Claudia Suaznábar y Pauline Henriquez*
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La economía digital ha cambiado la manera en la que interactuamos como sociedad, la forma cómo el Gobierno se relaciona con sus ciudadanos y cómo las empresas hacen negocios. Hoy podemos monitorear nuestra salud a través de dispositivos móviles, hacemos compras en línea y pagamos con criptomonedas, trabajamos como freelance para empleadores que nunca vimos, damos órdenes a un aparato desde nuestro sofá y hasta votamos a través de Internet. Prácticamente cada semana escuchamos de una startup disruptiva que está por traerse abajo algún sector tradicional desde el comercio minorista hasta el financiero, pasando por el logístico o el de energía.

Los ciudadanos estamos siendo más rápidos en adaptarnos a esta nueva ola digital que los gobiernos o las empresas de América Latina y el Caribe (ALC). ¿Por qué las empresas de la región no están aprovechando las nuevas oportunidades digitales? ¿Qué tiene que pasar para que nuestras empresas entren a la economía de bits y dejen atrás los átomos?

Un primer tema tiene que ver con las condiciones básicas de conectividad de la región. A pesar de notables avances en términos del número de usuarios de Internet en ALC, datos recientes de la ITU muestran aún importantes brechas de despliegue de banda ancha con respecto a otras regiones: mientras en ALC la banda ancha móvil llega a un 50% de la población y la banda ancha fija a 10%, en los países de la OECD alcanza al 72% y 28% respectivamente. Además de las limitaciones de infraestructura, los latinoamericanos tenemos que pagar 3 veces más de lo que pagan los ciudadanos de países OECD por servicios de una calidad notablemente inferior. Según el informe de la Cepal “Estado de la banda ancha en América Latina y el Caribe 2016”, ningún país de la región cuenta con una velocidad promedio superior a 7.3 Mbps, y solo Chile y Uruguay (con banda ancha fija) y Paraguay y Perú (con banda ancha móvil) cuentan con velocidades pico superior a 38 Mbps, que es la velocidad mínima necesaria para aplicaciones de manufactura avanzada o tecnologías de salud y educación.

Otros desafíos para la transformación digital del sector productivo tienen que ver con la velocidad del cambio tecnológico y la escasez de capacidades tecnológicas y gerenciales de las empresas en ALC. Los empresarios no conocen las bondades o aplicaciones de las nuevas tecnologías disponibles, dudan de su compatibilidad con sus sistemas actuales, desconocen quiénes son los mejores proveedores en el mercado y ven más riesgos que ventajas en el proceso de adopción. Asimismo, la brecha de talento digital en la región es cada vez más grande. Cisco estima que para 2019 habrá una brecha de medio millón de profesionales tecnológicos en ALC y que para 2025 esta brecha habrá ascendido a 1.25 millones solo para programadores de software. Llegado a este punto nos encontramos en un círculo vicioso. Las empresas no están utilizando las nuevas tecnologías por problemas de información, talento y porque carecen de conectividad y velocidad suficientes. Pero las operadoras de telecomunicaciones por su lado, no van a invertir en ampliar la conectividad si no ven que hay perspectivas de tráfico en el futuro. Para lograr salir de este bucle y superar estos desafíos, el Estado, como parte de sus estrategias digitales, debe implementar acciones coordinadas con el sector privado para lograr masificar la adopción y uso de las nuevas tecnologías. Algunos países ya han empezado a caminar con éxito por este camino.

Las importantes reducciones de costos y ganancias de productividad derivadas de la aplicación de las nuevas tecnologías, así como el surgimiento de nuevos productos y servicios con notable impacto social, están haciendo que los gobiernos de la región estén desplegando cada vez más esfuerzos por promover la transformación digital del sector productivo. Ejemplos de esto son los programas estratégicos de la Corfo en Chile donde se están impulsando la transformación digital del sector salud, la minería o la construcción, o programas como el Vive Digital de Colombia, el cual, entre otros temas, está impulsando el desarrollo de adopción de TIC en varios sectores y en el segmento de Mipymes.

Este texto fue publicado en los blogs del BID. Sus autoras son especialistas de la División de Competitividad e Innovación del BID.