Ángel Saldomando
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Ganó la derecha en Chile. Piñera con 54.6% contra Guillier abanderado del progresismo. En los días posteriores a una elección la cacofonía es total. El que gana, si nada es cuestionado, tiene la legalidad y el relato del triunfador.  Dos efectos inmediatos se producen: euforia exitista y  cuentas alegres. Pero si bien las elecciones son un momento de la opinión que selecciona a quienes se harán cargo de la administración del país, hay que preguntarse con qué está conectado ese movimiento de opinión, qué representa y en qué está anclado.  

Las reglas del juego y las cuentas 

Queda claro que las reglas del juego tienen un doble estándar en Chile, los votos se cuentan con confiabilidad y a las 20 horas se sabe el resultado en calma. Eso tiene un valor propio comparado con América Latina. Pero fuera de esto las reglas del juego distan de ser tan virtuosas. En la elección parlamentaria, se pasó del binominal, que impuso el bipartidismo obligado, a la “dosis de proporcional” con la que salen electos diputados con pocos votos arrastrados por los votos del cabeza de lista, lo que deja afuera a quienes tienen más votos individuales pero no hacen parte de la lista. Magia. Por su lado, la “tradición republicana democrática” que se exhibe está sólidamente enmarcada en la constitución hecha en dictadura, que para todos efectos prácticos mantiene el modelo neoliberal. 

Pero tanto tiempo de estabilidad dura, con mercantilización total, fue vaciando la política y las instituciones. La sociedad terminó por ver que ello se funda en una colusión entre una clase política cooptada y grupos económicos dominantes y que su opinión no cuenta. Progresivamente la sociedad se refugió en una mayoría silenciosa, obsesionada en sobrevivir individualmente. 

Sistemáticamente las elecciones están acompañadas de más de 50% de abstención. En esta última fue de 51%. La otra mitad se repartió entre las dos opciones, la vencedora ganó con 3.7 millones de votos sobre 14.3 millones de electores potenciales, es decir el 25%. Las cuentas dejan de ser alegres. ¿Puede un cuarto de país hablar en nombre de una mayoría? Magia. La derecha ganó sí, en el vacío político dejado por un progresismo sin proyecto, en  que su sector conservador prefería a Piñera antes que a su propio candidato y probablemente le haya dado algunos votos. A la derecha le bastó con agrupar a sus núcleos duros, desde el pinochetismo a los liberales y sumar a algunos tránsfugas del otro lado. 

Mayoría silenciosa

Las elites han naturalizado el mal, con tal de conservar la legalidad y la estabilidad, se cubre de una representatividad que no tienen y el fondo sigue haciendo agua. Culpan al mecanismo, se pasó del voto obligatorio al voluntario. ¿Por qué el buey libre debería seguir tirando de la carreta? Los partidos políticos convertidos en aparatos de gestión de intereses económicos empresariales, clientelismo y corrupción se han desconectado de la sociedad. Pero esto influencia la manera de hace política. Los grupos de interés, económico y político, están sólidamente anclados en los engranajes del sistema, la sociedad solo puede expresar su humor con arranques de malestar sin aportar nada al pluralismo y a la representación diversa.  De allí que, cuando se colma el vaso, hay arranques de protesta espontáneos, a veces con cierta intensidad. 

Pese a todo, en los últimos años el malestar se ha instalado en varias cuestiones centrales, el modelo económico está agotado, el sistema jubilatorio cuestionado, los servicios públicos, en realidad privatizados, desbordados, el deterioro ambiental en expansión, la puja salarial es creciente, etc. Las razones del malestar y su contenido hacen parte del debate, este es inocultable. 

Agenda y realidad

Las elecciones arrojan en este sentido una imagen pobre. La presidenta saliente se va deslavada en medio de la confusión política, la desarticulación de su coalición, con promesas de reformas vaciadas de contenido y en suspenso temporal. La derecha vuelve nuevamente a la presidencia con un empresario de reputación controvertida. Bachelet sucedió a Piñera y este la sucede a ella. Chile no aparece como campeón de la renovación política. Entre ambos ¿Qué cambió? Esto sugiere que poco importa quién ganó. La aprobación de la ley de aborto en tres causales no alcanza a cubrir el conjunto.

Alguna intuición hay, sin embargo, de que el desfase es grande entre la política y la sociedad. Bachelet llegó a su segundo mandato haciéndose eco de las reivindicaciones sociales aunque con la misma poca votación. La derecha pre Bachelet se pretendió “popular” y ahora “social” con casi la misma cantidad de votos. Todos tienen un techo que les aprieta la cabeza, signo que no pueden ampliar su base y que la grieta se mantiene. En el camino algunos se han descabezado. La única expresión disruptiva es que el congreso ha incorporado un grupo salido de los movimientos de opinión relacionados con el malestar. El Frente Amplio. Pero nadie sabe qué saldrá de allí.  

Si la agenda política no se acerca a la realidad del país, las costuras del traje, ya bastante estrecho, seguirán saltando aunque sea silenciosa y lentamente. La realidad es, que de modo fragmentado y con más o menos intensidad, las reivindicaciones y el malestar seguirán estando presentes. Puede que lleguen como un eco lejano hasta los pasillos del poder o que de algún modo golpeen la puerta.