Michael Ortega
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El voluntariado es colaboración. El voluntariado es amor. La colaboración y el amor son valores que han sido la base para que yo me haya dedicado desde los 7 años a practicar y fomentar el voluntariado. 

Todo inició en mi hogar, con el recibimiento de la visita de una amiga de mi mamá, doña Josefa García, que en ese entonces tenía 65 años. Era conocida como doña Chombita, se dedicaba a la agricultura fuera de la ciudad de Bluefields. Debido a su edad, tenía dificultad de mover y transportar los diferentes sacos productos de su cosecha, los cuales vendía en la ciudad y eran su medio de subsistencia. 

Al observar su esfuerzo, decidí hablar con mi mamá y contarle las dificultades que pasaba su amiga. Le pedí permiso para ayudar a aquella señora que no tenía apoyo para su labor, su compañero de vida había fallecido y debía llevar su carga sola. 

Al ver mi mamá que yo tenía ganas de ayudar, decidió darme permiso, y así pude ir con doña Josefa a ayudarle a cargar la cosecha cada vez que tenía tiempo. A ella le gustaba recompensarme con productos, pero yo me sentía apenado, porque para mí no era necesario, lo único que yo quería era ayudar sin recompensa alguna.

Años después me di cuenta que doña Josefa García había muerto por causa de un resbalón en la acera de la calle y producto de ello cayó al cauce y falleció. Haberla conocido me motivó a unirme como voluntario a la Cruz Roja Nicaragüense filial Bluefields.

La muerte de doña Josefa me dejó muy triste e impactado, es por esa razón que decidí ayudar a las personas que necesitan un cuidado prehospitalario. ¡Qué mejor forma de ayudar que con la Cruz Roja Nicaragüense! Con las personas que colaboran en esa organización he aprendido mucho en el ámbito de servir y ayudar a toda persona que lo necesite.

En el año 2012, en el inicio de mi primer año en la secundaria, inicié estudiando con un grupo de 10 jóvenes sordos de ambos sexos. Durante el transcurso del año me fui interesando en saber cómo se comunican las personas con esa discapacidad. 

En el segundo año de secundaria fui relacionándome un poco con ellos e iba aprendiendo su lenguaje de señas, les preguntaba cómo se realizaba la seña de algunas palabras que les escribía en el cuaderno. Pasaron 7 meses y yo ya estaba poniendo un poco en práctica lo que había aprendido de este grupo de jóvenes. Al llegar a fin de año escolar, ya dominaba un cierto conocimiento del lenguaje de señas, empecé a percatarme de que mientras estaba hablando con otras personas, iba realizando las mismas señas que había aprendido durante las conversaciones con el grupo de jóvenes sordos. 

En el 2013 fue el año de mayor potencial para mí, ya que uno de los compañeros sordos de clases me prestó un diccionario de lenguaje de señas, solo me bastaron 8 horas para poder entender y practicar todo ese vocabulario, que era algo nuevo para mí.

En el mismo año 2018, empecé a interpretar una clase completa por primera vez en mi vida, ya que ese día el intérprete no llegó al colegio. En los años 2014-2015 continué interpretando con lenguaje de señas cada vez que tenía la oportunidad. El equipo de docentes me motivaba y me felicitaba por ese logro alcanzado. Todo eso lo hice por amor. Lo hice por amor al conocimiento y las ganas de aprender. Lo hice para seguir desarrollándome como persona, no por dinero, ni fama, sino por el simple hecho de ayudar a mis compañeros sordos cada vez que necesitaban mi ayuda.

Con esa experiencia conocí a Cheysi Smith, Shayra Morales, Janelly Castillo, Iris Omier, Juan Pérez, Sergio Avilés, Jesner Rosales y Gabriel Martínez. Todos ellos, compañeros de clases, personas con discapacidad auditiva, pero con unas ganas enormes de salir adelante y formar sus propios futuros, gracias a ellos y ellas soy quien soy. Gracias a estos jóvenes me incorporé a distintas promotorías, organizaciones sociales y distintos movimientos que trabajan el tema de voluntariado.

Insto a todas aquellas personas que se unan al cambio, porque juntos podemos lograr lo inalcanzable, juntos podemos ser voluntarios y ayudar la sociedad, por un bien común, por una amistad y prosperidad. 

Solidaridad el símbolo de dar sin esperar. 

*El autor es miembro del Consejo Consultivo de Jóvenes para la Educación Técnica de USAID; tiene 18 años y ha sido voluntario desde los 7 años.