Augusto Zamora R.*
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Es inusual que un presidente, sobre todo cuando es poderoso, pida públicamente a su gente modernizar los inodoros del país, como parte de una “revolución del inodoro”.

Eso hizo, ni más ni menos, el presidente de China, Xi Jinping, como parte medular del proceso de desarrollo de áreas rurales, donde la higiene brilla por su ausencia. 

País milenario, de antiguo la población rural utilizaba sitios improvisados o usaba sus deyecciones como abono orgánico, manteniendo focos de contaminación y enfermedad.

Puede combatirse la falta de higiene, incluyendo la milenaria, de forma discreta, haciendo recaer en subalternos la tarea de la concienciación higiénica.

Xi Jinping, seguramente consciente de lo arduo de la tarea, elevó el tema a asunto de estado, asumiendo él mismo, sin rubor, un tema tan natural como omitido a su nivel.

La higiene personal es elemento primordial de la salud y la salud lo más valioso de la vida. El presidente chino lo entiende y entiende que es tema que no puede demorarse.

Además de la salud propia, está la economía. La promoción del turismo requiere de sitios con altos niveles de higiene, pues la suciedad atrae moscas, pero no visitantes.

La modificación de hábitos personales comenzó en 2004. En 2015, el 75% de hogares rurales disponía de inodoros de cadena o fosas sépticas. Se consideró insuficiente. 

Ahora es cuestión de máximo nivel. Sorprendente y aleccionador. Si la caridad empieza por casa, la casa debe disponer de higiénicos inodoros.

az.sinveniracuento@gmail.com

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