Jorge Isaac Bautista Lara
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El desarrollo del conocimiento y búsqueda de la verdad en las universidades en Nicaragua, está perdiendo el sentido mismo de profundidad que ha tenido en la historia y enseñanzas; en cuanto a seriedad, disciplina, búsqueda permanente, reflexión y estudio. Una inmensa paradoja, cuando nos ha tocado vivir la época del mayor filósofo en la historia de Nicaragua: Dr. Alejandro Serrano Caldera.

Y es que Sócrates, Aristóteles, Platón, Diógenes, Eurípides, Confucio y otros; dedicaron vidas enteras para construir una visión y dar vida a sus teorías, doctrinas y pensamientos. Unos y otros se fueron apoyando, completando, desarrollando o contradiciendo a sus antecesores; como cadena de eslabones de pensamientos que se construían como humanidad: con aciertos y desaciertos. Contándose anécdotas como las de Sócrates que descubrió que era el griego más sabio, por el mero hecho de que a diferencia del resto de los griegos era el único consciente de su ignorancia (“solo sé que no sé nada”). Tal era la idea que se tenía de la verdad y conocimiento.

El mismo Aristóteles dijo de su maestro Platón “Aprecio a Platón, pero aprecio más la verdad”. Pero eso es cosa del pasado. Las cosas han cambiado al ser común en conferencias y clases en las universidades en ramas como Sociología, Periodismo, Pedagogía, Psicología y similares; el reconocer de partida “tu verdad” y “mi verdad” en los distintos puntos de vista que mantenga cada quien. Pese a que puedan ser estudiantes de reciente ingreso, ya tiene “su verdad”, y lo peor, se lo creen. Relativizando y ralentizando a grados tristes y críticos lo que se debe entender por conocimiento. En el presente el asunto ya no es la búsqueda de la verdad, porque es “mi verdad”, lo que “mi yo” crea y piense, sin más ni más. Así ante aulas de clases y auditorio tendrá el número de verdades conforme número de asistentes en grados light.  No es búsqueda, continuidad y profundización de la verdad a como hemos conocido en la historia, asunto que revestía seriedad y fondo; sino una idea ralentizada en la que cualquiera de nosotros por el mero hecho de existir la posee, y por lo tanto deja de ser pertinente y necesario el empeñarse en buscar algo más a fondo o mejor.

Pero esto no es antojadizo, es coherente con algo que está pasando en las universidades a como es la labor diligente de algunas a estar pendientes, prontos y prestos al cumplimiento de las edades de jubilación de nuestros docentes de tiempo completo, para hacer el recordatorio y brindar las “mejores” y “mayores” facilidades para su pronta jubilación, que permitan contratar con prontitud personal más joven. Algo que guarda ilación con una “cultura líquida” (Zygmund Bauman) que nos penetra e inunda, que construye y acepta como valores absolutos; mayor información, novedad y juventud permanente. Obviando y olvidando elementos vitales del conocimiento que solo se logran en la sumatoria de estudios, docencia, experiencia y antigüedad. Qué darían los elementos para crear verdaderas escuelas dentro de las distintas carreras de estudio.

Ni más ni menos un reflejo de lo que hoy es la “sociedad de la informática”, donde las universidades no son las que conducen sino las conducidas: una lógica de manejo de actualización y mayor información; pese al costo de menor capacidad conocimiento (indigestión de información) y esterilidad en el discernimiento (ahora son light). Con facilidad lo que aprendo lo desaprendo: nada es permanente. ¿Nada es permanente? Es esta la forma de ver las cosas en las universidades: nada permanente.

Y las preguntas ¿Las leyes de la física no son permanentes? ¿Leyes de la química y biología? ¿La familia? ¿Amor, amistad, responsabilidad? Hoy en día hasta el sexo es relativo (eres lo que quieras. sientas y pienses que eres). De manera tal que en la idea de crear y transmitir conocimiento, lo que está pasando es que estamos deconstruyendo el conocimiento en tanto no estamos dejando las bases y raíces que requiere todo edificio sólido para permanecer, sabiendo que si bien existen partes que evolucionan ante nuevos hechos y descubrimientos, otros permanecen; y eso debe comprenderse y diferenciarse.

Y en esa deconstrucción, licuamos lealtades de muchos docentes que no están sintiendo en sus casas de estudio, la respuesta de lealtad en reciprocidad. Algo que debe llamar  a la revisión y reflexión. De manera que la sabiduría que solo nos la da los años, hoy está en extinción. Confucio decía “Si tu plan es a un año, siembra arroz; si tu plan es de 10 años, siembra árboles; si tu plan es a 100 años, educa a tus hijos”. Pero  ¿será  que con este tipo de bases, mentalidad, lo lograremos?