Augusto Zamora R.*
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Poca atención se presta al hecho pero, en estos trópicos, producto de la colonización cultural, las fiestas navideñas son, cada vez más, un clon bufo de las gringas.

Un Santa Claus finlandés –donde la temperatura en diciembre es de 20º bajo cero- va desterrando paulatinamente a nuestro ancestral, genuino, Niño Dios que, como es propio de nuestro clima, aparece cubierto de pañales.

El árbol navideño de origen centroeuropeo sustituye a los nacimientos y en tiendas y carreteras se ofrecen renos, cuadrúpedo propio de Laponia y Siberia.

Es comprensible que se sigan tradiciones de Oriente Próximo, región semidesértica donde nació el cristianismo, pues en algún sitio deben nacer las religiones.

Si  Cristo hubiera sido nahual, en vez de pan hubiera repartido tortillas y en lugar de vino tendríamos chicha, pero eso es otra historia, aunque no está mal imaginarlo.

Si en vez de europeos hubieran llegado chinos, seríamos budistas y confucianos y no saldríamos con cruces, sino con dragones multicolores siguiendo el calendario chino.

Pero tener como referencia navideña un Santa vestido de esquimal, cuadrúpedos habitantes de bosques de abedul y trineos voladores en el cielo boreal es de risotada.

Si en EE. UU. y centro y norte de Europa los motivos navideños recogen nieve, ropas acolchadas y renos, es porque reflejan su clima decembrino: nieve, frío y poca luz.

Siguiendo su estela, nuestros motivos navideños deberían estar llenos de sol, verdor y un Niño Dios en pañales. Feliz Navidad con chilincocos.

az.sinveniracuento@gmail.com

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