Jorge Eduardo Arellano
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*) La verdad es concreta, decía Bertolt Brecht; así que bajémonos del limbo. Le recuerdo el contexto.

Estamos en la última coyuntura preelectoral, viviendo en toda su intensidad el intervencionismo político estadounidense, por dos vías: una, la intervención abierta de sus procónsules, sea Trivelli, Garza, la Kirkpatrick o Burton, y también de sus socios imperialistas. El embajador de España conspira, la embajadora de Suecia conspira, la Unión Europea levanta altanera la voz. ¿Qué se busca? Unir a los partidos clientes, bautizados como “demócratas” (ALN, PLC y MRS), divulgar la tesis de que se prepara un fraude electoral, hablar de una supuesta “intervención” venezolana, y apoyar a Bolaños quien ya había solicitado la intervención de la OEA.

La otra vía de intervención, es la activación de los clientes financiados por la red NED en la sociedad civil, clientes-organizaciones, clientes-medios, y clientes-personas. ¿No me diga que usted no conoce qué es y a qué se dedica la Nacional Endowment for Democracy, NED? Los clientes NED apoyan la intervención de la OEA, repiten la tesis de que se prepara un fraude electoral, y abogan por la unión de los partidos “demócratas”. Algunos clientes NED llegan incluso a pedir un golpe de Estado con el apoyo del Ejército: que Bolaños repita el fujimorazo y disuelva el Congreso con el apoyo del Ejército.

Es en ese contexto, que a usted le financian un publicitado viaje a Washington con viáticos incluidos. Oficialmente se publica que usted viaja a Washington para hacer visitas de cabildeo a favor de la democracia. Mi solicitud, señora Rosa Marina Zelaya, sería que por respeto a los lectores de END, les explicara qué instancia o instancias le financiaron ese viaje, cuánto costaron los pasajes y cuál fue el monto de los viáticos.

*) ¿Usted lucha contra la partidización de las instituciones públicas? Otra vez la ubico en el contexto histórico.

Mariano Fiallos, su antecesor en la presidencia del Consejo Supremo Electoral (CSE), había garantizado la pulcritud de las elecciones del 90, y estaba obsesionado por darle a esta institución un perfil técnico que la protegiera de la politización partidista. Elaboró y presentó un proyecto de formación de técnicos electorales que vigilaran el cumplimiento de las normas en las mesas electorales, lo que no excluía la presencia de los delegados de los partidos. Los partidos “demócratas” en la Asamblea rechazaron el proyecto y establecieron como únicos responsables del cumplimiento de la ley en las mesas electorales a los delegados de los partidos. Mariano, hombre coherente y de principios, renunció a la presidencia del CSE, argumentando con razón que se iniciaba el manejo partidista de la institución. Usted, señora Zelaya, complacida inició la gestión partidista del Consejo Supremo Electoral. ¿Acaso ya no recuerda las urnas tiradas en los cauces durante su gestión?