Esteban Solís R.
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La publicación semanal en lengua inglesa The Economist llegó a considerar al presidente de China Xi Jinping como el hombre más poderoso del mundo e incluso, no son pocos quienes lo sitúan a la par de líderes históricos de la estatura de Mao Zedong y Den Xiaoping.

En estos días se celebra el 19 Congreso del Partido Comunista de China con el que Xi cumple la mitad del período de su mandato con un rol muy activo a escala mundial pero con Latinoamérica en primer plano de su expansionismo económico, político y militar. Decíamos en un artículo anterior que dirigentes de todo el planeta estarían atentos al desarrollo del congreso, especialmente en la región asiática y que un país en particular no se iba a perder la letra menuda de ese evento: Taiwán, que  ha visto estupefacto, cómo el “gigante rojo” con Xi a la cabeza se ha acercado a esta zona invirtiendo decenas de miles de millones de dólares, facilitando préstamos para obras de infraestructura y comprando con desenfreno materias primas para satisfacer su consumo interno.

Esa ofensiva le ha dado réditos políticos a China en detrimento de Taiwán con la pérdida de algunos de sus aliados en Centroamérica. El poder de Xi pisa más fuerte en el Istmo. Es por ello que los dirigentes de la isla están vigilantes tomando en cuenta que el líder chino con un poder casi omnímodo se encamina al complemento de su mandato que no ha estado exento de tensiones, roces y reclamos a  ambos lados del estrecho.

Sin embargo, hay otro elemento que perturba a las autoridades de Taiwán y en especial a su presidenta Tsai Ing-wen, porque a corto o mediano plazo pudiese tener consecuencias irreversibles y desastrosas para la sobrevivencia de la isla. A primeros días de noviembre el presidente Donald Trump comenzará una gira por Asia y en su agenda tiene visitas programadas a Japón, Corea del Sur, Vietnam, Filipinas y China. Aquí es donde “aprieta el zapato”. Hay preocupación de que Trump, que se reunirá con su homólogo Xi, utilice a Taiwán como moneda de cambio para favorecer y fortalecer sus relaciones con Beijing.

Según medios de comunicación taiwaneses algunos funcionarios de  gobierno han manifestado que tienen esperanzas de que el presidente estadounidense  no negocie los intereses de la isla para congraciarse con Xi. Diga lo que se diga sobre los bandazos, exabruptos  y salidas de tono del presidente Trump, no se puede negar que es una persona con muchas habilidades políticas y no pienso y por mucho, que vaya  a cometer semejante atrocidad política con Taiwán. Desde hace  63 años existe un “Acuerdo de Defensa Conjunta” en virtud del cual Estados Unidos tiene bajo su protección a Taiwán.

Es verdad, desde la firma desde ese acuerdo a la actualidad hay un universo de diferencia y quizá hoy más que nunca por la seguridad en la región, Estados Unidos mantiene firme ese compromiso.

También es verdad que las relaciones entre China y Taiwán son complejas, polifacéticas y heterogéneas mientras que entre  Estados Unidos y China sin bien esas relaciones no son inamistosas tampoco son amigables. Hasta hay quienes han escarbado en la historia para trasladarse al siglo V a.C. a la famosa guerra del Peloponeso cuando una temerosa Esparta a una emergente Atenas condujo al enfrentamiento entre ambas. Este fenómeno fue expuesto por primera vez por el padre del realismo político, ateniense Tucídides. Será acaso, se preguntan, ¿que China sea la Atenas del siglo XXI? Hoy en día para abordar este asunto también no menos complicado le denominan “La trampa de Tucídides” . Estas acciones bélicas se repitieron a lo largo de los siglos entre otras potencias emergentes contra otras  ya establecidas. Hacen bien los líderes de Taiwán en permanecer expectantes ante el desenlace de ambas actividades y espero que a corto plazo retomen el camino del diálogo para encontrar una fórmula que satisfaga los intereses de cada una de las partes.

estesor59@yahoo.com