Carlos Andrés Pastrán Morales
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Feliz Navidad y feliz Año Nuevo. Un ciclo termina para empezar otro momento u otro sentimiento. Un cambio radical en nuestras vidas y tomaremos nuevas decisiones que harán mejorar nuestra salud mental. Seremos mejores y viviremos más tranquilos prometiéndonos metas y sueños.

Preparan un pollo, un jamón o un pavo con la familia. Bebidas, risas y niños alegres. Fuegos artificiales, pólvora. Árboles de Navidad. Luces por toda la casa. Nacimientos, pesebres en miniatura y muchos regalos.

Estos son muchos ejemplos de cómo algunas personas toman estas festividades para proponerse cambios en sus vidas y para los cristianos recordar por qué se celebra la Navidad, que no debe ser una fiesta común y corriente, sino la llegada del Niño Jesús. Pero para muchas otras personas es totalmente diferente.

Muchas otras personas allá afuera con costo y ajustan para los frijoles del almuerzo y de la cena. La comida y la leche del niño. La ropita de la novia o de la esposa. Y reunidos solo se proponen una vida mejor el próximo año.

Muchos otros pasan solos, en cenas solitarias hechas sin ganas. Con casas oscuras sin árboles ni luces, acompañados del silencio. Viendo televisión en una fiesta tan importante para estar en familia se resume a tener un sentimiento de indiferencia.

Muchos otros no tienen familia, ni hogar, ni regalos, ni cena y el mero 24 y el 31 están pidiendo monedas apenas para poder comer o para lo que sea que consuman para sobrevivir.

Otros lloran a sus seres queridos que fallecieron y hoy solo se extrañan sus momentos felices e importantes que serán recordados por siempre mientras las luces estallan en el cielo.

Aunque seamos jóvenes, lo que pasa es que no nos damos cuenta que el tiempo y la vida son una línea recta que siempre va hacia adelante. No es un ciclo repetitivo. 

Es algo que sigue y no se detiene. Esto quiere decir que no es necesario que sea Navidad o las fiestas de Año Nuevo para que alguna persona tome iniciativa de tratar de cambiar algo que está mal en su vida, ni buscar a esa persona especial, ni dar un obsequio, ni abrazar a alguien, ni proponer sueños y metas, ni llorar por alguien fallecido.

El cambio siempre está ahora mismo y hay que hacerlo para así poder pensar mejor sobre lo que tenemos y que no vamos a tener nunca más, y que pronto vamos a extrañar. Para poder estar con personas especiales todos los días, no solo los festivos. Así para poder amar y demostrar amor a todas las personas que son nuestra familia y amigos.

A medida que el tiempo pasa, ciertas personas y ciertas tradiciones van quedando en los recuerdos. Y solo eso serán: recuerdos. Porque ahora solo existen casas vacías y oscuras llenas de mentiras, soledad y dolor. La gente crece y el pensamiento cambia. Pero esto es triste. No estar alegre en estas fiestas.

La gente debe cambiar un pensamiento egoísta, ser más y dar más a las personas que lo necesitan, compartir. Tratar de ser feliz y hacer feliz. Hacer el bien y apoyar a quien necesita ayuda. No engañar y tratar de ser quien no eres. Y siempre aspirar a más y no estancarse en sentimientos y pensamientos de “el próximo año lo hago” o “el próximo año todo será mejor”, porque no es así. Si no existe el cambio hoy mismo ¿entonces cuándo? 

Espero que todas las personas tengan unas excelentes fiestas y disfruten en familia y que aspiren a ser mejores personas cada día y que podamos compartir un poco de alegría con quienes no tienen. Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo.