•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El genio y físico Albert Einstein dijo: “Nunca perdáis curiosidad por lo sagrado”. Fátima merece y requiere esa curiosidad. En la historia, las apariciones de Fátima sucedieron entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917.

El lugar fue Coba De Iría, Fátima, Portugal. El nombre de esa parte baja de la colina significa “cueva de la paz”. Nada de lo que sucedió en los nombres, secuencia, lugar, personas, contexto de Portugal y mundial, pasó al azar, ninguna casualidad. Es una increíble cantidad de simbologías y mensajes que con el tiempo se han comprendido. Enterarnos, por ejemplo, de que el nombre de este pueblo de Fátima (se dijo en el artículo anterior) se dio a este territorio durante la ocupación de los musulmanes para recordar el nombre de la hija del profeta Mahoma. Fátima como enlace de cristianos y musulmanes; un mensaje de paz y cese de muerte y sangre entre religiones.

Paz  en el contexto de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) que destruyó imperios, e hizo nacer otros, para detener las masacre por la lucha de poder entre naciones. Ambos tipos de guerras hoy siguen manteniendo las huellas profundas de lobo. Somos tan duros de cabeza y corazón. En la tercera aparición, 13 de julio, Lucía dos Santos preguntó por su nombre a la Señora y pidió un milagro para que se creyeran. Ella anunció que en octubre (sexta aparición) diría su nombre y haría el milagro. Fueron tres niños analfabetas, de un pueblo remoto; ni científico, ni doctor ni académico. Similar a la forma que Jesús seleccionó a los apóstoles. Y no se dijo ninguna frase o palabra que no se entendiese: sencillez tal que los niños Jacinta y Francisco Marto, de 6 y 9 años, (almas simples, buenas y puras) lo comprendieron.

En  contexto de guerra, con un día ensopado en lluvia y lodo que, según narran diarios de la época, como “O Seculo” llegaba a varios centímetros; pastorcitos y multitud no se detuvieron. La desconfianza ante aquel clima cerrado que no aminoraba, trajo reclamos y burlas contra los niños que mantuvieron ese tipo de firmeza de fe que hoy tanto nos falta. En Fátima ha tenido mayor cobertura y análisis sus secretos, y lo referente a ese último día del “milagro del sol”, del que se puede encontrar abundante literatura que dan fe y veracidad por aproximadamente 70,000 testigos de los hechos, cantidad de curaciones, y visión a unos 40 km a la redonda. Pero existe otro elemento central que no se ha destacado ni se le ha dado la debida justicia del mensaje aún; así como tampoco a las imágenes que vieran los pastorcitos ese sexto día, alusivos a los misterios: gozosos, dolorosos y gloriosos del Santo Rosario. Se trata hoy de traer a la memoria cuando la Virgen de Fátima presenta a Lucía a La Sagrada Familia (San José, el Niño Jesús y la Virgen María).

Con ello presenta el secreto de donde iniciar la construcción de esa paz en el mundo, la base: la familia. De manera que no solo es paz en cada uno de nosotros en el encuentro con Dios-Hijo-Espíritu Santo, sino paz en la familia para lograr la paz interna y entre las naciones. Porque es de ahí donde nacen, se forman y saldrán gobernantes, soldados y población (hombres y mujeres). Y es desde ahí, desde donde se debe proteger y conservar: al hombre, al hijo y la madre como integrantes partes, complementos del total a como es la familia. Seguramente ha pasado esto porque es hoy el momento y hora de mayor precisión, en que hemos de rescatar como sociedad esa imagen de la familia en sus componentes, cuando existen tantas campañas mediática que se inclina al ataque, inhabilitación, menosprecio, sospecha y culpabilización del hombre sobre cualquier cosa que pasa o que sea posible que pase.

Y en este ataque lateral, de costado y casi invisible, lleno de “buena voluntad”, que se está lesionando de muerte parte de la estructura de la familia: objetivo verdadero. En la imagen de la que narra Lucía, de ese último día, aparece José con el niño en brazos, anticipando lo que hoy vivimos, para el rescate de la figura del hombre como complemento y protector de los hijos en la familia. Cita Lucía en sus Memorias a San José, con el niño en brazos, bendiciendo  tres veces al pueblo, algo que repitió el Niño Jesús. Bendición desde los corazones, desde la Sagrada Familia, anticipando lo que hoy se vive, lucha, que es el pretendido de destruir la familia. Esa imagen última invita y señala su mensaje, su defensa.