Orlando López-Selva
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El 28 de agosto dijimos que la diplomacia de Jerusalén era de cabildeos y advertencias. Y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu la sigue poniendo en práctica, visitando a los tres países líderes de la región: Argentina, Colombia y México. 

Mi punto acá es que: 1) Netanyahu ahora está enfrentando a Irán en América Latina, haciéndole contrapeso, a pesar de las simpatías que le tengan los 4 o 5 países del Alba; 2) la diplomacia jerosolimitana tiene que consolidarse, soslayando a la UE y EUA; 3) Brasil, por su inestabilidad interna, está perdiendo prestigio —México, Argentina y Colombia son los líderes del mayor bloque democrático latinoamericano. Así, el nuevo orden mundial está viendo el ascenso de los países del Sur, antes vistos de menos.  

Todas las giras internacionales tienen dos objetivos: 1) Consolidar alianzas políticas/de seguridad. 2) Estrechar lazos comerciales. 

Nunca desde su fundación, el Estado de Israel se había preocupado por nuestra región. Netanyahu rompe ese paradigma. (¿Nos veían muy lejanos, revoltosos e insignificantes?).

Pero ahora, con economías más grandes y regímenes democráticos más consolidados, los países visitados por el premier judío, se sientan a hablar tête-à-tête de los problemas globales, con sus huéspedes de estados poderosos. ¡Es que también, Israel se comporta como si fuera una potencia!

Y apartando la poco sensible política israelí hacia los palestinos, los judíos saben que si ellos se defienden bien de los extremistas adversarios que les viven amenazando con hacerlos desaparecer, estarán haciendo una tarea que será bien vista para las potencias occidentales. No solo porque Israel sea el muro de contención de cualquier avanzada que llegue más allá del Oriente (¿con intenciones anticruzadas?); sino porque los conflictos Medio-orientales tienen que encontrar una détente; no deben extenderse hacia el Oeste (una filtración innoble en esta frontera-tamiz fue la huida masiva de refugiados hacia Occidente, que estremeció los pilares de la seguridad democrática); y, debe estabilizarse esa región, para que no haya  más leña que atice otros conflictos vecinales.

El problema es más grave para Israel. Sus enemigos de antes, ahora poseen recursos tecnológicos y armamentos de destrucción masiva. 

Tanto los líderes de Israel e Irán saben que no deben apresurarse a jalar el gatillo. ¡Sería un error atroz! Padecerían el síndrome de los Kim. Terminarían repudiados por muchos, sancionados por todos, y nadie los vería con seriedad.  

Pero la visita del mandatario judío no solo es porque sepa que los anfitriones comulgan con sus valores o tengan la unción  washingtoniana. Hay algo más. América Latina es el back-up estratégico, cultural y de recursos del mundo occidental. Porque si el centro de poder global ya se ha desplazado bastante hacia el Asia, le será más difícil a Israel, hallar aliados en ese continente, sabiendo que los conflictos con extremistas religiosos, no le permitirán encontrar eco ahí. 

Eventualmente, algo parecido deberán hacer japoneses, taiwaneses, y coreanos del Sur, los otros países prooccidentales.   

Hace menos de un año el jefe de gobierno de Italia, Matteo Renzi, hizo un periplo, exactamente igual por América Latina. Y percibo esto como un re-planteamiento de la política exterior europea hacia Asia y Latinoamérica. ¿Reditan aquella política, diseñada por Billy Brandt en los 70, de Bonn hacia los países  socialistas: la Ost-politik? Entonces, el objetivo era único —aceptar al otro sin cuestionarlo; y entenderse en lo mínimo que se pudiere. Por tanto, ¿Europa ahora enfocará más sus miradas hacia Latinoamérica, buscando acercamiento estratégico? ¿Y África?

Se les ha llamado Brics, por sus siglas, a Brasil, Rusia, India, China y Sur África. 

Netanyahu ya ha visitado a tres de estos países. Pero no lo ha hecho con los líderes de Brasil o África del Sur (¡Países enredados en conflictos de corrupción!). 

Para mí, México (Norte), Argentina (Sur), y Colombia (Centro) —todos con más de un millón de kilómetros cuadrados, economías juntas que superan el trillón de dólares estadounidenses, y gobiernos democráticos, hasta ahora estables—, son los países MAC. Son los líderes de América Latina.

Indudablemente, Netanyahu no vino a perder su tiempo. Tampoco se irá con las manos vacías, conociendo las coordenadas geográficas, económicas e ideológicas de los MAC. Pero está aprendiendo a confiar más en la diplomacia, sin nunca perder un objetivo: la seguridad y viabilidad de Israel. Y esta no debe depender, totalmente, de tanques y cohetes, sino también de comercio y búsqueda de alianzas diversas. Aunque cueste caro, porque implica ir lejos. 

¿La continuación de ese trabajo del premier israelí será asumida por su sucesor, aunque proviniere del Partido Laborista?