Aminta Buenaño
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La amistad es importante para la vida, no solo entre personas, sino también entre países.Y especialmente cuando los une la misma lengua, costumbres, tradiciones. Una idiosincrasia, una historia y un mismo continente, apasionado y telúrico. La amistad entre Ecuador y Nicaragua tiene más de un siglo, pero la Embajada del Ecuador fue fundada un 18 de mayo de 1959 en tiempos en que reinaba el segundo miembro de la dinastía Somoza, Luis Somoza Debayle. El primer embajador ecuatoriano fue el excelentísimo general Don Cornelio Izquierdo Arizaga. Pero como suele suceder con todo, esto era lo oficial, la amistad se remontaba desde hace añales. Del tiempo del inolvidable Eloy Alfaro, el viejo luchador, “el general de las derrotas”, amado y reverenciado por sus compatriotas como el mejor ecuatoriano de todos los tiempos. En sus andanzas por liberar al país de la mitad del mundo de los oprobios y las dictaduras, tenía relaciones con las grandes figuras de la época, viajaba por diferentes países, entre ellos, al país del incesante retorno: Nicaragua.

Siempre he sostenido que un vínculo de amor entre Ecuador y Nicaragua fue Eloy Alfaro. El viejo luchador amaba tanto a Nicaragua que la visitó varias veces y estuvo dispuesto, incluso, a desenvainar su espada frente a los peligros y acechanzas extranjeras que la amenazaban. Por ello y por otras muchas de sus hazañas, el Congreso de Nicaragua en 1895 le dio el título de general de la República; 117 años después el gobierno del Ecuador  le otorgaría un reconocimiento post mortem con la misma altísima dignidad. Fue muy amigo y coideario del presidente nicaragüense José Santos Zelaya y de su ministro Fernando Sánchez, en cuya casa se hospedaba en sus frecuentes visitas a Nicaragua.

Caminando por las calles de León, tuve la emoción de descubrir sobre el marco de una vieja casa patrimonial una placa en que se recordaba que allí vivió el ilustre general que cambió la vida del Ecuador decimonónico y feudal en un Ecuador pujante y progresista. El padre del Modernismo, Rubén Darío, cuando tenía 18 años, tuvo la oportunidad de entrevistar al presidente Alfaro en su primera visita a Nicaragua en 1885 y reconocía a “ese legendario luchador, a quien he conocido con intenso placer y cuya mano he sentido entre la mía, con una especie de veneración gozosa…” Rubén Darío, en su juventud miró con ojos reverenciales,  al gran escritor ecuatoriano Juan Montalvo Fiallos, cuya prosa altisonante y castiza, látigo de todos los tiranos, fue imitada en sus primeros años por Darío. Rubén escribió en honor al poeta ambateño una poesía titulada Epístolas, en las que en casi 500 versos exalta al escritor ecuatoriano, lo llama genio, creador de la epopeya de la burla, dice que Montalvo es “admiración de la cansada Europa y orgullo de la América: tu madre.” Esta bella epístola muestra un vasto conocimiento de los clásicos en un adolescente Darío y una admiración enorme por la literatura montalvina.

Por estas tierras volcánicas han pasado también corazones volcánicos, de exquisitas sensibilidades, importantes escritores cumplieron misiones diplomáticas como el gran poeta Jorge Carrera Andrade, Francisco Proaño Arandi, Alfredo Luna Tobar, Galo Galarza, Antonio Preciado Bedoya, entre otros. Y las tradicionales relaciones diplomáticas han trascurrido fraternas e invariables durante más de medio siglo, solo interrumpidas por el período en que fue presidente León Febres Cordero, quien rompió relaciones diplomáticas durante la época de Ronald Reagan en el período de las guerras fratricidas de los ochenta.

En los últimos tres años, además de mostrar una sustantiva imagen cultural que une a ambos pueblos, la Embajada del Ecuador ha estado empeñada en fortalecer las relaciones económicas en busca de dinamizar y diversificar los mercados. Y por ello impulsamos un Convenio de Cooperación entre pro Ecuador y pro Nicaragua; además un acuerdo comercial que permite que se exporte/importe productos sin aranceles; dos ruedas de negocios en que empresarios de ambos países pudieron explorar posibilidades de inversión y estamos construyendo algunos mecanismos futuros que permitan que ambos países tengan una relación económica más fluida, sustantiva y dinámica. Somos dos países hermanos en el mismo río de la historia. 

* La autora es embajadora de Ecuador en Nicaragua

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