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Pudiera parecer una carta al Niño Dios en plena Semana Santa, pero lo último que se debe perder es la esperanza. Que nos escuche la jefa de la Policía Nacional, Comisionada Aminta Granera, la ministra del ambiente, Juanita Argeñal, el director del Intur, Mario Salinas, y los alcaldes de los municipios con playas visitadas por los veraneantes: ¡Basta ya de cuadraciclos!

Artefactos inútiles y degradantes del medio ambiente, introducidos en los años 90 por reconocidos personajes de no muy esbelta figura, continúan rodando con inmunidad e impunidad ante la vista y paciencia (¿acaso, complicidad negligente?) de las autoridades competentes. Los cuadraciclos: infaltable tormento de los veraneantes, de niños, ancianos, mujeres y jóvenes en las playas de Nicaragua.

No puede seguir siendo posible que por satisfacer el estulto ego de unos cuantos, centenares de miles de ciudadanos seamos sometidos al continuo tormento del ruido, de los gases tóxicos y del riesgo constante de ser atropellados en las desbocadas carreras de tales infernales máquinas.

Se supone que a las playas se llega a descansar, a liberar el estrés, a compartir un ambiente sano, a respirar aire puro, a escuchar el rumor del mar, a compartir momentos de solaz y tranquilidad con la familia y los demás veraneantes, pero no a seguir recibiendo más de la misma rutina. Sin mucho preámbulo, nuestra Constitución Política establece el principio de que nuestra libertad de hacer y deshacer termina donde comienzan los derechos de los demás. Así de sencillo, ¿por qué entonces condenarnos a soportar sisíficamente el martirio de los irresponsables?

Apartando el tormento a nuestros oídos y pulmones, y el riesgo casi seguro de ser atropellados o acaso muertos por estas ruidosas estufas rodantes, está el tremendo impacto ambiental que provocan. Sus cuatro ruedas de tacos de doble tracción (ojalá fuera una máquina una vez al día, pero no), muelen y remuelen uno de los ecosistemas más frágiles y sensibles como es el ecotono de playa. Convolvuláceas y otras plantas heliófitas, moluscos bivalvos y gasterópodos, crustáceos y equinodermos figuran en la línea intermedia de la cadena alimenticia masacrada por tales prácticas. Y ni cuenta se dan.

Invito a los amigos lectores y periodistas a que visiten Chococente o La Flor y comparen la situación de esas playas con las de Pochomil y Masachapa por ejemplo. Sin mayor esfuerzo se darán cuenta de la diferencia abismal del impacto ambiental provocado por la actividad humana, agravada por actividades como las de los ecocidas sobre ruedas.

La Ley de Tránsito (¡Comisionada Granera, usted que también es ambientalista!) obliga a que el propietario y el conductor de todo vehículo automotor cumplan con sus disposiciones. Cito sólo algunos de los Artículos de las Normas Administrativas Complementarias de la Ley 431 que son sistemáticamente violadas por los conductores de cuadraciclos en las narices de los agentes de tránsito:

Arto. 36 y Arto. 41, referidos a la licencia de menores (mayores de 16 años y menores de 21), pero hay muchos niños manejando cuadraciclos; Arto. 75 sobre la circulación a menor límite de velocidad, que obliga incluso a detenerse frente a los peatones y no a que los peatones se convierten en una suerte de sorteadores de toros; Arto. 121, obligación de portar los documentos exigidos para la circulación de vehículos automotores (licencia de conducir y licencia de circulación, certificado de emisión de gases, sticker de rodamiento); Arto. 127, inciso b) establece tácitamente la obligatoriedad del uso de placas para motocicletas y cuadraciclos, el vehículo que no la porte obviamente deberá ser retenido; Arto. 135, seguro obligatorio (¿lo portan los conductores de cuadraciclos?); Arto.143, “queda prohibido circular con el escape libre”. ¿Cuántas boletas rojas deberían llevar?

Por supuesto la legislación ambiental, las disposiciones municipales y las resoluciones del Intur sobre la operación de actividades y servicios relacionados con el Turismo y el nuevo Código Penal agregan muchas más razones de peso para que ningún cuadraciclo circule por las playas atentando contra la ecología y la integridad física y psíquica de las personas.

Particularmente no tengo nada contra ningún conductor de cuadraciclos. Para ellos existen las pistas de motocross y los caminos rústicos donde pueden soltar toda la adrenalina que les permita su humanidad, pero por favor, como diría Benito Juárez, “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Déjese en paz a los centenares de miles de pobres y estresados veraneantes en ésta y en las próximas semanas santas. La Policía Nacional es en este caso, el primer eslabón para que se haga respetar los derechos de las grandes mayorías, sin menoscabo de que el Marena, Intur y las alcaldías cumplan con sus respectivas competencias y responsabilidades. ¡Libérense las playas de la plaga de los cuadraciclos!

Darwinjj2007@gmail.com