Orlando López-Selva
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El Tribunal  Constitucional boliviano le dio luz verde a Evo Morales para que se reelija, contraviniendo así principios constitucionales. Es triste ver que haya políticos que no comprendan el gran daño que le causan a la democracia, asumiendo que solo ellos deben gobernar.

¿Solo los revolucionarios buscan adictivamente el poder?

Mi punto: el presidente boliviano escogió ser dictador. Y no es que el pueblo lo quiera reelegir. Todos los partidos progresan cívicamente; solo los revolucionarios no. Es la estrategia actual de sus pares seguidores del socialismo del siglo XXI. ¿No hay otro boliviano capaz de gobernar, solo   Morales? (¡He conocido a tantos bolivianos educados, instruidos, cultos!). Esa acción moralesca generará contundentes rechazos, nacional e internacionalmente. Esperemos para ver las reverberaciones.

Cuando hace 11 años Evo Morales llegó al poder, pensé que era justo que un líder indígena boliviano tuviera oportunidad para gobernar su país. Eso persigue la democracia: que todos podamos ejercer cargos públicos, sin distingo alguno.

Pero solo los demócratas suben al poder, y al terminar su mandato, se van a su casa (incluidos dignos y admirables izquierdistas: Lagos, Mujica, Bachelet). Los neomarxistas latinoamericanos se aferran, porque, engañosamente, se creen predestinados. Y deslucen con sus discursos, sus insensatas acciones, que solo entre ellos aplauden. ¿Cuántos son? ¿Quiénes les siguen? ¿Cuándo se apartarán del fanatismo?  

Claro, hoy la estrategia de estos señores es acomodarse a la democracia para alcanzar el poder. Y después implantar, con gran desfachatez, una dictadura de apariencia legal, popular. 

Y ese acomodo, aunque insincero --pues luego desdicen de quienes les perdonaron y dieron la oportunidad del juego limpio--, ahora incluye asumir conceptos otrora odiados: Estado de Derecho (aprobando leyes para tener el poder total); elecciones pluralistas (pero, asegurándose ser ellos quienes cuenten los votos); mercado libre (contra el que despotricaron por decenios, calificándolo de inhumano y explotador); y haciendo alianzas tácticas con los grupos de mayor poder económico (que antes eran explotadores; pero como ellos ahora también son empresarios, se autocalifican de “patriotas”). 

Esa receta les vino de China. Pues los ya mencionados imitadores tropicales carecen de total imaginación, independencia y dignidad. Solo copian. Viven odiando a Estados Unidos (“los causantes de todos los males; mientras que Rusia y China son los buenos, justicieros, intachables que la humanidad necesita”). Pero si tienen alguna necesidad, descaradamente, le piden a Washington, implorando respeto a la autodeterminación de sus pueblos (ellos se arrogan representar exclusivamente al pueblo). ¿Y después?  Se alían con cualquier bravucón antioccidental (porque debe haber pluralismo ideológico y desaparecer la unipolaridad). Bueno,  esto último tiene sentido. El mundo no puede ser de un solo color. Pero eso lo aplican solo circunstancialmente, estando en minoría. ¿Y después, engavillados? La receta obligada: partido único.

No hay principios consistentes. Solo farsa dictatorial. Además que nunca practican la tolerancia. Pues un individuo de extrema izquierda solo sigue lo de su misma ideología. Jamás se le ocurriría decir: “voy a votar por un conservador o un socialcristiano, porque le conviene a mi país”. Si así pudieran hacerlo, tendrían una mente abierta. Pero no. Solo ven, sumisamente, hacia un punto. 

Tampoco dirían: “esa persona de otro partido es honesta, bien intencionada, preparada”. 

No se dan cuenta que sometieron su inteligencia a los detentores del poder dictatorial. Solo importa el control. Nunca hacer el bien a sus conciudadanos. O que otros de credo diferente, lo asuman.    

La ideología les impide ver a otros ciudadanos que piensen distinto. O lo peor: sustituyen a su patria por un partido.

Morales no es diferente. Su reelección en Bolivia es la receta de Cuba, Nicaragua, Venezuela. En Ecuador, Correa fue decente y dejó el poder. 

Confío en que Lenín Moreno haga un buen gobierno. Y no se reelija. Y después le sigan otros ecuatorianos de distinta ideología. ¡Por qué no!

Si el presidente ecuatoriano actual, logra establecer constitucionalmente que no haya reelección, se dará un gran paso en América Latina. Colombia ya tuvo un gran precedente cuando Uribe intentó infructuosamente reelegirse.

Las tomas del poder en América Latina, por partidos marxistas, son una evidencia del modelo fracasado recomendado por Lenin y Stalin, mediante la revolución. ¿Funcionó? No. Pero ellos solo cuestionan a los otros. Nunca sus propios credos o dioses de mausoleo. Son dogmáticos. En sus manuales vienen las liturgias de la genuflexión --incuestionables, degradantes. 

Por de pronto, Morales pretende no darse cuenta que está cometiendo un gravísimo error. Le conviene mucho ignorarlo. Tampoco los serviles que lo adulan se lo dirían. Ellos también son parte de la cohorte dañina.

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