David Otero Mendieta
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El 1 de noviembre participé en la presentación de la propuesta de agenda “Transformar la educación del país: La educación de calidad, clave del desarrollo humano de Nicaragua”. Un documento de 49 páginas elaborado y presentado por el Instituto de Educación de la UCA (Ideuca), el Foro de Educación y Desarrollo Humano de la Iniciativa por Nicaragua y el Movimiento Fe y Alegría. Nueve partes y 20 ejes estratégicos conforman la estructura de la propuesta, que plantea estar centrada en las educaciones inicial, básica, media, de adultos, especial, formación docente y técnica  . 

En su introducción menciona que la agenda parte de resultados obtenidos en varias investigaciones, sin embargo, no aparece ninguna cita bibliográfica, que sustente su contenido. Además, dice estar enfocada en brindar criterios y propuestas a toda la nación, que posibiliten punto de vista de encuentro del interés general, en un proceso de concertación educativa. No obstante, en el desarrollo de algunos de sus ejes, buena parte de su redacción, es categórica al declarar juicios que no son consistentes con la intención del “encuentro”, como “el Modelo Educativo actual no responde a las necesidades del país”; “Se demanda un nuevo Modelo Educativo legítimo”; “El país necesita transitar de un Modelo Educativo politizado, parcializado, no incluyente, hacia un Modelo de Desarrollo Humano pensado desde la justicia, la democracia participativa y la sostenibilidad”; “La historia del país refleja que las políticas educativas, han respondido a intenciones de los gobiernos de turno y, en ningún caso, a datos y resultados de investigación de la realidad educativa”.

Y digo esto, porque desde el año 2007 a la fecha (2017), las políticas educativas puestas en marcha por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, han estado orientadas a superar la brecha del estado de empobrecimiento de las y los nicaragüenses, asegurando las condiciones para el acceso, equidad y calidad educativa. Las acciones de políticas “más educación”, “mejor educación”, “otra educación”, “gestión educativa” y “todas las educaciones”, marcaron el inicio del fin de políticas de exclusión que el sistema educativo público nicaragüense sufrió de 1990 al 2006. Luego, el Plan Estratégico de Educación 2011–2015, profundizó la realización de acciones, a través de programas y proyectos con financiamiento externo. Y en este momento, que se implementa el Plan de Educación 2017–2021, con énfasis en la calidad de los aprendizajes y la investigación, se pretende que muestre evidencias sobre lo que están y cómo están aprendiendo nuestro niños y jóvenes.

Quizás esté ocurriendo un desencuentro entre la dinámica institucional que el Mined ha tenido en esta década y la de algunas organizaciones involucradas en el quehacer educativo del país. La falta de acceso a información oficial del Mined y de espacios de diálogo entre el Mined y las organizaciones puede ser causa de opiniones desacertadas. Otra variable que puede estar causando estas percepciones desenfocadas es la falta de una cultura evaluativa y de rendición de cuentas que nuestro sistema educativo ha tenido en su historia. 

A la vez, es importante reconocer que la política educativa macro será efectiva, cuando desde la política educativa micro, o sea, desde la escuela, sea apropiada con plenas facultades para organizar y contextualizar el currículum nacional básico, la formación continua de docentes, la evaluación de los aprendizajes y el uso de las tecnologías educativas. El año 2018 es clave para profundizar el perfeccionamiento de nuestro sistema educativo, y uno de los desafíos a superar, es la conceptualización y formación de nuestros profesionales en educación, desde directores de áreas sustantivas en el Mined, delegados departamentales y municipales, asesores pedagógicos, directores de centros educativos hasta docentes. En ese sentido, vale la pena, escucharnos los nicaragüenses, que queremos transformar la educación del país en unidad en la diversidad; en unir los vigores dispersos; en articular las distintas educaciones; en complementar familia – escuela – comunidad; en integrarnos desde la intersectorialidad..

Es importante recordar que la actual Ley No. 582, “Ley General de Educación” tanto su anteproyecto como su aprobación, fue una buena práctica del consenso y de concertación de muchos protagonistas dispuestos favorablemente a construir una mejor educación para los nicaragüenses. Nicaragua necesita seguir avanzando en la calidad educativa para sus hijas e hijos, que contribuya a transformar su calidad de vida. 

* El autor es consultor en educación. 
 

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