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Desde hace unos meses hemos venido observando cómo se desarrolla una campaña fuerte de desprestigio en contra de la Policía Nacional, y en especial al área de Tránsito, a sus agentes y a su dirección.

Cuando se toman medidas drásticas para salvaguardar la vida, la mayoría del tiempo estas medidas son impopulares y hasta cierto modo son prueba y error de lo que se debe hacer.

Hay dos verdades ineludibles en esto que está sucediendo, la primera es que hay una epidemia enorme de accidentes y muertes producto de una serie de razones que se deben corregir. Lo segundo es que hay un genuino interés y preocupación por parte de la Presidencia de la República por evitar que esto siga ocurriendo.

Al ser esto una epidemia de enormes proporciones, se deben aplicar todas las soluciones posibles, algunas de las cuales en su momento no se pudieron discutir lo suficiente o se van evaluando, para cambiarlas según sean los resultados de las mismas.

La gran mayoría de las quejas son por los tiempos de las suspensiones de las licencias y por lo poco claro que está el tema del exceso de velocidad, estos temas se deberán revisar, mejorar y corregir.

Las medidas han tenido buenos resultados en la mayoría de los causales de tantos accidentes, es innegable que los controles operativos y constante vigilancia, han por lo menos, ya sea por el miedo a la multa o porque se está creando un poco más de conciencia, bajado la tasa de accidentes graves.

El tiempo de implementación de las acciones correctivas ha permitido con inteligencia y prudencia de parte del Gobierno, la Policía, la empresa privada y los ciudadanos, poder identificar, ¿qué mecanismos se debían analizar? y ¿qué debía corregirse? Y esto se está haciendo, y se está dando una conversación sana con la sociedad civil.

En lo que estoy en total desacuerdo es en la manera en que se está desprestigiando a nuestra Policía, ya se nos olvidó que vivimos en uno de los países más seguros del mundo, donde la Policia no causa miedo y no genera repulsión.

La gran mayoría de nuestros oficiales y policías de línea son jóvenes que creen en una institución sólida, que les da orgullo pertenecer a ella y que nace del pueblo para el pueblo.

Que no se nos olvide que el modelo policial de Nicaragua es reconocido a nivel mundial como uno de los mejores, por su misma naturaleza social, preventiva y no represiva.

No olvidemos que nuestra paz y tranquilidad descansa en cientos de hermanos y hermanas de la Policía, que dieron su vida para que tengamos un país seguro y digno para todos.

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