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“¿Cuáles son los atractivos de estos sitios? Sin duda, la soledad y, tal vez, el ser humano… hay en el interior de cada hombre un instinto profundo que no es ni de la destrucción ni el de la creación…” Albert Camus.

Cumplimos en marzo 78 años del terremoto de 1931, cuando “la destrucción de Managua fue total, casi ninguna de las seis mil casas quedó en pie”; estamos a pocas semanas del inicio de las lluvias; nos preguntamos: ¿Qué consecuencias nos depara el tiempo venidero?
El escritor de cuentos, catedrático universitario y abogado, acucioso e incansable lector, a quien conozco desde niño compartiendo bajo el techo de la misma casa las limitaciones de una familia numerosa, por su obsesiva insistencia en preguntar, buscar y rebuscar entre libros y detalles de la vida y los fenómenos cotidianos, la explicación a los grandes problemas, Jorge Isaac Bautista Lara, ha publicado bajo el título:“La urbanización de Managua” (dic. 2008), una acuciosa y constructiva investigación que, además de abordar el Derecho Urbano Municipal, se introduce en la historia, las tragedias urbanas, la cultura y la vida política que indudablemente inciden sobre el desarrollo, rumbo o estancamiento de nuestra ciudad Capital, centro político, económico y social del país, que aglutina desproporciona-damente casi un cuarto de la población nacional, surgida y nombrada como tal, ante la disyuntiva de la confrontación León-Granada el 5/2/1852, reconocida paulatinamente y finalmente aceptada gracias al efecto socioeconómico del cultivo del café y al triunfo de la Revolución Liberal (1893) que proclamó desde aquí su victoria después de treinta años de gobiernos conservadores, principalmente granadinos y emparentados.

Aunque el libro comienza y termina con la misma pregunta: ¿Dónde está el centro de Managua?, duda inminente cuando un visitante extranjero llega por primera vez a la ciudad, nosotros nos hemos “malacostumbrado a su ausencia y dispersión”, el problema, tal y como queda demostrado, es que “no hay contorno sin centro, ni centro sin contorno. El centro funciona en íntima dependencia del contorno y viceversa”. Nuestro centro lo perdió la tragedia natural y la irresponsabilidad humana. Primero el terremoto de 1931 no tuvo la contundencia de enseñar a los gobernantes y pobladores la lección sobre la amenaza telúrica, a pesar de que después la repetición de la catástrofe (diciembre 1972) reafirmó la inexistencia de un efectivo plan urbano acorde a la realidad medioambiental y los riesgos sísmicos, porque la ciudad se asienta sobre ocho fallas y sufre de inundaciones por los caudales que bajan de las sierras en la época lluviosa, invaden los asentamientos humanos de la orilla del lago y la corriente se lleva las casas improvisadas, sin cumplir las normas mínimas de construcción a la orilla de los cauces, generando tragedias cíclicas y crecientes.

Afirma que hay 273 asentamientos humanos (mayoritariamente espontáneos), para 2009 se incrementará hasta 295, en donde vivirán casi 400 mil personas (un cuarto de la población), sin respetar el derecho de vía para la necesaria ampliación de las pistas ni la oferta de servicios básicos. Esto, desde mi punto de vista, demuestra la carencia de prevención mecánica y situacional, que puede contribuir a mayor violencia urbana. Ciudades con mayor hacinamiento, menor disponibilidad de servicios, áreas verdes y de esparcimiento, acumulación de basura y predios montosos, oscuras y no planificadas, pueden generar mayor delincuencia e inseguridad.

La “insensatez e igual inmadurez de la clase política de Nicaragua” desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando fue declarada Capital, ha marcado una “mala historia y tradición a las improvisaciones en materia de urbanismo, que se atuvo a seguir la herencia española…” Ha habido ausencia de reglamentaciones incluyendo en las edificaciones públicas y falta de capacidad o voluntad en aplicar sostenidamente las existentes; Managua tiene “una historia urbana singular. Una historia inacabada…”

Cuando el terremoto de 1931, el Obispo de Granada, Monseñor Canuto Reyes, dijo en una Pastoral que el terremoto era un castigo y respaldó la candidatura de Granada para ser capital del país; las viejas aspiraciones fueron reavivadas por la tragedia. Otro sector de la iglesia, encabezado por Monseñor José Antonio Lezcano, se opuso a aquella carta por no encontrar en ella “una inspiración y sentimientos cristianos”. Después de los movimientos telúricos de 1972 se habló de trasladar la Capital a Masaya. Una segunda catedral fue construida (1993) con un diseño no tradicional ni integrado a un concepto de desarrollo, en el extremo sur de la Laguna de Tiscapa, hacia la carretera a Masaya, manifestando dos posibles centros: el de la vieja y la nueva catedral. La población se extiende dispersa de Este a Oeste y de Sur a Norte, limitada únicamente por los linderos del contaminado Lago Xolotlán que recibe los desechos de la ciudad y sus habitantes y cuya idea de saneamiento fue una obligación, tantas veces pospuesto desde 1927 (el 20/2/09 fue inaugurada la planta de tratamiento para saneamiento del Lago después de una década de diseños y obras), se levantan sus edificios públicos nacionales y municipales, sedes diplomáticas, zonas habitacionales, comercios y vida social sin tener un referente alrededor del cual se distribuyan sobre la base de una lógica urbanística, estética y segura. La ciudad fue construida de espaldas al que pudiera ser un bello, productivo y natural recurso, con la única excepción del Teatro Rubén Darío que lo ve de frente, sin avergonzarse.

Managua, desde 1930 ha tenido tres denominaciones: a) Distrito Nacional (1930 – 1979), dependiendo del Presidente, b) Junta de Reconstrucción de Managua (1979 – 1985), dependiendo de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, y c) Alcaldía de Managua, nombre que aún conserva. El terremoto de 1972 modificó la historia política, administrativa, jurídica y económica del país. Somoza volvió al poder real y el triunvirato del Pacto Kupia Kumi fue condenado a la extinción. La dictadura fue derrumbada con el triunfo de la Revolución Sandinista que dio origen a la Constitución Política de 1987, derivándose la Ley de Municipios (Ley 40, agosto 1988), la cual “restituyó el carácter democrático y autónomo de la municipalidad”, la “atribuyó competencias para el desarrollo urbano”. Según el arto. 19: “El Alcalde, Vicealcalde y los consejos serán electos por el pueblo mediante sufragio universal, igual, directo, libre y secreto…”

Desde mi punto de vista, modificar la tendencia de expansión de la ciudad requiere un Plan Urbanístico integral y durable al menos por cinco periodos de administración edilicia (dos décadas), independientemente del signo político, debe construirse y ampliarse en sus vías, avenidas, cauces, casas de habitación, industria, comercio y edificios públicos, sobre una lógica coherente considerando los riesgos medioambientales, tratando de romper el círculo de influencia política cortoplacista que limita la visión de desarrollo.

Ello implica preservar y ajustar periódicamente los planes, capacitar y conservar al personal técnico y profesional, educar e informar a la población y a quienes tienen facultad de decidir, hacer cumplir las normativas basado en criterios técnicos obviando razones partidarias o de poder, fortalecer el apoyo del gobierno central y la cooperación internacional.

El autor presenta un problema y sugiere soluciones. Estudiantes y especialistas en la materia encontrarán aquí una fuente para consultar. Funcionarios públicos que tengan que ver con Managua, están obligados a considerar las certeras opiniones de esta investigación como un aporte desde la experiencia y la academia.


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