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La raíz de los problemas que ocasiona Costa Rica a Nicaragua por el uso de las aguas del Río San Juan no debe interpretarse jamás, “de ninguna manera”, como un diferendo limítrofe. Ni debe someterse o mantenerse como tal ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, ni ante ningún otro tribunal del planeta. No obstante, Nicaragua debe agotar las vías diplomáticas para impedir los daños que Costa Rica ha venido ocasionando acumulativamente al río y su cuenca, y demandar la correspondiente reparación e indemnización.

Desde hace 65 millones de años, la historia geológica del planeta separó por el Mar o Canal de Tetis las dos grandes masas continentales en que se dividió el supercontinente Pangea II, entre la masa continental de Laurasia por el norte, INCLUYENDO A NICARAGUA en Norteamérica; y la masa continental de Gondwana, por el sur, constituyendo la actual Suramérica. Nicaragua quedó ubicada en tierra firme de Laurasia, formando parte de la actual Norteamérica junto a las demás repúblicas centroamericanas con banderas bicolor azul y blanco; y separadas de la actual sur América. Ni Costa Rica ni Panamá habían emergido del lecho marino y permanecían bajo las aguas del Mar o Canal de Tetis.

Cuando se produjeron los movimientos volcánicos y los choques de las placas tectónicas Caribe, San Andrés, Coco y Nazca, que elevaron del lecho marino al sur de Nicaragua, emergieron del fondo del mar de Tetis los actuales territorios de las más recientes repúblicas de Panamá y Costa Rica. Estos acontecimientos desgraciados para Nicaragua, soldaron el Istmo centroamericano que conecta de manera perjudicial América del Norte con América del Sur. La geología histórica, la biogeografía (migración de plantas y animales) y las migraciones humanas desde el norte hacia el sur lo confirman de manera categórica, indubitable y científica.

El Golfo de Nicoya, por el Océano Pacífico, es parte geológica, histórica y cultural de Nicaragua, y consecuentemente de América del Norte; límite geográfico cultural de la región conocida ahora como Mesoamérica. (Zona cultural comprendida desde México hasta el Golfo de Chira, San Lucar o Nicoya, asiento además de la Villa de “Bruxelas”, primer asentamiento fundado por los españoles en Nicaragua, y lugar del encuentro del cacique Nicarao con los expedicionarios de Gil González).

Nicoya no es objeto de discusión, su propiedad y ocupación ni siquiera es parecida a la situación de Jerusalén en Tierra Santa para los pueblos judío y árabe: pues Nicoya es “Cuna exclusiva de la nicaraguanidad”, (base fundacional del encuentro de la cultura Europea y Americana). El descubrimiento y la población de la reciente Costa Rica se realizó desde Nicaragua con recursos humanos y materiales nicaragüenses y animales domésticos cuya descendencia subsiste allá. Hasta Nicoya por el Pacífico llegaron las corrientes migratorias humanas que atravesaron el estrecho de Bering desde el Norte de América hace unos doce mil años, y el flujo de otros inmigrantes a Norteamérica por el Pacífico y Atlántico que venían mezclados con estos inmigrantes del norte.

Nicoya, y no Costa Rica o el Tapón del Darién en Panamá, marca el límite de las migraciones humanas del norte hasta el sur de Nicaragua. 45,000 artesanías precolombina nicaragüenses que exhibe comercialmente el museo nacional de Costa Rica en San José ratifican este acierto. Un país reciente como Costa Rica, sin antepasados nativos, sin naturales o pueblos indígenas, no tiene derecho de presentar el patrimonio prehispánico nicaragüense como propio. Costa Rica ha alentado, sustraído y mantiene estas piezas arqueológicas ilegalmente saqueadas de Nicaragua y debe regresarlas.

La propiedad, dominio y sumo imperio sobre las aguas del San Juan, desde su nacimiento en el Valle de mis antepasados en San Gabriel (Jinotega), a través del lago Apanás, el embalse de Santa Bárbara, el Lago Xolotlán y el Cocibolca hasta su desembocadura por todo su recorrido hasta su desembocadura actual en la bahía de Moín en Punta Limón, hasta donde es navegable nuestro río y sus aguas. Pertenece sin ningún género de duda, ni de discusión siquiera: a Nicaragua. No es necesario dragar la barra de San Juan de Nicaragua si nuestro Río San Juan desemboca en Punta Limón.

El RSJ desde su nacimiento en Jinotega, (en una cuenca de más de 70.000 Kmts2), hasta su actual desembocadura como río navegable en la había de Mohín en Punta Limón, (extremo sur de la Mosquitia nicaragüense o Veragua) son territorios ancestrales de los pueblos aborígenes nicaragüenses hasta donde el Río San Juan es navegable con barcos regulares.

El San Juan es navegable hasta y desde la Bahía de Mohín hasta los lagos Cocibolca y Xolotlán, pertenecen sus aguas, íntegramente a Nicaragua, quien tiene por derecho y debe ejercer su dominio y sumo imperio sobre todas sus aguas y sus territorios y recursos naturales. La margen derecha o sur de medio curso del río, y suroeste del curso inferior hasta la desembocadura del río San Juan por Mohín al Caribe: por el Tratado Jerez Cañas, y los laudos posteriores, dejó meridianamente establecida como la línea divisoria con la República de Costa Rica en la margen o ribera sur este o banda derecha, aguas abajo por todo su curso navegable desde el Gran Lago por donde pasan sus aguas, hasta la Bahía de Mohín a cien kilómetros, donde actualmente desemboca nuestro río en el Mar Caribe.

El Presidente de los Estados Unidos de América Mr. Grover Cleveland, el Subsecretario de Estado el Honorable Jorge L. Rives y el brillante ingeniero E.P. Alexander asestaron con el Laudo Cleveland y los cinco laudos posteriores de Alexander, el tiro de gracia que terminó con las pretensiones inglesas, y las de otras coronas europeas y hasta con el atrevimiento de Colombia de usurpar los derechos nicaragüenses sobre la ruta del canal interoceánico y nuestro Mar Caribe, reconociendo a Nicaragua la propiedad absoluta “dominio y Sumo Imperio”, sobre todas las aguas del Río San Juan.

Estas aguas incluyen, como es lógico y elemental recordar, los afluentes del caudal principal. De forma similar al sistema sanguíneo del cuerpo humano, no puede concebirse el sistema sanguíneo con una sola vena, sin arterias ni ramificaciones menores a todos los órganos del cuerpo. Así, no puede negarse de ninguna manera que los afluentes del Río San Juan que convergen al caudal desde el norte y centro de Nicaragua y desde nuestros territorios del Partido de Nicoya y el Distrito de Guanacaste administrados aún por Costa Rica, y severamente destruidos en sus potencialidades: Son nicaragüenses.

El ciclo hidrológico, del que fluye la aserción de que el agua es una sola, y que sólo debe haber una categoría de aguas, es la base de las legislaciones modernas para considerar el agua como recurso no como cosas susceptibles de apropiación por particulares. Los seis recursos naturales básicos agua, flora, fauna, minas, suelo y espacio aéreo, se caracterizan por su valor, actual o potencialmente útil al hombre, y no por sus posibilidades de apropiación.

Una sentencia de la Corte Internacional de Justicia de la Haya, que lesione o afecte el derecho de Nicaragua sobre “las aguas” del Río San Juan, y sus afluentes, elevaría el nivel del conflicto de baja intensidad que ha sostenido Costa Rica contra Nicaragua, desde que aquel país empezó a contratar filibusteros ingleses, alemanes y esclavistas norteamericanos para cercenar Nicaragua hace 150 años, y esta vez no recibiríamos a los sucesores de Don Juan Rafael Mora en Rivas, sino en los confines del sur de Nicoya, o el Distrito de Guanacaste en la bahía caribeña de Moín. “Alea ecta est”