Adolfo Miranda Sáenz
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La mayoría de dirigentes de los partidos de oposición y los analistas y comentaristas políticos de Nicaragua son personas mayores de 50 años. Pero el 75% de la población es menor de 40 años. Cuando la UNO ganó las elecciones, este 75% de nicaragüenses tenía menos de 13 años. No conocieron el somocismo, la insurrección, la contra ni el gobierno de los 80. La vivencia política de ellos es diferente. Los dirigentes políticos, analistas y comentaristas se dirigen inconscientemente a su generación de 50 años o más; así, la mayoría percibe un mensaje que no le interesa ni importa. La apatía política de la que algunos se quejan obedece en gran parte a esto.

La “estrategia” de la oposición es reeditar su discurso de los años 80, olvidando que la situación es diferente; las cosas han cambiado y no tiene una estrategia política actualizada. Además, hay una oposición muy débil porque los partidos y grupos opositores se han debilitado entre ellos mismos con divisiones y ataques mutuos.

Gracias a que no se vive un clima de guerra y al acuerdo entre el gobierno y los organismos empresariales, la economía ha mejorado con las inversiones privadas nacionales y extranjeras, y obviamente hay más empleo, una clase media en mejor situación económica, y se ha reducido la pobreza.

El Gobierno ha invertido en infraestructura vial, deportiva, entretenimiento, proyectos sociales y otras cosas que gustan y facilitan la vida de mucha gente.

Ante esto la oposición reacciona diciendo que la mejoría económica es falsa y que lo que el gobierno brinda a la gente no es bueno.

Tal reacción es contraproducente a los intereses opositores, pues hace pensar a la gente así: “Los sandinistas nos dan esto y aquello y si la oposición llega a gobernar nos van a dejar de dar todo lo que hoy recibimos; estamos mejor con los sandinistas”.

¿Cuál sería una buena estrategia? No sería negar lo bueno que está a la vista, pero considerando que nada es perfecto y todo lo bueno puede mejorarse.

La oposición, en vez de negarlo, debería reconocer lo bueno como bueno, pero demostrar cómo podrían hacerlo mejor. Dar razones convincentes de por qué harían eso mismo y más, pero mejor, en un lenguaje entendible para todos.

Hoy a la mayoría de la gente le interesa lo económico y poco o nada lo institucional. El discurso opositor sobre dictadura, corrupción, irrespeto a la institucionalidad, reformas inconstitucionales, etc., no cala en el pueblo, que mientras vea posibilidades de mejorar su situación económica le interesa poco si el gobierno actúa bien o mal en aspectos institucionales.

No es algo prioritario para la mayoría de personas menores de 40 años. En cuanto a los más jóvenes, en una situación en que no hay guerra, servicio militar ni racionamiento como en los 80, el tema político, si acaso, ocupa un sexto o séptimo lugar entre sus intereses.

El discurso opositor debería ser 90% sobre economía, empleo, educación, salud, vivienda, y quizá un 10% sobre democratización. La gente sabe que criticar es fácil y no lo aprecia.

Para ser convincentes, más que hacer críticas, deberían presentar propuestas concretas, viables, creíbles, sobre cosas por hacer o mejorar.

La oposición tiene sus mayores seguidores entre la gente instruida, profesional y mayores de 40 años, y generalmente hoy el discurso político va dirigido a agradarle a este sector; pero no se trata de convencer a los convencidos, sino a los otros.

Finalmente, la estrategia opositora no debería supeditarse temerosamente a la dictadura mediática que ciertos medios ejercen como si fueran los supremos jueces políticos.

Más del 90% de la población no se informa por esos medios que solo llegan a un reducido grupo de edad, nivel económico y educacional. Están sobrevaluados y débiles, pues su impacto no es igual al de otros tiempos y son un freno para desarrollar una estrategia opositora efectiva.

Ahora vamos a elecciones municipales y la estrategia global de los partidos influirá, pero también —como elecciones locales— influirá la estrategia y simpatía de los candidatos de cada municipio.

Esperemos un mejor desempeño opositor, sobre todo del PLC, que tiene mejor organización y estructura.

* Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasáenz.blogspot.com