Jorge Isaac Bautista Lara
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El nombre de José aparece por primera vez en la Biblia, como uno de los 12 hijos de Jacob; que constituyó una de las 12 tribus de Israel. El hijo amado de Jacob; que ocasionó la envidia de sus hermanos, quienes lo vendieron y reportaron al padre como que había sido atacado y muerto por un lobo. Vendiéndolo como esclavo. Y como esclavo llegó a Egipto. Sucedió que fue el único que logra interpretar el sueño del faraón de las siete vacas gordas y hermosas; y las 7 flacas y feas. 

El segundo José es el esposo de María: padre terrenal de Jesús. El José, hijo de Jacob, está vinculado a los sueños; a José (el carpintero) se le vincula también con los sueños; pues ha sido en sueño que el Ángel del Señor le anuncia la venida de Jesús:  “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús…” (Mateo 1: 20-25). Según la traducción que se ha realizado de ese mensaje, se dice que realmente el Ángel del Señor lo que le dijo es: “En efecto…”.

Lo que se ha interpretado en el sentido que la Virgen María se lo había comunicado antes y José estaba enterado del estado de María. Un recordatorio a la comunicación, necesidad, que debe existir en la pareja. Fue igualmente por un sueño que se le ordena partir de Belén a Egipto. Y José sin cuestionar tomó a Jesús y María, para huir: “Levántate, y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y estate allá hasta que yo te lo diga; porque ha de acontecer que Herodes buscará al niño para matarlo” (Mateo 2.13). No la piensa; se va con la Sagrada Familia a Egipto.

Se dice fácil, pero el asunto era llevarlo a pie, y la distancia entre estos dos puntos es de varios centenares de km (algunos dicen 1,000 km). José facilitó a la Madre y al niño Jesús lo poco que estaba a su alcance en una situación llena de límites; les proporcionó un burro, él se llevó el camino a pie. En un tercer sueño se le comunica el regreso a Israel; el Ángel del Señor se le apareció en un sueño a José en Egipto, y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel” (Mateo 2: 19-20). La respuesta de José fue de manera inmediata, tardando el tiempo necesario que permitiera reunir sus instrumentos de trabajo con los que debía dar sustento a la Sagrada Familia, con su trabajo de carpintero, y marchó para cumplir: “se levantó, tomó al niño y a su madre, y vino a la tierra de Israel” (Mateo 2.21). Se fue a vivir a Nazaret, cumpliendo con lo dicho por los profetas cuando anunciaron que sería llamado Nazareno.

En la Biblia no aparecen palabras de José, pero sí su referencia a su fama de ser justo, su fe y obediencia; asumiendo como hombre y esposo, su papel de Padre ejemplar. Nosotros no lo estamos siendo. José es el personaje del silencio; un silencio de profundidad (a profundidad) lleno de mensajes, acciones y actitudes de fe. Asumiendo a cabalidad el papel que se le designó en el proyecto de Dios.

De su vida y muerte no dice casi nada la Biblia. Es Santa Ana Catalina a quien se le revelaron detalles de su vida, la de Jesús y de la Virgen María. Es en la VI aparición de Fátima, se muestra a José, a Lucía, cargando al niño Jesús en la Sagrada Familia: al lado del corazón, a la altura de sus hombros, al lado de su rostro, rodeado de su brazo en protección y unión. Fátima se adelanta, sobre lo que se avecina, sobre el centro del actuar humano en proteger la familia para lo que vendría, y que hoy vivimos a lo crudo. Donde en el absurdo de la libertad se banaliza la familia constituida por hombre y mujer.

Fátima da la tarea en su VI aparición de una manera tan sencilla, que hasta hoy apenas comprendemos, por lo tanto que nos distraemos en cosas tan burdas y banales: José marcando en nosotros los hombres, nuestro papel de protección, cuido y custodia de la familia; dador y generador de amor a la par de una madre. A las mujeres: manda el ver en el hombre no al enemigo, ni competidor, sino al complemento y parte de esta familia que hacen posible los hijos nacidos del amor, no del laboratorio.