Francisco Javier Bautista Lara
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Me detengo a pensar en un asunto cotidiano que pasa a todos en el ejercicio de nuestra profesión u oficio, permanente u ocasional, independiente que lo haga con pasión y satisfecho, más allá del beneficio económico y la obligación. Cada acción humana es un proceso, breve o prolongado, una secuencia de actos o acciones. Así sucede en diversas ocupaciones humanas, personales, familiares, sociales o laborales, remuneradas o no, lo que hacemos o desempeñamos, desde lo simple hasta lo complejo, desde lo común hasta la más rara y especializada. Me refiero al que realiza directamente su oficio, sin darle a hacer a otros lo que le incomoda, cuando crea una empresa o mecanismo que le permite deshacerse de las tareas que no le son gratas.

A manera de ejemplo: el cocinero (profesional, aficionado u ocasional), lo primero es determinar lo que va a preparar, seleccionar los productos, desempacarlos, lavarlos, cortarlos, después vendrán los pasos para mezclar, sazonar y cocer, según lo que pretenda y los gustos de cada quien, y al final viene lo que menos agrada a la mayoría: limpiar la cocina, lavar utensilios, cazuelas y platos.  En la secuencia de actos de cada oficio y profesión, que como proceso quizás se disfruta según la vocación, hay algunos actos incómodos que resultan indeseables, si podemos, los evadimos y dejamos de hacer. Enumero algunos. Cada uno identificará el propio.

Al albañil, carpintero o mecánico automotriz, después de terminar su trabajo, incomoda limpiar y ordenar las herramientas y limpiar el lugar. Al conductor de vehículo, con frecuencia le resultan aburridas las acciones previas de chequear el automóvil antes de conducirlo, en general, son pocos los que lo hacen como acto responsable y rutinario. Al policía investigador de delitos criminales, que con entusiasmo husmea en la escena del crimen, le fastidia sentarse a escribir el informe ajustándose a formatos y procedimientos.

Al ingeniero civil o eléctrico, puede incomodarle comprar y trasladar materiales. Al médico le resulta tedioso, aunque tendrá que hacerlo, llenar los papeles del expediente, elaborar el reporte detallado de conformidad con el protocolo de los procesos realizados en el paciente. Al administrador que dirige una empresa puede ser que le agrade la gestión operativa y el proceso de toma de decisiones, pero quizás le incomode planificar y elaborar informes diversos y de cumplimiento de planes. Al contador o financiero que asume con agrado el registro de las operaciones contables, realiza los estados financieros y los analiza, puede ser que le incomode sellar, clasificar e invalidar documentos y archivarlos en orden. 

Al periodista o comunicador social le agrada recabar datos, informar y comentar la noticia en cualquiera de las formas actuales, pero quizás le incomoda depurarla, ajustarla a criterios de la línea editorial del medio que lo contrata o del espacio en donde publica para  presentarla a la medida del interesado. Al maestro con vocación de docente, puede ser que le resulte incómodo calificar y pasar notas, será una tarea que asumirá por obligación, aunque a veces preferiría no hacerlo. El vendedor posiblemente disfrute la comunicación con sus potenciales clientes y más cuando cierra la venta, pero le será tedioso el trámite que conlleva. A un escritor le suele desagradar revisar y volver a corregir sus textos, la tarea de editar la asumen otros. Al sacerdote católico que celebra los sacramentos con devoción, puede ser que le incomode, por la naturaleza de su formación, llevar la gestión administrativa de la oficina parroquial. Un músico que disfruta su oficio sentirá tedioso instalar el atril, ordenar partituras y limpiar instrumentos musicales y para un virtuoso de las cuerdas: ajustar las clavijas y cambiar las cuerdas... 

Más allá de los riesgos del oficio, habrá siempre algo del proceso de trabajo que será menos agradable, se hará por necesidad, aunque se disfrute el oficio por vocación, no todo será placentero. Algunas veces es algo secundario, parte integral e inseparable a él. ¿Renunciará a su vocación por lo que no agrada? O ¿la asumirá, a pesar de esa parte incómoda, complementaria o principal? Así son las ocupaciones en la vida y la vida misma, las circunstancias incómodas son parte del todo; asumimos el todo, a pesar de que algunas partes quisiéramos evadirlas.

www.franciscobautista.com
 

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