Lesli Nicaragua
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En este mundo tan moderno, donde la inmediatez de la tecnología demanda actualizaciones constantes en todos los aspectos de la vida (cultura, relaciones sociales, modo de ver la realidad), se hace necesario recordar elementos sociomorales que nos devuelvan valores humanos permanentes. Uno de ellos es el compromiso de estudiar. Pero no solamente como un medio para conseguir un buen puesto, sino como lo que siempre ha sido: el momento trascendental en que toda persona elige uno de  dos caminos: el del progreso y la prosperidad con esfuerzo, o el del retroceso y la inmovilidad de capacidades.

Porque solo una sociedad de verdades inconstantes, como en la que estamos insertos, crea en las mentes de sus habitantes, sobre todo jóvenes, la idea de que cada decisión tomada es el resultado natural de un orden predeterminado. Sin detenerse a pensar que un único paso dado puede determinar cada futuro. De ahí que los estudiantes otorguen poca importancia a la decisión de estudiar una carrera, porque creen que está integrado en un proceso formativo que ya estaba en curso (primaria y secundaria). Y a la vez observen en la titulación un medio de subsistencia y no un cúmulo de experiencias educativas enriquecedoras, con propósitos claros que lo estimulen intelectual, social y afectivamente.

Aunque se debe tener en cuenta que el compromiso para la consecución de un país y una sociedad de valores avanzados debe ser bidireccional. El estudiante manifestará un alto nivel de responsabilidad con su proyecto socioacadémico si la institución en que se matricula le ofrece los cimientos para el desarrollo de habilidades y disposiciones esenciales para una vida productiva y satisfactoria que se extienda más allá de la culminación de estudios. Esto implica que en la medida en que los alumnos se involucren en ese tipo de experiencias, desarrollarán hábitos que favorecerán su capacidad para el aprendizaje a lo largo de la vida y el éxito en su desempeño profesional y personal.

Así, la aspiración institucional debe ser la articulación, en cada nivel, del reto académico, el aprendizaje colaborativo y activo, la interacción entre el estudiante y el docente, experiencias educativas enriquecedoras y un ambiente de apoyo socioemocional. Además, que las carreras integren un fuerte y eficiente uso de la informática, que permita al alumno mantener una actitud de indagación y curiosidad hacia los elementos y problemas requeridos; a la vez que analicen y valoren los efectos positivos y negativos de las aplicaciones de la ciencia y la tecnología en la calidad de vida y su influencia en el crecimiento de valores morales y culturales.

Solo de esta forma el joven que desee optar por estudiar, tomará conciencia del compromiso que supone todo acto de aprendizaje para su superación personal. Lo que creará en él una actitud crítica de su realidad, resultado de un proceso reflexivo que hace al comparar su estado actual y sus experiencias vividas con un estado ideal. Esto lo llevará a establecer un proceso de mejora continua que le permita actuar, ser o hacer determinada actividad cada vez mejor.  Ese, en última instancia, tiene que ser mayor compromiso de vida: estudiar.

* Periodista, catedrático y escritor.

leslinicaragua@yahoo.com

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