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El miércoles reciente se dio a conocer a través de algunos medios de comunicación, el asesinato atroz de una joven de 19 años, originaria de Nueva Guinea, quien fue asesinada, colgada de un árbol, su cuerpo completamente desnudo, atada de manos, y se presume hubo violación previo al asesinato.

Esa información nos indica que cada día los hombres continúan asesinando con más saña a las mujeres, ante una impunidad casi total de estos casos en Nicaragua. En lo que va del año, de catorce mujeres muertas a mano de su ex pareja, marido o novio, apenas el 2 % de los asesinos está en la cárcel o apenas se le sigue un proceso de investigación. Una barbarie sin límites ante hechos tan evidentes.

Si bien es cierto hoy día, las mujeres hemos avanzado en la denuncia contra los agresores o maltratadores en las distintas formas de violencia, también es cierto que no se está haciendo justicia, y las instituciones que conforman la ruta para salir de la violencia no están cumpliendo con los objetivos para lo que fueran creadas. Si no recordemos el caso de la señora de Villa El Carmen, que interpuso denuncia ante la Comisaría de la Mujer en su municipio, le dijo a los policías que la resguardaran porque su marido la había amenazado con asesinarla por la noche…y efectivamente el marido regresó a cumplir la amenaza. Afortunadamente, la mujer está viva con muchas secuelas físicas y psicológicas, y la Policía en ese momento no le hizo caso y sucedieron los hechos lamentables. El individuo que cometió este hecho aún no ha sido capturado.

Pudiera nombrar cientos de casos de violencia y feminicidios que pueden evitarse, si la Policía a través de las Comisarías, los médicos forenses, los jueces, el Ministerio Público y demás involucrados en estos procesos, cumplieran efectivamente con su rol; si las leyes se cumplieran al menos como están determinadas, aunque no favorecen en su totalidad a las víctimas de violencia, de alguna manera serían la herramienta que tenemos para que se haga justicia; hechos prevenibles si las denuncias no se vieran como un “caso más”.

Si las diligencias se realizaran con beligerancia y realmente se le brindara la atención que el tema y la denuncia de la víctima requieren, si se aplicara lo que determina la ley contra asesinos y violadores en el tiempo y forma pertinente, posiblemente tendríamos menos mujeres asesinadas y por ende, el respeto universal al derecho humano que tenemos, a vivir libres de violencia.

No podemos seguir volteando la mirada y hacer como que no pasa nada. El incremento de la violencia intrafamiliar, asesinatos de mujeres, pornografía infantil, los abusos sexuales y violaciones, la explotación sexual y muchos otros males, que suceden contra mujeres, niñas y niños, es una cruel y grave realidad.

No podemos seguir callando y ser cómplices de estos delitos, ya que tenemos un gobierno sordo y ciego ante esta realidad y no ha mostrado ni el mínimo interés por crear políticas que disminuyan la violencia intrafamiliar; seamos nosotros y nosotras mismas, ciudadanos/as de este país, quienes elevemos nuestras voces y acciones ante esta epidemia que está acabando con las mujeres nicaragüenses.

Exijamos que se haga justicia ante los asesinatos de mujeres (feminicidio), pero exijamos que se haga ya. No podemos seguir perpetuando tanta impunidad. Juntémonos en los barrios, colegios, universidades, centros de trabajo, en fin, donde quiera que estemos y hagamos algo.

Exijamos y defendamos nuestro derecho a vivir en una sociedad sin violencia de ningún tipo, en el caso que me motivó este artículo, sin violencia hacia las mujeres. Exijamos en una sola voz ni una muerta más, asesinos y violadores a la cárcel.

Ante el cruel asesinato de la joven de 19 años ocurrido en Nueva Guinea, y quien deja a una niña de dos años en la orfandad, y ante las decenas de mujeres asesinadas y que aún no se les ha hecho justicia, movilicémonos para exigir se capture a lo inmediato a los asesinos. No podemos conformarnos con una simple respuesta “se está investigando”. Exijamos que se promulguen leyes específicas que sancionen rigurosamente a los agresores de mujeres, violadores y abusadores sexuales.

Las organizaciones feministas que durante años han luchado por el derecho humano a una vida libre de violencia, no deben desmayar en su quehacer y deben elevar sus acciones de acompañamiento y apoyo a las víctimas de violencia.

Usted amiga/amigo lector tiene una hermana, una hija, una sobrina, una tía, y a todos/as nos parió una mujer. Hagamos algo para detener la violencia hacia las mujeres y detengamos la impunidad que protege a los agresores, violadores y asesinos de mujeres. Si callamos, somos cómplices de ello.

*Periodista y conductora
Programa Radial “Hagamos Algo”

sinviolenciahagamos@hotmail.com