•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Nacemos, crecemos, convencidos de que la leche es alimento esencial. Beber leche es sinónimo de salud, sobre todo en la infancia, y se procura que todos los niños la beban.

El país se ufana de ser gran productor de leche. Una vaca de ubres enormes es símbolo de éxito, progreso, avance. Herejía es imaginar la cocina nacional sin productos lácteos.

Pero en este continente no había leche antes de la invasión europea. Llegaron los Cortés, Pizarros, Pedrarias  y, con ellos, vacas, cabras, ovejas, sobre todo, vacas.

Se llenó el continente de ganado vacuno y, con él, la leche y sus derivados formaron parte de la cultura popular. Se cerraba, así, una migración iniciada decenas de miles de años atrás, en Mesopotamia, donde fue domesticado por primera vez.

Consumir leche parece natural, pero solo para un porcentaje de la humanidad. En China y vastas extensiones de Asia, África, Oceanía y América no se consume leche.

No porque no había, sino porque esas poblaciones eran —son— incapaces de digerirla, pues sus organismos no producen lactasa, una enzima que permite procesar la lactosa, un azúcar polisacárida omnipresente en la leche.

Los pueblos europeos, en cambio, producen lactasa suficiente para procesar la lactosa, razón por la cual la lecha ha sido y es parte esencial de su dieta y cocina.

Los indígenas americanos no producían lactasa. Esa enzima la distribuyó el mestizaje, que permitió crear sociedades lácteas. La historia puede manipularse. La genética no. 

az.sinveniracuento@gmail.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus