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Para el presidente español Mariano Rajoy, los intentos del gobierno catalán de Carles Puigdgemont de impulsar un referéndum —el 1 de octubre— que catapulte al separatismo, es  un desafío estremecedor que pone a prueba a las instituciones españolas.

Mi punto acá es que esta situación hoy en España —si hay o no referendo en Cataluña—, es un conflicto entre dos principios: autodeterminación versus legalidad. Esto pondrá en crisis a todas las instituciones españolas; conllevará, eventualmente, a otra forma de Estado y, obviamente, repercutirá en los otros 26 estados de la UE, afectando la  cohesión continental. 

Y no es para menos. Bajo la administración de Partido Popular (PP) —enfrentada a crisis económicas y financieras, desempleo galopante, problemas desbordantes con los refugiados del Magreb y Siria, terrorismo, mantenimiento de una intermitente  alianza con el partido Ciudadano (dirigido por Albert Rivera), y fricciones con las otras regiones— nada parece ponerle fin a esta gravedad.  

Los PP comenzaron bien. Mejoraron las cifras macroeconómicas. Han hecho alianzas para mantener mayoría en las Cortes, enfrentados a fuerzas izquierdistas de peso: PSOE (dirigido por Pedro Sánchez), y los emergentes del partido Podemos, (por Pablo Iglesias).

Y es que los catalanes siempre han mantenido una carta bajo la manga desde que volvió la democracia en 1975. Bajo Francisco Franco (1936-1975) vivieron arrinconados, cohibidos, ninguneados, porque el dictador no toleraba, disidencias, no soportaba nacionalismos separatistas. Y mantuvo a España cohesionada bajo un régimen opresivo e intolerante, sin que hubiere segregacionismos. Probablemente hubo muchas rebeliones que fueron suprimidas o controladas. Pero a Franco no le hicieron muchos pases ni letras.

Y es un comportamiento natural de los dictadores. Reprimen a los opositores, creyendo, falsamente, que las grandes mayorías les obedecen —o peor aún—, les aman.

¿Y cuáles son las posibilidades de Mariano Rajoy de salir adelante, impidiendo que se dé el referéndum en la comunidad catalana sin que las medidas tomadas por Madrid luzcan dictatoriales? 

¡Ínfimas!

Todo gobernante cuando cree tener la razón y se enfrenta a opositores contumaces, puede caer en la tentación de imponerse por la fuerza.

El dilema de los otros catalanes (51% no-separatistas) es que si votan, legitiman el referendo; y si no lo hacen, al abstenerse, aumentan exponencialmente las probabilidades de que sus adversarios voten masivamente, conllevando, engañosamente a la idea de creer que la mayoría catalana eligió el separatismo.

De igual manera, si para estas crisis mediara el rey Felipe VI, su involucramiento no sería aceptado por los catalanes. Los nacionalistas buscan la independencia porque son partidarios del sistema republicano. No quieren monarquía.

Obviamente, aunque Rajoy disponga de medidas administrativas coercitivas, invoque todos los preceptos constitucionales, o persiga judicialmente a las autoridades catalanas separatistas rebeldes, la democracia ofrece un único recurso: dialogar y pactar.

Todo separatista catalán (vascos y gallegos deben compartir esta óptica), sienten que estarían mejor sin Madrid. Aducen que con el dinero de sus impuestos subsidian a regiones de menor desarrollo como Andalucía o Extremadura. Y si Rajoy lleva propuestas paliativas, los nacionalistas catalanes las rechazarán. Cataluña quiere independencia total.

Por otro lado, si Madrid cede ante Cataluña, le seguirán sucesivamente, otras comunidades de mucho arraigo nacionalista; y aunque pequeñas, son más grandes que otros Estados europeos, ejemplo: Albania, Bélgica, Kosovo.

Cataluña quiere ser otro Estado de la UE. Se sienten abusados, controlados, trasquilados, incómodos y arrinconados por las instituciones españolas. Y quieren ser un Estado-Nación más.

Pero, los independentistas saben que Bruselas jamás les daría luz verde para unirse a la UE, sabiendo que Bélgica, Italia o Francia podrían tomar ese rumbo.

Opciones:

1. Rajoy podría ofrecer conformar una especie de Estado federal, como Alemania. Pero esto está prohibido en la Constitución (arto 145). ¿Descartado?

2. Devolverle más dinero al Gobierno de Barcelona. Pero los políticos independentistas quieren manejar sus propias finanzas, ejército, seguridad y política exterior. 

3. Un estatus especial de mayor autonomía. Pero, ¿Por cuánto tiempo? La enfermedad independentista catalana volverá a resurgir. No se apagará. Es un issue macro-político. Y otras comunidades harían fila para pedir lo mismo o más. Ello dejaría al rey y al presidente españoles maniatados.

Creo que las autoridades catalanas caerán en desacato. Habrá disturbios callejeros, aturdimiento institucional. ¿Se debilitarán la monarquía y el Gobierno de Madrid?

Hay un conflicto entre la autodeterminación de los catalanes versus “…la indisoluble unidad de la Nación española…”, (arto. 2 Cn. Esp.)

A Rajoy solo le cabe: negociar, renunciar o reprimir. Lo primero es lo que recomienda la democracia; lo segundo llevaría al caos; lo último, sería dictatorial.