Samuel Danilo Madrigal Fornos
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La actividad de las minorías dirigentes para someter a las mayorías en las diferentes etapas de organización de la sociedad, ha sido concebida y puesta en práctica, gracias a la articulación credibilidad-autoridad, fenómeno que se ha podido verificar y constatar, gracias a la intervención de la historia y la filosofía, hasta que los enfoques sobre el tema se analizan como políticos. 

La reserva ideológica de las minorías en el poder fue fundada en los recursos religiosos, que al ser de origen divino eran inagotables, de esta forma se evoluciona del estado pagano, a las monarquías despóticas, de las monarquías despóticas, a la monarquía parlamentaria, de las monarquías parlamentarias a las instituciones republicanas, manteniéndose el principio de creencia-autoridad en favor de las minorías de Gobierno, en casi todas estas etapas de la evolución del Estado. 

Con la aparición de los partidos de masa, se deslegitimiza la acción de las facciones (organizaciones de notables), en favor de organizaciones representativas de las mayorías, en el último estadio de la evolución, es decir, con las instituciones republicanas, momento en que la creencia-autoridad se convierte en algo terrenal y popular.

Los partidos de masa cambian las reglas del juego político en detrimento de los partidos de notables, los primeros articulan su autoridad y credibilidad en la legitimación de los valores políticos, que defienden al campesinado y los trabajadores con un líder surgido de sus bases. 

Los segundos (liberales y conservadores, en algunos países de América Latina), tienen en la acción política que encontrar un líder, en ocasiones con carácter mesiánico, capaz de transmitir el mensaje y legitimarse dentro y fuera del aparato político, a falta de ello, crear el mensaje, y divinizar al líder, es decir concederle las atribuciones para cambiarle la vida a las mayorías, por medio de un programa o proyecto de sociedad.

Sin embargo, hay que subrayar que la adaptación de la máquina política a las circunstancias de lucha política no se realizó de forma cualitativa en los “partidos del turno nicaragüenses” (liberales y conservadores), perdiendo lentamente el principio de autoridad, a causa de dos fenómenos: el primero sociopolítico, debido a falta de identificación de la organización partidaria con sectores específicos de la sociedad, dichas organizaciones no han tenido nunca, una clase social a quien representar, puesto a parte sus intereses de clase. Han sobrevivido en la historia política reciente, gracias a pactos, no por objetivos, o proyectos políticos.

La segunda, está siempre enmarcada en la ciencia política, ya que no se tecnificó la dirección de la organización política con politólogos capaces de planificar y desarrollar sofisticadamente las disposiciones de mantenimiento y vigilancia de identificación de la organización con las sociedad nicaragüense. Los partidos del turno político (liberales y conservadores) en Nicaragua, siguen manteniendo las características de los viejos partidos de cuadros: sin militancia permanente, sin adherentes, sin ideologías políticas, liderados por notables, que ponen en marcha la máquina solo en períodos electorales.

En el contexto actual, la derecha nicaragüense se encuentra desorganizada, desarticulada, falta de ideología, carente de liderazgo, sin proyecto político nacional, lo que permite a sus dirigentes, más bien representantes, no consensuar ideas de gobierno y participar en las elecciones en base a intereses personales. Podemos deducir según lo definido, que esos partidos, en este momento, son incapaces  de crear una corriente política creíble para la sociedad nicaragüense.

* Dr. en Ciencias Políticas y Diplomacia 

por la Universidad de París X Nanterre, 1988.

Dr. en Ciencias Políticas y Sociología, 

Universidad Complutense de Madrid, 1995.

Exalumno de Maurice Duverger.