Miguel Carranza Mena
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Es sabido por todos que ningún presidente puede gobernar a un pueblo o con una guerra civil alimentada por una potencia militar extranjera.

Eso le pasa al presidente sirio Bashar al Ássad desde 2011, cuando el país más poderoso del mundo decidió violar su soberanía apoyando a un grupo opositor con el único objetivo de fortalecer sus intereses geopolíticos en Próximo Oriente.

Las víctimas, sin la menor duda, han sido miles de inocentes y miles de refugiados. Pero lo peor estuviera pasando si la segunda potencia militar del mundo no hubiera intervenido para hacer valer la autodeterminación de este pueblo también asediado por dos grupos terroristas: el Estado Islámico y el Frente Al Nusra.

Los críticos del Kremlin señalan que el mandatario ruso Vladimir Putin tiene sus intereses para mantener a Al Ássad en el poder. Esto hasta cualquier persona con tres dedos en la frente lo sabe, pues Moscú no quiere que los radicales del Estado Islámico ingresen al Cáucaso norte ruso. Es una cuestión de seguridad del país más grande del planeta.

Hace un par de años el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés) reveló que los extremistas habían llegado al Cáucaso norte de la Federación de Rusia, donde subordinaron a varias unidades de guerrilleros. Entraron a las repúblicas de Daguestán, Chechenia, Ingushetia, Kabardino-Balkaria y también en las regiones situadas al sur de Rusia como Stavropol y Rostov.

(EI) incluso creó, según ISW, en el Cáucaso norte ruso, un califato (sistema político de ideología del islam) con el nombre de “Vilayat el Cáucaso”, con el cual ha hecho amenazas al propio presidente ruso Vladimir Putin.

Por tal razón, la administración rusa decidió exterminar desde septiembre de 2015 al Estado Islámico, enraizado en Siria, para que esta ideología no llegue a territorio ruso, donde ya  hay ciudadanos que se han convertido. 

En esta dura labor de autoprotección y de apoyo al pueblo sirio, la Federación de Rusia ha tenido bajas humanas, la más reciente es la del general Valeri Asápov. Su muerte provino precisamente del apoyo de las tropas norteamericanas a las “Fuerzas Democráticas Sirias” en la zona de Deir Ezzor.

Y es que mientras más avanzan las tropas gubernamentales sirias hacia el este, más se observa presencia de soldados estadounidense detrás de Deir Ezzor en Al Tanaf. Pareciera que los soldados norteamericanos crean un obstáculo para la liberación completa de Deir Ezzor y de Siria. 

¿Que si Rusia tiene sus intereses en Siria?... sí, y es también demostrarle a las potencias locales su peso en Oriente Medio. Ya Turquía y Arabia Saudita lo están reconociendo.

Solo falta darle tiempo al tiempo  para que las tropas gubernamentales sirias, con apoyo de los soldados rusos, exterminen de una vez por toda a los extremistas islamitas y devuelvan la tranquilidad y seguridad al mundo de hoy.

Los rusos ya lo hicieron en 1945, cuando frustraron los planes de Hitler de dominar el mundo. En esa época, como hoy, los rusos también actuaron por autoprotección y en defensa de sus intereses.