Jorge Eduardo Arellano
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Qué gran vergüenza me dio al oír que así se expresó el miércoles 19 de diciembre ante una conferencia de prensa previamente convocada, el Señor Magistrado y Presidente del Tribunal de Apelaciones de Managua, al referirse a un sinnúmero de profesionales del Derecho que han interpuesto un Recurso de Amparo en contra del nuevo sistema de justicia que, en contra de toda ley, han impuesto sin éxito profesional, pero con excesiva mediocridad, los “administradores” de la justicia de Managua.

Seguramente, a estos profesionales del derecho se sumarán más en contra de este sistema implantado sin previa consulta ni revisión a las leyes de Nicaragua. Los recurrentes son público en general y abogados que ejercen una profesión liberal, y que seguramente comulgan con distintas corrientes ideológicas, pero como profesionales honestos les cuesta ganarse la vida, sufren los maltratos y vicisitudes del sistema judicial de Nicaragua, pero no se dejan imponer o implantar normas preconcebidas en un escritorio, o modelos programáticos que no necesariamente son buenos o apegados a nuestras leyes y disposiciones legales y procedimentales, a nuestra Constitución Política, y, por qué no, a nuestra manera cultural de ser, en otras palabras, a nuestra idiosincrasia. De nuevo se ve con claridad el flagelo que vive constantemente nuestro Poder Judicial, que se mantiene a expensas de las migajas que otros países u organismos dan, y que cuando hay personas pensantes que no opinan como sus “administradores de justicia”, ellos brincan y patean como niño malcriado. Bien diría la frase popular: “Macho que respinga, chimadura tiene.”

No sé si el doctor Rodríguez salió tan excitado a la defensa del nuevo sistema --el cual es impuesto por extranjeros--, a título personal o como presidente del Tribunal de Apelaciones, razón por la cual debió recordar el cargo que ostenta y moderar más su gesticulación, acentuación de palabras y vocabulario; pero, sobre todo, respetar a los demás, al gremio de abogados, de jueces y de secretarios, quienes al final de cuentas, casi todos son iguales que él: licenciados o doctores en Derecho, y ya he visto magistrados suspendidos o no reelectos litigando como todos, teniendo que batallar con todas estas imposiciones o sistemas burocráticos.

Este nuevo modelo de implantación de la justicia de Managua es un “sistema de encarcelación de jueces y secretarios, y de retardación de justicia”, como él mismo reconoce al expresar que nada tiene que hablar un secretario o un juez con las partes. Eso se llama audiencia, debidamente contemplada en nuestro cuerpo de leyes, el cual se quiere desconocer arbitraria y dictatorialmente.

Cabe preguntar si el Recurso de Amparo interpuesto por estos profesionales del Derecho, librepensadores y sin privilegios exclusivos, como otros que litigan vía telefónica o por medio de contactos especiales, se tramitará con la debida celeridad que se da a otros de carácter político o que afecten a un grupo poderoso. Así mismo, bueno es preguntarse si se le dará lugar a dicho recurso, la respuesta es obvia.

Como conocedor del sistema y de las verdaderas causas del porqué de la retardación de justicia en general, que hasta antes de la imposición de este sistema puedo decir que muchas de ellas se pudieron solucionar a un menor costo económico, pero con excelente acogida por parte de todos los sectores involucrados, sin pasar sobre los procedimientos legales de Nicaragua, tal como fue la adecuación de un buen equipo tecnológico moderno para los jueces y secretarios, que antes trabajaban con computadoras e impresoras desfasadas del avance de la tecnología moderna, y en muchos de los casos, había muy pocos de éstos para un recinto judicial.

Cuando éstos fallaban o el Poder Judicial por su situación económica no podía suplir los consumibles de estas computadoras, en su defecto se usaba la maquina de escribir, que con mucha eficiencia y destreza saben utilizar nuestros queridos secretarios, que son señalados por los “administradores” como negociantes de los expedientes, cuando en verdad los grandes negocios judiciales --es sabido por todos y denunciado por la prensa en general-- se transan en otros sitios de Managua y a otro nivel.

Así mismo, al imponer este sistema se contrató a un excesivo número de personas no necesariamente conocedoras de Derecho, ¿por qué, entonces, no se regresó al viejo sistema de contratación de pasantes de Derecho, o por qué no ampliar el número de secretarios judiciales y hasta de jueces?, porque con la carga judicial que maneja un juez, es humanamente imposible resolver tantos casos con celeridad y justicia.

Hoy ya cumplió un mes de haberse inaugurado este fallido sistema de retardación de justicia, pero desde entonces he oído, de parte de los funcionarios que están detrás de los mostradores, atendiendo al público, que faltan miles de expedientes que ingresar o que actualizar, que regrese la siguiente semana… y en la siguiente semana… todo sigue igual.

Señores magistrados: respeten para ser respetados, no se hagan los ciegos, no vaya a ser que mañana estén en la otra banca, teniendo que recibir ofensas de parte de personas que ostentan los cargos que hoy ustedes tienen. Asimismo, les ruego que revisen los grandes defectos de este sistema, y que no se crean dueños de la verdad, porque hoy dijo el Presidente del Tribunal Apelaciones, al hablar en nombre de la Justicia, “que todos debemos ser tratados igual o con igual derecho”.

Pregunto: ¿Será capaz el Poder Judicial de sostener un sistema judicial no adecuado a nuestras realidades económicas y energéticas, y de darle siempre al usuario respuesta con excelencia? No creo.

*El autor es Abogado y Notario Público