Eddy Zepeda Cruz
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

¿Puede considerarse la política como un factor de riesgo para la salud pública? La evidencia dice que sí, casi como una verdad absoluta, con excepción de un 0.1%, similar a las pruebas genéticas en el  caso de estudios de paternidad. El .001% faltante es la excepción de la regla.

Lógicamente que dicha incidencia puede ser positiva o negativa. Lo neutro no existe.

Sin embargo, cuando se intenta identificar las causas de los diferentes procesos se señala nada más lo aparente, lo tangible, dejando pasar inadvertido lo intangible, lo subjetivo, que puede tener igual o más peso en la causalidad de los fenómenos salud-enfermedad. Esa relación es precisamente la que pretendemos vincular en la presente reflexión, a propósito de  la  próxima cumbre climática en Alemania y lo que sucede en Nueva Delhi, donde se decretó una alerta sanitaria  por la descomunal contaminación. 

¿Por qué dicho país es víctima de tales consecuencias? ¿Acaso ha resuelto la miseria de millones de sus habitantes con la presencia de miles de fábricas del mundo occidental que usan sus territorios y a sus habitantes como maquiladoras, esclavos modernos y abastecedores de materias primas, incluyendo sus cerebros? ¿O han obtenido beneficio por el aporte de miles de científicos que trabajan en los países occidentales? La política es justa en estos casos?

La visita reciente del máximo ciudadano norteamericano al continente asiático, donde ya vendió miles de millones en armas, al igual que lo hizo a los países árabes en visitas meses atrás, evidencia la relación negativa entre política y salud. Estrategias de destrucción, muerte y miseria es el resultado final de tales visitas, ¿y cuál es la premisa que le sirve de estandarte? No se puede reprochar a nadie que se aproveche de los demás para el bienestar propio y de los suyos. En ese orden de cosas, a los perdedores, la salud es de los primeros derechos humanos que nos arrebatan. 

¿Y las instituciones responsables de velar por la salud y la estabilidad  del mundo? ¿ONU, OMS, OPS, Unicef, Unesco? Callan cómplicemente ante los genocidios sociales que cometen quienes ostentan el poder económico y militar. Esos mismos que definen las políticas sociales en cada país según sus intereses económicos. Todo eso implica menor y peor salud para las naciones. Eso demuestra el vínculo directo entre política y salud.

Haciendo esta reflexión un poco más aterrizada a lo cotidiano del ciudadano es claro que lo político funciona como un estresor cotidiano que vulnera la capacidad de respuesta del individuo ante las diferentes enfermedades: físicas, sensoriales o mentales. En Nicaragua, ahorita mismo,  las seis muertes post-elecciones municipales como botón de muestra. Más sistemática y permanentemente, los desajustes de las enfermedades crónicas como asma, hipertensión, diabetes, epilepsia, artritis, y las mentales (depresión, bipolaridad, demencias, etc.). Todas las patologías mencionadas representan alteraciones en la calidad de vida de la población, en dependencia del nivel de prioridad que puedan tener dentro de los planes y programas sanitarios, y por supuesto, en la asignación presupuestaria. 

El clamor del ciudadano que se queja de la falta de tratamientos al pasar consulta, de quien espera meses para una cirugía o una interconsulta especializada, del niño de familia disfuncional que no recibe atención integral y corre el riesgo de ser un futuro sociópata, etc., etc.  Eso también demuestra el vínculo política y salud.

Mientras sean los políticos y los financieros quienes definan lo que se debe hacer en materia sanitaria, cuándo y cómo hacerlo, muy difícilmente tendremos atención en cantidad y calidad suficiente para la mayor parte de los ciudadanos del mundo. 

Regidos por la neurociencia del mercado cada vez es más utópico el lema aquel que se designó hace varias décadas en la conferencia mundial de Alma Ata: salud para todos. A pesar de todo. Salud para todos.