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La crisis de Zimbabue se desató el 8 de noviembre después de que el presidente Robert Mugabe cancelara al vicepresidente Emmerson Mnangagwa, con el propósito de establecer una dinastía con su mujer al frente.

Un nuevo capítulo se abre en la historia de este país que ha mantenido un rumbo fijo desde 1980, año en que Mugabe ganó las primeras elecciones presidenciales, prometiendo liberar a su pueblo del colonialismo que había en la antigua Rodesia. 

Con el paso de los años, el respeto internacional y la veneración de su pueblo hacia él se fue apagando poco a poco. El líder que un día pudo convertirse en el Nelson Mandela zimbabuense, olvidó el sentido que motivó su revolución hace más de cuatro décadas; parecía que solo la muerte lo apartaría de la silla presidencial.

De 2014 al presente año (2017) se habría abierto una brecha dentro del partido gobernante, el Frente Nacional Patriótico de la Unión Africana de Zimbabue (ZANU-PF). Por un lado el favorito de los antiguos revolucionarios es el vicepresidente Emmerson Mnangagwa, quienes opinan que al partido lo debe dirigir un veterano de guerra. Por el otro lado, los afines a la primera dama, Grace Mugabe (la Liga de Mujeres y el G40), que creen que ella pueda romper con el antiguo sistema por su diferencia generacional (40 años más joven que su marido y 20 más que Mnangagwa).

Mnangagwa, al ser relevado de su cargo, tuvo que exiliarse en Sudáfrica, acusado de supuesta “deslealtad, falta de respeto y engaño”; lo que extralimitó la paciencia de los militares que se oponían a algunas decisiones de Mugabe, viendo cómo se abría la puerta a su dinastía.

El general Constantino Chiwenga informó en una rueda de prensa, que el Ejército estaba preparado para poner fin a las luchas internas del ZANU-PF; lo que dio inicio al despliegue de carros de combate en Harare, ante el asombro de sus habitantes. Los militares pusieron bajo arresto domiciliario al presidente y a su esposa; se tomaron la televisión estatal (ZBC) y bloquearon las entradas  a edificios gubernamentales. Luego se dirigieron a las viviendas de los aliados de la primera dama.

Robert Mugabe fue removido de inmediato de la Presidencia, después de 37 años en el poder. Fue un golpe de Estado sin derramamiento de sangre; probablemente hubo otra motivación detrás del golpe militar; pero la primera contrariedad en el Gobierno fue observada días antes, cuando el general Constantino Chiwenga (jefe de las fuerzas armadas), criticó la destitución en Zanu-PF, afectando a figuras que como Mnangagwa habían luchado por la independencia del país.

Chiwenga se hallaba de viaje en China cuando varios medios de comunicación informaron que el Gobierno había hecho planes de arresto a su regreso; pero él se dio cuenta de esa conspiración y al volver de su país, una buena parte de su tropa lo esperaba en el aeropuerto para protegerlo. Luego, fue Mugabe el que acabó bajo arresto domiciliario que en el fondo puede que solo haya actuado por interés propio.

Emmerson Mnangagwa se juramentó frente a miles de partidarios en el estadio nacional, en Harare; la era Mugabe llegó a su final. El nuevo líder de la nación africana le aseguró personalmente al expresidente, que tanto él  como su familia “estarán a salvo” bajo su mandato.

De acuerdo al periódico The Guardian: el expresidente obtendrá inmunidad total para él y su esposa, así como la garantía de que conservará sus propiedades y recibirá 10 millones de dólares de indemnización.

Mnangagwa tiene 75 años de edad, es aliado y compañero de armas de Mugabe, y ahora es el nuevo líder del ZANU-PF, quien había ocupado varias carteras de seguridad, inteligencia y justicia, considerado como el sucesor de Mugabe, caracterizado por su extraña crueldad hacia sus opositores, también fue llamado “cocodrilo”.

Sin embargo, hay quienes se preocupan por el futuro de Zimbabue bajo el nuevo gobernante; todavía se cuestiona su papel en el llamado “Gukurahundi”, una campaña de terror llevada a cabo en la región de Matabeleland en 1983. Se estima que cerca de 20,000 personas murieron en una serie de masacres perpetradas contra los oponentes de Mugabe. Mnangagwa ha negado cualquier acusación sobre su participación en tales atrocidades.

Zimbabue deberá escoger un nuevo presidente, antes de septiembre del próximo año. Según la Constitución, las elecciones deberán ser presidenciales y parlamentarias. 

* Diplomático, Jurista y Politólogo.

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