Adolfo Miranda Sáenz
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Dicen que en gustos no hay nada escrito. Asumiendo eso les contaré sobre las que, para mí, son las ciudades más bonitas de Estados Unidos, después de conocer medio centenar a lo largo de muchos años, sin negar la belleza de otras. Empiezo por la tercera, Seatle, en el estado de Washington casi llegando a Canadá, junto al océano Pacífico.  Al igual que Roma, se recuesta sobre siete colinas a lo largo de un istmo entre la bahía Elliott y el lago Washington. Un canal incorpora cinco cuerpos de agua naturales: el lago Washington, el lago Union y las bahías Salmon, Portage y Union, lo que da un toque esmeralda a la ciudad. Naturalmente bella, Seatle, llamada como el jefe de las doce tribus indígenas nativas, es además la ciudad más culta de Estados Unidos por el alto nivel educativo de sus habitantes. Cuenta con abundantes universidades, centros culturales, bibliotecas, teatros, ópera, ballet y una de las más famosas orquestas sinfónicas del mundo. Seis compañías de la lista de las 500 compañías más grandes de los 
Estados Unidos, según Fortune, tienen su sede en Seattle, lo cual no la hace menos bonita.

En segundo lugar, en el Suroeste, en la rica y próspera California, considero a San Francisco, fundada por los españoles en 1776. Desde 1821 fue parte de México, hasta la intervención y anexión por Estados Unidos de la mitad del territorio mexicano en 1848. Caracteriza esta ciudad la gran variedad de culturas que han influido en su formación. Cada uno de los barrios que conforman San Francisco ofrece un color, sabor y ambiente único, y eso hace que todos sean peculiares y permitan descubrir las diversas inmigraciones que han ido participando en el asentamiento de esta preciosa ciudad. Además de los nativos indígenas y colonos españoles, la “fiebre del oro” también atrajo a decenas de miles de personas desde el Este de EE. UU., América Latina, Europa, Australia y Asia. Es famosa por el puente Golden Gate, el edificio Pirámide Transamérica, los tranvías que recorren sus clásicas empinadas calles, su arquitectura modernista y victoriana, y su barrio chino, llamado Chinatown. 

En el primer lugar considero a San Agustín. Al Norte de la Florida, casi en el Estado de Georgia, junto al océano Atlántico se ubica el conjunto San Agustín-Jacksonville, dos ciudades que junto con la “Comunidad no Incorporada” de Saint John, situada entre ambas, forman un solo eje urbanístico. San Agustín es la más antigua y más bella ciudad de los Estados Unidos, fundada por los españoles en 1565. Tiene el encanto hispano de las ciudades coloniales del continente americano. Sus coquetas callecitas estrechas, las construcciones españolas, los balcones, el castillo de San Marcos, el malecón, la playa, los jardines, los coches de caballos, parques, plazas, su preciosa catedral, el antiguo edificio ocupado hoy por el Flagler College y tantas otras bellezas coloniales la ubican entre las más bonitas ciudades del mundo.

Atravesando Saint John -una elegante comunidad residencial- se pasa de San Agustín a Jacksonville, que debe su nombre al presidente de Estados Unidos y primer gobernador de la Florida, Andrew Jackson. Es el sitio de las maravillas acuáticas naturales del norte de la Florida. Las numerosas vías navegables que ofrece el río Saint John, que atraviesa el centro de la ciudad con sus abundantes brazos, así como los bosques y reservas ecológicas, brindan un ambiente de ensueño en un inmenso parque de atracciones de la naturaleza. Jacksonville tiene el mayor sistema de parques (bosques) urbanos de Estados Unidos con más de 114 mil manzanas, y también cuenta con 36 kilómetros de playas vírgenes de arenas blancas, además de los preciosos balnearios de Fernandina, Atlantic, Neptune, Jax Beach, Pontevedra y San Agustín Beach. Toda esta belleza natural está junto a una ciudad moderna y vibrante, la más extensa y de más rápido desarrollo de los Estados Unidos, sin caer en el abigarramiento, congestión y contaminación de smog y ruido de las grandes urbes. Jacksonville tiene un centro o downtown pequeño y a su alrededor crecen núcleos urbanos entre bosques de pinos, como un archipiélago de construcciones en un mar de árboles, respirándose un ambiente de paz y tranquilidad.  

* Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com