Gustavo-Adolfo Vargas *
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Las tesis de Martín Lutero (fraile católico agustino), sirvieron de base para la instauración del capitalismo, así como para la exacerbación del nacionalismo germánico. Medio milenio después, la Europa del norte mira a los países del sur del continente con superioridad moral. Alemania, que ejerce un incuestionado liderazgo sobre la Unión Europea, celebra los 500 años de las famosas 95 tesis.  

Lyndal Roper (autora de la bibliografía “Martín Lutero. Renegado y Profeta”), analiza los dos originales que se conservan; según ella, el número de tesis exactas en realidad es de 87 y no la cifra de 95, el error quizá estuvo en el impresor que debió contarlas mal. Tampoco se ha comprobado que estuviesen clavadas las tesis en las puertas de la iglesia (de Wittenberg), posiblemente fueron expuestas en una carta dirigida a su obispo de Maguncia.

El monje agustino nació en Eisleben (Alemania) en 1483; inició con su crítica al Papado de Roma, por conceder indulgencias a cambio de dinero, esto dio pie a la reforma de la Iglesia católica ansiada especialmente por los poderosos príncipes alemanes, quienes apoyaron las tesis de Lutero, que a la vez suponía el cuestionamiento de la autoridad del emperador Carlos V, cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico.

En 1436, Johannes Gutenberg descubrió la imprenta. En 1517 su avanzado desarrollo propició que en solo dos semanas el documento de Lutero estuviera listo y llegara a todas las parroquias de Alemania, los Países Bajos, Flandes e Inglaterra.

Los nobles señores feudales vieron en la reforma luterana la oportunidad de librarse de la tutela del Papado de Roma y la imperial, personificada por un emperador instalado en una España católica, entonces dominadora del mundo.

Carlos V encabezó la Contrarreforma; Europa se sumió en las llamadas Guerras de Religión durante dos siglos; arruinaron el continente, especialmente las riquezas de España, que procedían de la explotación de sus posesiones americanas que sirvieron para enriquecer a banqueros y fabricantes de armas.

Los poderosos le vendieron al pueblo las partes más atractivas de las tesis: la libre lectura e interpretación de la Biblia; la relación directa entre Dios y el hombre, sin intermediación; y la ética del trabajo como nueva reforma de honrar al Señor. Esta última para que la acumulación de riquezas no fuera condenable de acuerdo con la moral católica, sino que fuese considerada como una auténtica bendición celestial.

Las tesis luteranas instauraron y expandieron el capitalismo, fue el despegue económico de los países que las adoptaron frente a los católicos del sur de Europa. La admitida “libertad luterana” no resiste una mirada cercana y libre de prejuicios, demostrando que Lutero se puso al servicio de los príncipes alemanes cuando estos hicieron frente a las gigantescas revueltas de la Guerra de los campesinos.

Lutero les alentó a exterminarlos: “contra las hordas asesinas y ladronas mojo mi pluma en sangre, sus integrantes deben ser estrangulados, aniquilados, apuñalados en secreto o públicamente, como se mata a los perros rabiosos”.

Al parecer hicieron caso a sus palabras porque asesinaron a más de cien mil campesinos en aquella primera revuelta, que fue el preludio de muchas guerras que seguirían. Lutero se erigió como defensor de una oligarquía que prolongaría el sistema feudal en Alemania, prácticamente hasta principios del siglo XIX.

También se le atribuye la exacerbación del nacionalismo germánico. Es una afirmación del filósofo alemán Karl Jaspers, para quien el modelo nazi está prefigurado en Martín Lutero.

Sus escritos acerca de los judíos dieron las instrucciones de la denominada Solución Final: “Debemos prender fuego a sus sinagogas y escuelas, sepultar y cubrir con basura a lo que no prendamos fuego, para que ningún hombre vuelva a ver de ellos piedra o ceniza”.

El monumental trabajo de Thomas Kaufman, “Luther’s jews. A journey into Anti-Semitism”, describe una personalidad obsesionada más por el exterminio de los judíos que por el sometimiento de los católicos latinos.

La decadencia del Imperio Español y la derrota final fue decisiva para afianzar el triunfo del luteranismo y sus derivados, consagrando al antiguo monje agustino como paladín de las libertades. Dos siglos de luchas desangraron y dividieron a Europa, abriendo una profunda brecha política norte-sur que perdura hasta nuestros días.

* Diplomático, jurista y politólogo.