importar los beneficios o daños que se causen en la sociedad.

Mencionaremos consecuencias en la salud pública de este tipo de comportamientos carentes de ética y respeto por la vida misma de los ciudadanos que son prácticas cotidianas en los medios de comunicación: discapacidad y muerte por accidentes de tránsito, embarazos en adolescentes, enfermedades de transmisión sexual (incluyendo cáncer y muerte como  en el caso de las infecciones por el virus de papiloma y VIH y sida) y hasta la perpetuación del ciclo de la pobreza en algunos sectores sociales que son víctimas del consumismo generado por quienes crean necesidades permanentementes de manera irresponsable.

Promover y fomentar el consumo de drogas legales (alcohol, tabaco, licores), las conductas de riesgo que exponen a enfermedades de transmisión sexual incluyendo sida, los comportamientos socialmente irresponsables (agresividad, irrespeto, audacia desmedida, ausencia de límites, etc.). 

Urge que las instituciones públicas y privadas y también los actores sociales con influencia en la población, exijan y apliquen medidas que limiten o eliminen factores de riesgo a la salud integral de la población. Revisar y limitar programas, horarios y contenidos en los diferentes medios de comunicación no es violatorio a los derechos humanos, es más bien protección de los mismos. Igual medida debe ser considerada en las llamadas redes sociales, espacios desde donde se contamina constantemente a la población más vulnerable: niños y adolescentes. En nombre del desarrollo.