Jorge Isaac Bautista Lara
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El Dúo Guardabarranco tiene en su repertorio la canción “Araré el aire”, que en uno de sus versos dice: “…el sentir, el querer, el soñar no se toca; lo mejor no se toca…”. Porque existen cosas que no se pueden tocar, y que son para nosotros las más grandes a evaluar “…no hay canción que se toca; son invisibles… son intangibles…el amor, música en el alma…”. Y es que el decidir, el continuar, el celebrar, el motivo de vivir y continuar la vida; tiene mucho que ver con la existencia de personas. Esa referencia no es frase dirigida a una máquina o inteligencia artificial, es clara alusión a seres humanos: insustituibles e irremplazables. La calidad de hijo, hermano, hija, madre, amigo, abuelo, solo la ocupan las personas. Es con ellos con quienes hacemos nuestra “fogata de amor y guía; razón de vivir mi vida”. Para ver la vida hermosa, descubrirla hermosa, solo nos pasa cuando están presentes los otros.

Ellos son los que nos dan “razón de vivir la vida”. Todas estas expresiones de la canción de Mercedes Soza “Razón de vivir”. El humano, lo humano, es lo que nos da motivos en la vida para seguir caminando, no el ente artificial. No convoca un círculo de circuitos, máquinas y similares para celebrar un cumpleaños, o un equipo electrónico. No nos destruye la pérdida de una laptop;  sí la pérdida de un hijo.

Es en torno a lo humano que celebramos y pasamos nuestros días: que se validan los días, que se recuerdan. Y esas celebraciones tienen sentido cuando el público son ellos: Navidad o una cena de Fin de Año. Las familias son de personas. Así como la sociedad la integran seres humanos, no redes y sistemas. El humano, como lo humano, ha de ser en la pirámide de valores, construcción y búsqueda, el máximo y meta.

Toda modernidad y desarrollo lo es solo y únicamente (en lo moral y ético) cuando construye al ser humano; pero cuando este proceso minusvalora, menoscaba, desmonta, castra o destruye lo humano, lo que nos mostrará es el camino de involución. Porque muere con todo ser humano que muere o se aparta, no solo la humanidad de un ser, sino inteligencia que aporta.

En un mundo como el actual de lo que más se necesita es de seres humanos que aporten brazos, corazones, inteligencias, oídos, ojos, etc. para formular las preguntas, investigar, conocer y contestar las leyes de la naturaleza: retos, problemas y preguntas que aún estamos pendientes de resolver y encontrar solución. Pues es la fecha y aún no dominamos las leyes de los vientos (huracanes), de las aguas (tsunami), del fuego (volcanes). Por lo que sabemos, apenas rascamos las bases de ellos, no más. Y del universo, ni se diga en temas sobre los que se tiene leves ideas, no certezas de su naturaleza, cómo funcionan, su origen, en: materia oscura, energía oscura, agujeros negros, agujeros blancos, multiuniverso, velocidad de la luz, etc.

Aún no hemos logrado viajar en el tiempo, aunque sabemos que la fórmula matemática y física ya se conoce desde finales del siglo XX, pero al igual que la bomba atómica, se tenía la fórmula, pero se tardó tiempo en inventar la máquina que lo hiciera posible. Aun tardamos 8 meses en llegar Martes, el planeta más cercano (temperatura bajo cero: 180 a 290), y otros 8 meses de regreso.

Ni siquiera llegamos a la centésima parte de la velocidad de la luz en nuestro saber. Aun no dominamos la gravedad dentro de una nave espacial, de manera que nuestros cuerpos se deshacen al estar por tanto tiempo encerrados en una nave sin gravedad. Y a lo más viajamos y competimos, es la velocidad del sonido, cuando solo en Saturno, los vientos son tan rápidos como 2 veces la velocidad del sonido. O Júpiter con una presión tal que puede mantener en estado líquido el mismo diamante y no disponemos de tecnología para permanecer.

Aún no logramos dominar la profundidad de los mares porque nos tritura su presión, aún no podemos penetrar más allá de algunos kilómetros la tierra porque nos achicharra su temperatura. No hemos inventado la máquina que se estacione en Venus: temperatura y ácidos, 480 grados, derrite cualquier aparato.  Aun tardamos años en llegar a Plutón. 

Nos doblan enfermedades como cáncer y sida. O en temas como el átomo que no hemos logrado inventar la tecnología para verlo, tan solo formular y teorizar, con la certeza de su existencia, nos falta aún descubrir otros de sus componentes, etc. Es lo humano la esencia y lo esencial; es lo otro y el resto, lo instrumental.

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