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El 25 de octubre del presente año se cumplió un siglo del inicio de la Revolución en Rusia, según el calendario juliano, y en el calendario gregoriano es el 7 de noviembre. En la ciudad de Petrogrado (mas tarde Leningrado en la época del socialismo y después con la desaparición de la URSS, hasta nuestros días San Petersburgo); fue la segunda fase de la Revolución Rusa de 1917, tras la Revolución de Febrero.

El gobierno provisional insistía en continuar la guerra (muy impopular), impidiendo aplicar las profundas reformas que exigía la población. La ausencia de estas, hizo que el programa bolchevique, reflejado en sus consignas de “paz, pan y tierra” y “Todo el poder para los sóviets” (consejos), ganaran partidarios rápidamente en el otoño de 1917; que desencadenaron una intensa campaña de propaganda en la capital, por entonces Petrogrado.

Días antes de la revolución quedó claro que una insurrección armada de los bolcheviques contra el gobierno provisional (como defendía Vladimir Lenin), sería rechazada por las masas. Fue aprobada la toma del poder, siguiendo una estrategia defensiva, dirigida principalmente por León Trotski, asegurando el traspaso del poder durante el II Congreso de los Sóviets a punto de celebrarse.

Sería el Sóviet de Petrogrado y no el partido, quien tomara el poder; cualquier intento de resistencia del Gobierno se presentaría como un ataque contrarrevolucionario. La orden gubernamental de enviar parte de la guarnición al cercano frente, desató la revolución.

El poder del nuevo gobierno se desplegó por el país en diversas fases, con graves enfrentamientos en algunas zonas, como Moscú. El debilitamiento militar de la oposición y la popularidad de las primeras medidas, favorecieron a Lenin y sus seguidores. El rechazo de la oposición más radical a la toma del poder, llevada a cabo por los bolcheviques y la incapacidad de arrebatárselo a través de las instituciones, condujeron al país.

La guerra civil dio pase a un cambio importante en las costumbres. Desde finales de 1917, una serie de decretos dio inicio al reconocimiento del derecho de las mujeres a trabajar jornadas de 8 horas, negociar el importe de los salarios, preservar el empleo en el embarazo, asegurar cuidados a sus hijos en las horas de trabajo, y derechos políticos similares a los de los hombres.

Ello se fomentó desde una perspectiva emancipadora y para paliar el déficit de mano de obra provocado por la guerra. A inicios de 1918, el régimen impuso el triple principio de laicidad, gratuidad y obligación de la educación.

El número de escuelas aumentó entre los años de 1917-1919: el presupuesto de educación pasó de 195 millones de rublos en 1916 a 2914 millones en 1918.

El nuevo entorno político y cultural favoreció el nacimiento de corrientes nuevas y debates de escuelas; existen pocos países que dedican tanto dinero a las bellas artes, teatro, literatura o a la pintura como la URSS.

El hombre occidental ha perseguido una utopía igualitaria desde la antigüedad, y la Revolución Rusa en su momento, fue la encarnación de la posibilidad práctica de establecer esa utopía. 

Inicialmente se dieron convulsiones sociales, políticas, económicas y violencia; similar a lo ocurrido en la Revolución Francesa. Este movimiento fue necesario para cambiar un régimen y establecer otro completamente diferente.

La política represiva del régimen soviético fue producto de presiones internas (contrarrevolución) y externas (la reacción de las potencias internacionales). Otro resultado inmediato fue la firma del tratado de Brest-Litovsk, y la fragmentación del Imperio ruso.

El nuevo régimen, paulatinamente fue conquistando su reconocimiento internacional: en 1922 fue reconocido por Alemania (su aliada por los acuerdos de Rapallo); en 1923 por China; en 1924 por Reino Unido, Francia e Italia; en 1933 por los Estados Unidos, antes de su entrada en la Sociedad de Naciones en 1934.

La revolución contra un régimen zarista fue el mayor experimento socialista de la historia, logrando convertirse en una unión de repúblicas, llegando a ocupar la sexta parte de la superficie terrestre del planeta.

La desaparición de la Unión Soviética, fue una derrota para la humanidad por el fracaso económico, político y social, y por su eterna aspiración de crear un mundo mejor.

* Diplomático, jurista y politólogo.

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