Natalia I. Chávez Arróliga*
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La Real Academia Española (RAE) define al machismo como la actitud de prepotencia de los hombres respecto de las mujeres. Se trata de un conjunto de prácticas, comportamientos y dichos que resultan ofensivos contra el género femenino.

Obviamente todos tenemos una idea de lo que es el machismo, pero acercándonos más a tal noción, podemos decir que una actitud machista es aquella que discrimina a la mujer, la menosprecia, o la considera inferior al hombre, pero también hay machismo en diversas actitudes disfrazadas de proteccionismo, por ejemplo: antes del siglo XIX, se impedía a las mujeres ejercer la Medicina, so pretexto que ellas eran más débiles y por ende más susceptibles a las infecciones, motivo por el cual no debían ejercer esta carrera, dizque en pro de su salud.

El machismo se instaura desde la cuna, desde que las madres empiezan a diferenciar con los colores de las prendas de vestir o el tipo de juguetes, los cuales según la familia, eventualmente cincelarán la identidad del individuo. 

Luego los modos de crianza: a las niñas se les enseña que si no saben hacer las tareas del hogar, no habrá marido que las tolere. En cambio, los niños no son obligados a aprender ni desarrollar los quehaceres del hogar, pues no es del todo obligatorio que los hagan según la crianza impuesta, ya que “habrán mujeres que las harán por ellos”.

Durante la adolescencia, la educación machista se profundiza con la educación sexual, ya que si ella queda embarazada, es la primera responsable por tener sexo o por no usar correctamente algún método anticonceptivo, en cambio al varón, no se le juzga tan abiertamente por los mismos hechos.

En la adultez juvenil, se impone un modelo en que los oficios u profesiones se etiquetan para varones o para mujeres, en donde los paradigmas del machismo impuesto desde la cuna se han arraigado de tal forma, que romper con ello se torna una carga muy difícil de manejar.

Finalmente cuando son padres, se sigue reproduciendo el molde tradicional a nivel intergeneracional, deformando la formación moral y ética de la nueva generación, bajo el alero de las enseñanzas recibidas en su propio modelo de familia.

La sicoanalista española, doctora Pilar Rojas Martínez, en su artículo: “Las raíces inconscientes del machismo” sostiene que: “Todos somos machistas, tenemos prejuicios arraigados contra la feminidad, si queremos ser otra cosa, tendremos que hacernos cultos. Se dice que detrás de cada hombre, siempre hay una mujer y es verdad: la madre. El machismo es debido al desprestigio de la madre en la constitución sexual infantil, con ella quedan desprestigiadas todas las mujeres. Podríamos decir, por tanto, que el machismo es la vigencia de la sexualidad infantil en el adulto, se trate de un hombre machista o de una mujer machista”.

Las mujeres tampoco tienen mucho qué enorgullecerse, pues si son las agresoras y violentan al padre, los niños y niñas aprenderán esta conducta y a futuro la reproducirán trayendo infaustas consecuencias a las nuevas generaciones.

En conclusión: el machismo es inculcado desde la cuna y sostenido por la histórica enseñanza del sistema patriarcal, impregnando a hombres y mujeres. Por tal razón, ya el concepto violencia de género resulta diminuto y está pasando a llamarse violencia doméstica o intrafamiliar, abarcando a toda la familia en sus distintas expresiones y relaciones de poder. 

El desafío es culturizarse, para romper con vetustos arquetipos, con miras a la sana y armónica crianza de las nuevas generaciones. Así podremos formar mejores seres humanos y mejorar la aún disimétrica situación actual en cuanto a la equidad de relaciones entre hombres y mujeres.

Se trata pues, de humanizar las relaciones entre hombres y mujeres y equipararlas en cuanto a la enseñanza cotidiana del hogar, los valores morales, en una sociedad donde el hombre no se sienta superior a la mujer, ni considere que esta es un objeto de su propiedad sobre la cual puede ejercer una suerte de poder soberano con derecho de vida y muerte, erradicar la viciosa cultura del machismo cuyo saldo más nefasto es el alto índice de femicidios, que según contabilizó la ONG nicaragüense Observatorio de la Violencia de la Organización Católicas por el Derecho a Decidir, entre enero y agosto 2017 alcanzan los 37 casos, sumado un homicidio y un asesinato, para un total de 39 mujeres injusta y atrozmente muertas, por la vigencia de esta suerte de miasma llamada machismo.


* Abogada y Notaria Pública.