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El fenómeno de la violencia en nuestro país tiene que analizarse dentro del contexto de su desarrollo histórico-político. La inestabilidad política ha conllevado al enfrentamiento entre bandos opuestos desembocando en guerras civiles fratricidas que han engendrado odios, resentimientos, menosprecio y exclusión de unos y otros. Las fuerzas políticas no han hecho el esfuerzo suficiente, uno porque no está dentro de sus planes estratégicos y otros porque no han tenido las condiciones necesarias, para frenar el deterioro de la descomposición social, y, por ende, la violencia a todos los niveles: intrafamiliar, juvenil machista, etc.

La existencia de la dictadura militar somosista, producto de la intervención norte americana, fue la pionera en el fomento a la violencia: Represión, sangre, dolor, pobreza, explotación, exclusión, enriquecimiento ilícito, componendas políticas, entre otros, constituyeron la conducta de este engendro político-militar.

La violencia se profundiza debido al combate frontal y a muerte, que libró el FSLN en contra del somocismo. La bestia herida mortalmente, destruyó Nicaragua con sus bombardeos. Se fue dejando ríos de sangre, caminos de cadáveres, dolor, llantos y una nación postrada y arruinada económicamente.

El FSLN con el respaldo de la sociedad se dio a la tarea de la reconstrucción, los tres primeros años fueron de esperanza. La alegría, la música, la danza, el bullicio y la energía de la juventud con su jovialidad, guitarras, cantos, poesía, teatro, fue el panorama de la Cruzada Nacional de Alfabetización; los cortes de café, el levantamiento de la producción, y tantas tareas de la epopeya revolucionaria. Durante estos años, se trabajó por la reinserción de los internos del Sistema Penitenciario Nacional en la sociedad.

El fenómeno de las pandillas, delincuencia juvenil no existió. El sueño se desmoronó producto de la agresión mercenaria e inmoral financiera por el imperialismo norteamericano.

Los estragos ocasionados por la guerra mercenaria, cuyos resultados eran impredecibles contribuyeron al fenómeno de la descomposición social.

Los patrocinadores de la guerra mercenaria no acudieron al rescate del país con la gran cantidad de millones que prometieron, y que por medio de su candidata a la presidencia, vendieron esa ilusión al combativo, bravo y sacrificado pueblo nicaragüense. La Casa Blanca no implementó un Plan Marshall como en Europa. La sociedad, enferma por los estragos de la guerra, no tuvo la oportunidad que requería producto de la magnitud del conflicto.

La marioneta de turno, junto con su yerno, lo que hicieron, por órdenes de Washington, fue la implementación de las recetas de FMI, conocidas como ESAF (Siglas en Inglés) o Programa de Reajuste Estructural, cuyo objetivo fue el desmantelamiento del Estado Revolucionario expresado en el APP, en la salud y la educación; el desmantelamiento de la Reforma Agraria; el desempleo, la marginación, la exclusión, el menosprecio, entre otros. Puso en práctica su filosofía de Gobierno de Salvación Nacional: “Sálvese quien Pueda”.

Ahí comenzó, la profundización de la descomposición social. Apareció el narcotráfico, el crimen organizado, el fenómeno de las pandillas. Se profundizó la pobreza y la sociedad enfermó aún más. Ahí comenzó la represión de las energías juveniles, la violencia intrafamiliar, la frustración, pérdida de las esperanzas.

Los siguientes gobiernos de turno continuaron con su labor de desintegración de la sociedad. Si hubo tanto desarrollo económico en estos 16 años: ¿Por qué aumentó la pobreza, la exclusión y la marginación, raíces de la violencia?.

El FSLN, tiene nuevamente la oportunidad de trabajar, de disponer de todas las energías para combatir el flagelo de la violencia.

Trabajar para desterrar gradualmente la violencia intrafamiliar es una tarea titánica y estratégica que debe encararse con energía. La primera tarea debe ser el combate frontal contra el alcoholismo y la drogadicción. Eso implica la intervención decidida de la Policía Nacional, el Ministerio de Salud, las Alcaldías, y la sociedad en general. La Policía no debe permitir la venta o expendio de licores en pulperías ¿Acaso éstas tienen patentes para expender todo tipo de licor a cualquier hora del día sobre todo a menores de edad?. La Policía penetra a los centros públicos donde se vende licor; pero: ¿Realiza una investigación en dichos centros, respecto de la presencia de menores de edad exigiendo los documentos que correspondan y sancionando al infractor?.

Tanto la Alcaldía como la Policía, deben abstenerse de continuar extendiendo más permisos o patentes para el funcionamiento de cantinas, bares y discotecas; así como la inspección y prohibición en las pulperías, independientemente de la merma de los ingresos que dejaría de percibir el Estado.

Respecto del Ministerio de Salud, es necesario el cambio de mentalidad, conducta y comportamiento, tanto de los burócratas que dirigen dicha institución como de los médicos en general, respecto de la importancia del tratamiento sobre el alcoholismo y la drogadicción dentro del contexto de la nueva filosofía de la medicina comunitaria, ya que constituye un problema de salud pública, salud mental y de sensibilidad social.

De esta forma, se deben sentar las bases de un plan estratégico que frene este flagelo que cada día que pasa hunde más en el pantano a nuestra sociedad.

*Periodista, docente UPF graduado en Ciencias Sociales en la ex – RDA.