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Entre más vamos viviendo y recorriendo lugares inhóspitos de la ciudad, lugares transitados y lugares comunes de cada quien, la sociedad y la variedad de personas en este mundo nunca dejan de sorprender, pues actividades o visiones que algunos tienen, parecen normales para otros pueden ser acciones asquerosas y extremistas que no presentan respeto. Después de todo, vivimos en Nicaragua, acá se puede encontrar de todo y debemos aprender a convivir. 

Ni siquiera los buses interlocales que viajan a los departamentos se salvan. El acoso y el morbo están presente en todos lados. No se puede ir sentado tranquilo, siempre con las molestias del estrés y pensamientos extraños, porque siempre habrá más de algún individuo atento para morbosear a una adolescente o una señora. En las rutas ni digamos, hombres que van tocando traseros al descaro y con sigilo.

Lo más preocupante es que mucha gente que va en el mismo bus ve lo que pasa, ve los abusos, ve los robos a mano armada y no dicen nada, bajan la cabeza y callan. Dicen que para no meterse en problemas. 

Seguimos viviendo una sociedad que se sumerge en el alcohol y las drogas. Una sociedad donde los bares son el principal atractivo popular, y no es que esté mal porque todos tenemos derecho de divertirnos, pero sin excesos. 

Tenemos que lidiar a veces con machistas con un razonamiento bien pequeño y con una mente tan cerrada que no se ajusta al progreso que una sociedad necesita en un mundo tan agitado y cambiante. Hombres que cometen femicidio y mujeres que se quedan calladas y sometidas. 

Las redes sociales ahora son parte de la vida de cada uno, está tan compenetrada que estamos pendientes del WhatsApp y en el Facebook. Guardas de seguridad, policías, vendedores y choferes están chateando mientras tiene que cuidar algún local y hasta los motociclistas se detienen en los semáforos para responder algún mensaje. Se ha vuelto parte de la vida diaria. 

Creo que no es cierto que los jóvenes no pensamos, no analizamos, no tenemos intereses por estar inmersos en canciones del krippy y el kush —otros escuchamos otra cosa—, pero tal vez nos falta enfocarnos más en el país y no dejarnos sorprender con noticias falsas en las redes sociales que buscan crear conmoción y likes. 

La sociedad está bombardeada de noticieros amarillistas, notas rojas y sangrientas a la hora del desayuno, almuerzo y la cena y algunos nicaragüenses ansiosos por ver quién murió y cómo murió, sin darnos una esperanza de vida al país.

Hay jóvenes que entran a carreras universitarias “fáciles” porque no llevan matemáticas y no decidieron a tiempo qué hacer con sus vidas y se pierde el tiempo después, eso es grave para ellos, para su familia y para el país que invierte dinero en la educación y debemos reflexionar sobre eso. 

Comunidades y barrios que viven sin agua potable mientras una tormenta les da agua de sobra y quedan inundados. Ladrones en las calles que dicen ser del Dimitrov para meterte en miedo.

Poetas y escritores emergentes en esta enferma sociedad que son cuestionados y vistos con menosprecio por otros poetas solo porque consideran ser superiores. 

Policías de tránsito que multan a ciclistas que participan en carreras. Vigilantes que no dejan entrar a los parques de uso público sin razón y por caprichos y sin ninguna autoridad.  

Algunos dicen que somos una sociedad enferma, pero yo veo las iglesias cristianas llenas de gente orando y más radios y canales de televisión de origen cristiano al aire orando. 

Tal vez estamos más dispersos y más individualistas y nos falta ser más solidarios y más humanos y hasta más patrióticos, y a los jóvenes nos toca empezar para no quejarnos después.