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Este año se conmemoró el 120 aniversario del Museo Nacional, creado con el carácter “comercial y científico” durante el gobierno del general J. Santos Zelaya por decreto del 21 de agosto de 1897. Para esa fecha, la afición de Diocleciano Chaves a varias ciencias había culminado en la iniciativa de formar esa institución tras un contrato que firmó el 4 de noviembre de 1896 con el ministro de instrucción pública Manuel Coronel Matus. En dicho documento, Chaves ––entonces de 52 años y residente en una quinta de la capital–– se comprometió a iniciarlo, aportando los objetos arqueológicos que había adquirido. 

El contrato era por dos años renovables y por su trabajo Chaves recibiría una remuneración de cien pesos mensuales. Además, se le proporcionarían los materiales indispensables y un colaborador a quien se le pagaría cuatro pesos mensuales. El 14 de noviembre de 1898 León F. Aragón, ministro de instrucción pública por la ley, le renovó dicho contrato.  

Chaves había nacido en la Villa de Managua el 7 de abril de 1844. Quedando huérfano al morir sus padres en una epidemia de cólera, un maestro de carpintería ––de apellido Velarde–– lo adoptó y enseñó, además de su oficio, las primeras letras. Muy joven se fue a trabajar al Valle Menier, donde los administradores franceses Marcelo Coffe y Adolfo Shiffman le enseñaron su idioma, la taxidermia y algunas nociones científicas. Veinticinco años permaneció allí, regresando a Managua  para perder sus ahorros en el aluvión del 4 de octubre de 1876. Entonces comenzó a trabajar de nuevo, economizando y adquiriendo el predio donde construyó su casa en 1888, y dedicándose al estudio de la arqueología, la botánica, la entomología y la geología. 

En una oportunidad, por un carbonero de Chiltepe, descubrió una momia medio petrificada, con un cráneo muy grueso y casi completo. En otra, cazando pájaros en San Rafael del Norte, le disparó a un jaguar que furioso se le había lanzado encima y dañó su escopeta; la fiera fue herida, cayendo agonizante, y su piel figuró por mucho tiempo en el Museo. En palabras de Gratus Halftermeyer, Chaves “exploró montañas vírgenes en busca de lo exótico y de las rarezas de la vegetación, anotó, estudió, analizó, y con el esfuerzo propio llegó a ser el primer taxidermista de Nicaragua. En una de sus exploraciones, los indios Caribes de la Costa Atlántica lo capturaron y encerraron para matarlo. Pero una incidencia feliz, Chaves escapó de la muerte”. 

El Museo Nacional se inauguró en 1900. Su primer director fue el salvadoreño David. J. Guzmán (1843-1927). En 1902 Chaves motivó a su segundo director, Alejandro García, para incluir colecciones de ciencias naturales. El tercer director, Miguel Ramírez Goyena, escribe su famosa “Flora nicaragüense”. Por fin, en 1906 Diocleciano Chaves es nombrado director y para 1909 el nuevo museo es ya Museo de Historia Natural y Arqueología. El jesuita Ignacio Astorqui escribe: “El nuevo director se relaciona con los principales museos del mundo que le ayudan en la clasificación científica de sus ejemplares y le invitan a sus congresos como representante de Nicaragua. El botánico William Maxon, de la Smithsonian, le dedica una de las plantas nuevas enviadas desde Washington. En 1907 Seth Eugenie Meek viene a Nicaragua y comienza a estudiar los peces del Lago. Don Diocleciano le ayuda y hospeda; en agradecimiento, Meek le dedica el nombre científico del Sabalete: Dorosoma chavesi”. 

En resumen el autodidacta Diocleciano Chaves fue el verdadero fundador del Museo Nacional ––institución a la que entregó todas sus energías–– y un modesto representante de la ciencia en Nicaragua. Recogió con verdadero entusiasmo y cariño animales, plantas con sus nombres populares y usos medicinales, objetos antiguos del país, etcétera, dejando impresos los trabajos: Apuntes de historia natural (1901), Catálogo descriptivo de la colección arqueológica del Museo Nacional de Nicaragua (1914 y 1927) en dos partes, Parrafitos de geología y botánica centroamericana (s.a.) y Lista preliminar de las plantas de Nicaragua (1931). 

También publicó un catálogo descriptivo de la colección zoológica del Museo y varios artículos sobre ornitología de Nicaragua. Entre sus investigaciones inéditas dejó una sobre lepidodópteros (mariposas). Fue colaborador de la Academia Imperial de Kokaido, Japón; del Museo Etnográfico de Leipzig, del Museo Británico de Londres, del Field Museum of Natural History de Chicago y de la Smitsonian Instituto de Washington. Falleció en Managua el 28 de octubre de 1936.