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Siete damas, reconocidas por su energía intelectual, han rendido auténtico culto a nuestro padre y maestro mágico Rubén Darío. Por eso, en la presentación de mi libro Indagaciones rubendarianas (Managua, Cedij, 2016) ––leída a inicios de este año en el Paraninfo de la UNAN-León–– les agradecí su generoso e incondicional apoyo. La primera es la doctora Alba Luz Ramos, presidenta de la Corte Suprema de Justicia, quien en su prólogo afirma que, siguiendo orientaciones superiores, la edición de ese aporte de veinte ensayos constituye “un excelente repertorio sobre la vida y obra de nuestro mayor héroe civil”.

La segunda dama es Yolanda Padilla: el más fuerte pilar donde se apoyó la dariolatría de don José Jirón Terán y constante testigo de mi amistad con él, cuando le conocí en el Museo-Archivo Rubén Darío, tras leer el 7 de febrero de 1970 mi conferencia sobre Darío, Santiago Argüello y Marinetti. A Yolanda se le debe el descubrimiento de la música del dariano “Himno a Bolívar” (1883). Ella la localizó revisando un tomo de partituras selectas que coleccionaba en su librería de Viejo Carlos M. Valverde, en San José, Costa Rica.

La tercera, María Manuela Sacasa de Prego, se ha acreditado por su tenacidad imbatible el primer lugar entre las mujeres del país como promotora cultural. Sin su fidelidad ejemplar a su padre don Joaquín Sacasa ––autor de “La vieja sirvienta”, uno de los mejores sonetos de la poesía centroamericana–– no se hubieran realizado, desde 2003, los quince simposios internacionales que han revivido el antiguo esplendor de los Juegos Florales de León. Además, María Manuela pulsa la lira y es una elocuente oratriz. Incluso acometió una antología ––editada en 2012–– de los múltiples líridas de su ciudad natal, entre ellos 26 mujeres. También mereció el reconocimiento que le hizo la Academia Nicaragüense de la Lengua el 31 de agosto de este año.  

La cuarta es la doctora Nydia Palacios Vivas, miembro de número de la referida Academia. Aparte de unas notas sobre cada uno de los Cantos de vida y esperanza, Los Cisnes y otros poemas, tiene en su haber de scholar disciplinada cuatro aportes al estudio del líder transatlántico del modernismo. Estos se titulan: Nuevos asedios a Rubén Darío (2007), Rubén Darío: melancólico capitán de la gloria (2009 y 2010), Miguel de Cervantes y Rubén Darío: dos gigantes de la literatura en lengua española (2014) y ¡Poetas! ¡Pararrayos celestes! / Ocho estudios sobre Rubén Darío (2016). Es la dariana por excelencia de Nicaragua. 

La quinta y la sexta fueron Marcela Pérez Silva y María Luisa Robleto. Ambas se han destacado como mujeres consagradas a sus principales causas respectivas: el arte musical y el canto en Marcela; y en la segunda: la fe ecológica y sus convicciones feministas. Ambas diplomáticas de lujo (una en Lima y la otra en Santiago), han sabido celebrar “a todo trapo” ––como dirían los chilenos–– al fundador de la poesía moderna en lengua española. Marcela es autora de una estupenda colección impresa de la plástica nicaragüense contemporánea: Nicaragua, parto de luces (2014) y celebró el centenario de la muerte de Rubén Darío con diversos actos memorables (uno de ellos en el Congreso de la República del Perú) y con el disco compacto “Darío nuestro”: once poemas del gran poeta adaptados a ritmos peruanos.

En cuanto a María Luisa, ha organizado tres intensas jornadas, en las cuales he participado como actor principal durante 2012, 2013 y 2016. En la penúltima, con motivo de la más reciente edición crítica de Azul… y de una exposición documental e iconográfica en el Museo Marítimo Nacional de la Armada Chilena en Valparaíso; y en la última asistí como prologuista a la presentación del libro Nueve cuentos de Rafaela Contreras de Darío, editado por María Luisa y su homóloga hondureña. No en vano su experiencia chilena de 27 años ha contribuido a seguir manteniendo en alto el nombre de Nicaragua en el país austral.

Y la séptima fue la doctora Rocío Oviedo Pérez de Tudela, discípula predilecta de mi maestro en la Universidad Complutense Luis Sainz de Medrano y su digna continuadora. A Rocío se le deben ediciones e investigaciones que sería muy extenso enumerar y por las cuales se le reconoce como la española más adicta y fecunda estudiosa de Rubén Darío. Es miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua.
 

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