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Durante el segundo tercio del siglo pasado, al cine y a la radio correspondió ayudar a nutrir los afectos y valores estéticos de los nicaragüenses. La televisión ingresó a los hogares hasta mediados de los cincuenta. Jesús Miguel Blandón será uno de los primeros radialistas apasionados en incursionar en el humor político. Antes de saltar de lleno a la radiodifusión, Chuno debutó en el propio escenario de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en la ciudad de León, haciendo chanza de la clase política con El tren de las seis. Su despunte fue en 1963, el mismo año que asumió la presidencia el Dr. René Schick Gutiérrez, un gobernante civilista. Chuno venía marcado por los sucesos sangrientos del 23 de julio de 1959. Aunque sus primeras incursiones en el campo del humor fueron en la revista Segovia, uno de cuyos gestores fue el fundador del FSLN, Carlos Fonseca Amador.

Atraído por la política, con una visión crítica acerca de la manera en que se comportaban rojos y verdes, mancomunados en pactos que todavía significan el reparto del poder, los convirtió en blanco predilecto de sus dardos. La iconoclasia y la irreverencia eran la nota característica de El tren de la seis. El conocimiento de la sociedad leonesa, y de la clase política nacional, le permitió escribir libretos para desenmascarar con fina ironía, los falsos afanes de quienes cometían atracos y convertían al Estado en su fuente nutricia, en una auténtica vaquita lechera. Jesús Miguel alternaba sus estudios de derecho trabajando como reportero radial en el noticiero Semáforo, dirigido por Rolando Avendaña Sandino. En Radio Atenas hará su segunda estación, la primera había sido en Radio Musún, en su natal Matagalpa.

Al inicio de los sesenta había viajado a Costa Rica, Honduras y Guatemala, presentándose en los radio-teatros de las emisoras Atenea, Columbia, América y Nuevo Mundo, como bailarín e imitador de voces. Su debut había sido en León. En la Whithe House, junto con Alejandro Serrano Caldera tocando el acordeón, Carlos Calvo las castañuelas, José María Pacheco imitando a Juan Legido, Rafael Ugarte a Alfredo Sadel, Chuno bailaba con el mismo desparpajo y electricidad que lo hacía el mexicano Resortes. León, campanario de Rubén, como la consagró el humanista Mariano Fiallos Gil, fue para Chuno el centro de su iniciación periodística. En 1960 ingresó en Managua a los talleres de periodismo impartidos por la Embajada de Estados Unidos y la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, pero no llegó largo.

La decisión de los universitarios de organizarse significó el cierre de los talleres. La embajada norteamericana no comulgaba con estas expresiones estudiantiles. Una fotografía aparecida en La Prensa del 15 de julio de 1960 muestra el desfile de protesta de los estudiantes sobre la Avenida Roosevelt. Todavía estaba fresca la sangre derramada en las calles de León por los mártires del 23 de julio de 1959, masacrados por los guardianes de la dinastía: Erick Ramírez, Mauricio Martínez, Sergio Saldaña y José Rubí. Al frente de esta nueva protesta marchan Chuno Blandón, Manuel Espinoza Enríquez y Roberto Arévalo. La protesta fue disuelta esta vez a culatazos por la Guardia Nacional.

En León, Chuno trabajó en el periodismo escrito. Sin hipotecar jamás sus principios, laboró indistintamente en Radio Circuito, del Conservador Armando Icaza, y el diario El Universal, de Silvio Argüello Cardenal, quien fuese después Vicepresidente de la República. Alternaba sus estudios de Derecho pateando las calles como periodista. Con justicia dirá después: “En la universidad me enseñaban Derecho y en la calle la carrera que me daría de comer toda la vida: el periodismo de prensa escrita y de radio”.

Con título en mano emigró a Managua en 1968. Con Rolando Avendaña Sandino, con quien había trabajado en Radio Atenas y Marco Aurelio Mercado, fundaron el semanario Oposición, una clara expresión del tipo de periodismo que se practicaba en esa época. En la Imprenta Democrática, dirigida por Abdul Olivares y don Segundo Robleto, además de imprimir el semanario Oposición, editaron por entregas Estirpe Sangrienta de Pedro Joaquín Chamorro y General de Hombres Libres de Gregorio Selser. Atraído para siempre por la radio, Chuno trabajó igualmente durante tres meses en Estación X, una emisora que operaba en el cuarto piso del diario Novedades, ambas propiedades de la familia Somoza Debayle. Dispuesto a continuar haciendo lo que mejor sabía hacer, creó dos programas de humor: La Escuelita y El Venadito Informador. El ambiente en esa radio le supo tenso y el aire enrarecido. Su humor no era bienvenido. Prefirió mudarse a Radio Centauro, de Pedro Joaquín Chamorro y Salvador Cardenal.

Dos años después, Chuno despegó al estrellato. El Chamaco Domínguez lo llevó de la mano a donde Manuel Arana Valle, dueño de Radio Mundial. Con esa liberalidad con que siempre acogió a artistas y periodistas con diferentes visiones políticas, Arana Valle le abrió las puertas de la radioemisora más importante del país. Entrar a la Mundial era el sueño apetecido de todo radialista. Chuno coronaba su deseo de pertenecer al equipo de radio que pobló su imaginación durante sus años infantiles. En la Mundial al Venadito Informador sumó La Barbería 007 dos programas que reverdecieron el ambiente, enfurruñaron el rostro del poder y provocaban risas entre miles de nicaragüenses. Chuno se convirtió en Nicaragua, en uno de los principales cultores del humor político. Las generaciones posteriores vendrán marcadas por su influencia.

El humor y la sátira eran los principales ingredientes a los que Chuno recurría para mostrar la inconsecuencia, la doblez, las artimañas y los entendimientos malsanos, entre los liberales somocistas y los verdes zancudos, una constante en la historia política nacional que pareciera no tener fin. El humor ha sido uno de los recursos más eficaces y demoledores, para evidenciar las tropelías cometidas en Nicaragua por los usufructuarios del poder. Chuno sabía que cada nueva creación se convertía en un aguijón que pinchaba las vísceras de los políticos, provocándole agruras. En el otro extremo, la ciudadanía reía a carcajadas. El humor es un brebaje preparado con azúcares especiales, sabe dulce al paladar del pobre y agrio al de los poderosos. El humor mortifica a los políticos, atormenta y descompone su ánimo. Chuno certificó su eficacia mediante las multas recibidas por la Jefatura de Radio y Televisión. El Coronel Alberto Luna se convirtió en su perseguidor implacable.

No contento con sus logros, Chuno mostró la otra cara de la luna. Ocho columnas, un nombre con sonoridades de prensa escrita, le permitió escenificar episodios desgarradores de la historia nicaragüense. Ocho columnas fue un inmenso mosaico, en el que siguió el itinerario de buena parte de la historia nacional. Una nueva versión de episodios claves de la épica nicaragüense: El golpe a Leonardo Arguello, Los sucesos de abril de 1954, La guerrilla de Raudales, El desembarco de Olama y Mollejones, La fuga de Calderón Rueda, Vida y Muerte de Fernando Gordillo, La trágica vida de Manolo Cuadra. Una noveleta semanal convertida en una cátedra para despertar las conciencias adormecidas. El vigor de Ocho columnas estaba determinado por la maestría del elenco artístico conformado por Óscar Enríquez, Antonio Amaya, Héctor Gaitán, René Blanco y las esporádicas apariciones de Sofía Montiel o Ruth Obregón. Ocho columnas irrumpía con una máxima que invitaba a la acción: Más importante que escribir la historia, es hacerla.

El derrumbe de Managua el 23 de diciembre de 1972 llevó a Chuno de regreso a León. Asumió la dirección de Radio Atenas. Junto con Alejandro Mora y Rolando Lacayo Cardenal, adquirieron después Radio Circuito. Metido a fondo en las luchas antidinásticas, la emisora fue vocera oficiosa del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) cantera natural del FSLN. La radio era utilizada en ese momento como arma de combate. Los Somoza jamás pudieron callarlas. Cada multa impuesta era pagada no sólo por los propietarios de las radioemisoras, el pueblo generoso hacía entrega de módicas sumas, para retribuir los riesgos que estos asumían en su enfrentamiento cotidiano contra la dictadura. En enero de 1978 la repetidora de Radio Circuito en Managua, era convertida en Radio Futura. El humorista tomaba en serio su papel político.

La polarización abarcó al país con el asesinato del periodista Pedro Joaquín Chamorro. El 10 de enero marcó la agonía irreversible del somocismo. La noche de su vela se insurreccionó Managua y el día de su entierro la guardia nacional disparó sus fusiles.

En vez de atemorizar a los millares de personas que asistían a sus exequias, un joven tiroteado en las cercanías del Cementerio General, al ser entrevistado por Extra Visión, retorciéndose en el suelo, en vez de expresar su dolor, gritó “Viva Pedro Joaquín Chamorro y que la lucha siga”. El arreciamiento de la contienda político militar tuvo para Chuno un carácter premonitorio. Desde ese momento supo que los días de su emisora estaban contados. Con su programación, la Futura ponía de mal humor al somocismo. En julio de 1979, un poco antes del triunfo revolucionario, sus estudios fueron dinamitados. Chuno reconfirmaba que los poderosos temen confrontar a su arma predilecta de combate: ¡El humor! ¡Siempre el humor!