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Los hechos históricos, por más complejos que hayan sido, suelen recordarse y transmitirse de forma simple. Se suele describir la Declaración Balfour como el documento que allanó el camino que llevó a la creación del Estado de Israel.

El 2 de noviembre de 1917 el ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour dirigía una “carta de intención” al diputado conservador y banquero Lionel Walter Rotschild, amigo de Haim Weizman, líder de la rama británica de la Organización Sionista Mundial y futuro primer presidente de Israel, verdadero destinatario de la misiva. El 8 de noviembre la carta aparecería en la prensa británica antes de entrar en la historia como la Declaración Balfour.

El texto de 67 palabras, dio pie a un proceso que culminó con la creación del Estado de Israel. En ella el gobierno británico declaraba su compromiso con el sionismo: “El gobierno de Su Majestad considera favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y utilizará sus mejores esfuerzos para facilitar la consecución de este objetivo”.

El Imperio Británico brindó apoyo total al sionismo político para que consiguiesen sus objetivos a costa de la libertad y la autodeterminación del pueblo palestino. El Estado de Israel era y sigue siendo fundamental para los proyectos occidentales en Oriente próximo; la declaración es la “prueba” de que Israel es un producto imperialista, un ente creado de la nada para servir de satélite de Occidente en el Medio Oriente.

Curiosamente, el documento fue criticado duramente por el único miembro judío del gobierno del primer ministro británico Lloyd George: Sir Edwin Montagu, secretario de Estado para India, hizo una clara distinción entre el judaísmo y sionismo. Le preocupaba el estatus y la potencial doble lealtad de los judíos británicos y puso en tela de juicio el derecho de la organización sionista a hablar en nombre de todos los judíos.

En 1917, la población judía de Palestina era inferior al 10% del total de su población. El contenido de la Declaración Balfour se arraigaba en la política colonial racista de la denegación. No mencionaba siquiera al pueblo palestino, ya fueran cristianos o musulmanes, que conformaba más del 90% de la población del país.

El pueblo palestino era propietario de más del 97% de la tierra que Reino Unido pretendía regalar. La Declaración se refería a los palestinos cristianos o musulmanes como “las comunidades no judías que existen en Palestina” al tiempo que omitía por completo sus derechos nacionales y políticos.

La Declaración es típica del estilo supremacista  blanco de la época y encaja con la noción de “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, creada para justificar la colonización europea y la negación de los derechos fundamentales de los palestinos; lo ven una extralimitación de Reino Unido, al que han acusado de entregar tierras ajenas y quien mantuvo el control de Palestina desde 1922, hasta finales de la Segunda Guerra Mundial.

En enero de 1919, el destacado sionista británico Chaim Weizmann, respaldado por la Declaración Balfour, acudió a la Conferencia de París donde demandó una Palestina “tan judía como Inglaterra es inglesa”. Esto constituyó un espectacular logro político y de propaganda para el movimiento sionista internacional, que entonces era un grupo minoritario dentro de los judíos del mundo. 

Constantemente se explican la alianza británico-sionista y la Declaración Blalfour en términos de cálculos de guerra y objetivos estratégicos militares, que incluye la proximidad de Palestina al Canal de Suez, controlado por Reino Unido y la ruta a India. Desde Theodor Herzl a Chaim Weizmann y David Ben-Gurion los dirigentes sionistas eran plenamente conscientes de que se podía garantizar su programa sin el apoyo de las potencias imperialistas.

Esto sucedió en un momento cuando el principio de “autodeterminación para los pueblos del Imperio Otomano” estaba consagrado en los “Catorce Puntos” del presidente estadounidense Woodrow Wilson. Lloyd George abrazó estos principios al tiempo que negaba este reconocimiento internacional del pueblo palestino.

Diplomático, jurista y politólogo.

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