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Doce mil nuevos jóvenes profesionales se gradúan este año en búsqueda de oportunidades en el mercado laboral nicaragüense. Estos jóvenes forman parte del bono demográfico nicaragüense, en el que la población menor de 30 años representa más del 60 por ciento. Y su incorporación a un empleo decente se convierte en un detonador real para un crecimiento económico incluyente.

¿Qué tantas oportunidades laborales se generan? ¿cómo se comporta el mercado laboral en Nicaragua? Según los indicadores de empleo de la Encuesta de Empresas (ES) para el año 2016 que realizó el Banco Mundial, en Nicaragua, el empleo permanente de tiempo completo se expandió en 7.1% y se contrajo en 1.4%, lo que resulta en un cambio neto de 5.8%. 

Según dichos indicadores, en una década el mercado laboral ha logrado mantener un comportamiento positivo estable, siendo que en el año 2006 la expansión fue de un 8%, y se experimentó una contracción de 2.7%, para un cambio neto de 5.3%. Sin embargo, en 2010 la expansión del empleo se situó apenas en un 7.5% y la contracción subió hasta un 3.1%, para un cambio neto de un 4.4%. Como se puede apreciar en una década es muy poco lo que ha cambiado. 

Este comportamiento es un indicio de como la calidad del mercado laboral está directamente relacionado con la transformación productiva del país. Nicaragua se mantiene como una economía centrada en sectores productivos de bajo valor agregado y extracción de sus recursos naturales. 

También es interesante el hecho de que se sigue confirmando que son las empresas pequeñas y medianas, las pymes, donde mayormente se han experimentado estos cambios netos, representando el 77.8% del empleo total generado en 2016. 

Para ese mismo año, del total de empresas se reporta un 23.4% de empresas dirigidas por mujeres, y un 76.6% dirigidas por hombres. Esto último se vuelve interesante al ver que en 2016 las empresas dirigidas por mujeres expandieron el empleo en 11.3%, y la reducción del empleo fue de un 1.9%, para un cambio neto de 9.4%, mientras que el cambio neto en las empresas dirigidas por hombres apenas fue de 4.7%.  

El sector de servicios se expandió relativamente más que el sector manufacturero, 6.5% comparado con 3.4%, representando servicios un 81.2% de la expansión. Esto se explica porque los servicios representan 76.1% del empleo total y por consiguiente un crecimiento de 6.5% conlleva un mayor crecimiento el número absoluto de empleos que se agregaron.

Las empresas de servicios también se contrajeron menos, 1.2% comparado con 2% para las empresas de manufacturas, y representan 63.8% de la contracción total del empleo. Desagregando el cambio neto por sector, ambos sectores tuvieron una contribución positiva, las manufacturas de 14.5%, y las empresas de servicios de 85.4%.

Por otra parte, las empresas nacionales representan una mayor proporción en el empleo con 78.3%, mientras que las empresas con participación extranjera representan un 21%. Los mismos indicadores señalan que se experimentó un cambio neto mayor (6.3%) en las empresas nacional en comparación con el cambio neto en el empleo en las empresas con participación extranjera (4.0%), aún cuando la contracción del empleo es mayor en las empresas nacionales (1.5%) que en las extranjeras (0.8%). 

El subempleo es muy elevado, representa un 42% de los empleos, derivado de la alta proporción de trabajadores en el sector informal y en la economía rural tradicional, con actividades de muy baja productividad y nivel de ingreso. Un 73% de los ocupados se encuentran en el sector informal. 

La principal debilidad estructural del mercado laboral nicaragüense está referido a la calidad del empleo generado por la economía. Por ello discutir y ejecutar políticas activas de mercado de trabajo debe de ser el norte que guía la agenda tripartita Estado, empresas y trabajadores. Podría atreverme a decir que en esta materia se habla mucho, pero se escribe, se analiza y se propone poco. Lo poco que hay de políticas es lo que está en la legislación laboral y tampoco basta con solo discutir el salario mínimo. 

La mayor preocupación de estos tres actores, y de todos los nicaragüenses en general debe de ser la generación de empleo. Pero no cualquier tipo de empleo, sino uno de calidad, estable y bien remunerado.

* Abogado, especialista en Políticas Públicas para el Desarrollo www.juanmanuelsanchez.net