Augusto Zamora R.*
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Mientras los huracanes arrasaban islas enteras del Caribe, España, Portugal y California sufrían los peores incendios en años, destruyendo miles de kilómetros de bosques, zonas agrícolas, viviendas...

Murieron centenares de personas, más que por huracanes, dejando paisajes desolados y yermos, que llevará décadas, recuperar. Los huracanes son fenómenos naturales. La mayor parte de incendios, producto directo o indirecto de manos humanas.

Llevamos siglos acumulando una destrucción tras otra. No obstante, mientras éramos pocos, aquella destrucción resultaba asimilable para la naturaleza. Se notaba poco.

Ocurre hoy lo contrario. Somos demasiados y el planeta puede cada vez menos. El 90% de recursos pesqueros oceánicos están esquilmados. El 3% de agua dulce existente en el mundo es poca y está mal distribuida. 

Países como Canadá, Rusia o Nicaragua poseen grandes reservas de agua dulce. No ocurre así en África Subsahariana, buena parte de China o Australia.

La migración hacia Europa de africanos y árabes obedece en parte a conflictos, pero un porcentaje cada vez mayor es resultado del colapso ecológico y medioambiental. 

Las lluvias se desvanecen, el desierto avanza, el hambre asoma. Solo queda emigrar. 

Ha pasado la humanidad la mayor parte de su existencia desconociendo las causas de sus desgracias. Las plagas mataban poblaciones enteras y nadie tenía una explicación. 

Ahora nos sobran. Conocemos las causas de los terremotos, prevemos huracanes, vacunamos de enfermedades, inventamos medicinas, creamos máquinas asombrosas…

Pero seguimos siendo incapaces de entendernos con la naturaleza. Lo que más importa.

az.sinveniracuento@gmail.com