Ángel Saldomando
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En un comunicado oficial, la Cepal citó el siguiente comentario de  su secretaria general Alicia Bárcena: “América Latina y el Caribe necesitan avanzar hacia un nuevo paradigma de desarrollo basado en la igualdad y sostenibilidad ambiental como motores del crecimiento. El actual modelo, el capitalismo, no funciona”, declaró este miércoles 15 de noviembre Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, en un foro de alto nivel efectuado en Ciudad de México. Es sabido que, en los vericuetos en que funcionan estos organismos no es habitual hacer afirmaciones tan contundentes y sistémicas. Lo normal son posturas generales, buenas intenciones y principios elevados. Llama entonces la atención una postura de este tipo. Sin embargo, en los medios de investigación y en las corrientes de ciencia no alineadas, o al menos con margen de maniobra  en relación a grandes intereses sistémicos, esta afirmación es sin embargo redundante.  Existe una acumulación más que significativa de saberes y de propuestas sobre las transi
ciones necesarias para salir del modelo que no funciona. La Cepal hace sus aporte pero no ha abierto un espacio para legitimar estas propuestas, para ponerlas sobre la mesa en el diálogo con los gobiernos.

Esto hace parte, sin duda, de las limitaciones conocidas de las instituciones internacionales. Sería interesante que se apoyara la elaboración de parámetros de salida del “modelo” que no funciona. Las universidades públicas son muy tímidas en estos temas, los gobiernos ayudan poco  y no existen, en la región, grandes centros de investigación especializados en estos temas. América Latina ni ninguna región del mundo podrán tener o ingresar, de manera masiva, al sistema de producción y consumo que se convirtió en modelo de desarrollo universal. Esto hace parte del diagnóstico básico.  Pero los segmentos de capitalismo que dominan nuestras sociedades ejercen suficiente fuerza para condicionar la evolución social.

¿Qué ganarían nuestras sociedades en calidad de vida, en sostenibilidad, en ahorro de costos, en  igualdad saliendo del sistema? ¿Qué habría que hacer y en qué habría que invertir? Estas son las preguntas que exigen respuesta en todas aquellas cosas que son mencionadas justamente como pruebas de lo que no funciona. 

No es casual que en la cumbre climática de diciembre 2017 en Berlín, el llamado de la comunidad científica internacional sobre el deterioro de los parámetros del estado del ambiente y la publicación de recientes trabajos sobre alternativas de evolución y de transición de sistema, señalen la necesidad de urgentes cambios. 

Según los cálculos hechos  en diferentes instancias, incluido el Banco Mundial, existen nuevos parámetros y actividades a desarrollar en lo inmediato, una nueva concepción de la economía, de la producción y el consumo, y, en términos de inversión a nivel global, ello significaría un 2% del PIB mundial. 

En América Latina el énfasis está en la papelería, (buenos documentos institucionales), en las buenas intenciones, en el diagnóstico y en nada más. No hay escenarios de transición con sectores, acciones, costos y actores claramente identificados y articulados con evaluación adecuada.  Varios países de la región solo gesticulan en estos temas, en los hechos aplican estrategias económicas más próximas del suicidio o de la lenta agonía. Algunos confunden todavía “modernización” con adherir tardíamente a un sistema en descomposición.

El escritor Henry Miller en una carta inédita de 1948, pese al optimismo generado por la posguerra, escribía: “Creo que el mundo civilizado está rápidamente preparando su destrucción. Deberíamos estudiar con un profundo interés, creo, las razones por las cuales las diferentes naciones y potencias del momento no pueden actuar de manera distinta a como lo hacen. Deberíamos leer esas señales de impotencia como los meteorólogos leen sus señales.” A buen entendedor…